Ante las múltiples imágenes de los incendios que están arrasando por toda España y Europa, muchos españoles lloran pensando en las víctimas, en la naturaleza que no volverá a su curso natural hasta dentro de muchos años y en todo un ecosistema que se destroza lentamente.
Unos factores que, si bien no deben ser olvidados ni menospreciados, no son los únicos a tener en cuenta al presenciar tal desgracia.
Conviene también, en este sentido, pararse a pensar en aquellos que juegan su vida para apaciguar las llamas y frenar las consecuencias de un cambio climático más que latente.
Y es que apagar un incendio no solo exige técnica, coordinación y resistencia física. También implica enfrentarse a escenas de enorme dureza emocional. César Alcaraz, oficial bombero del Consorcio Provincial de Bomberos de Alicante, lo resume así: “Ante situaciones muy duras como incendios, es fundamental apoyarnos como una familia”.
En su trabajo, los bomberos se topan con emergencias complejas, incendios de gran magnitud, accidentes y rescates en los que la presión es constante. Pero más allá del operativo, hay una parte menos visible y quizá más decisiva como es la capacidad de sostenerse unos a otros cuando la situación desborda.
El peso emocional
Alcaraz reconoce que este tipo de intervenciones suponen un reto importante a nivel psicológico. No se trata solo de entrar en un incendio y extinguirlo, sino de convivir con escenas extremas, con el cansancio acumulado y con la tensión de decisiones que se toman en segundos.
“Sí que nos enfrentamos a situaciones muy duras a nivel psicológico”, admite. En ese contexto, la fortaleza del equipo se convierte en una herramienta más de trabajo. “Somos una profesión en la que trabajamos en equipo y somos casi una segunda familia”, se sincera.
Apoyarse unos en otros
Un concepto de familia que el propio oficial recalca en varias ocasiones durante una charla con EL ESPAÑOL. En turnos de 24 horas, en intervenciones largas y en escenarios complejos, el vínculo entre compañeros se vuelve esencial.
Cuando uno está más afectado, relata, siempre hay alguien cerca para sostenerle. “Siempre hay un compañero que intenta estar al lado de esa persona”, señala. Esa red humana, dice, es fundamental para seguir adelante en un trabajo que exige tanto en lo físico como en lo emocional.
Atención psicológica
El Consorcio Provincial de Bomberos de Alicante cuenta con servicio de prevención y con atención médica y psicológica si hace falta, un recurso que Alcaraz considera importante. Aun así, reconoce que el cuidado emocional en este tipo de profesiones todavía debe seguir desarrollándose.
Porque la experiencia de un incendio no termina cuando se apaga la última llama. Queda el recuerdo de la presión, de la tensión del operativo y, en ocasiones, de escenas especialmente duras. Por eso, el apoyo mutuo dentro del parque y la ayuda profesional cuando es necesaria forman parte de la respuesta.
Un oficio que se lleva dentro
Detrás del uniforme, insiste Alcaraz, hay personas que también sienten el impacto de lo que viven. Y en ese punto, la clave está en no enfrentarlo en soledad. La fuerza del grupo, la confianza entre compañeros y la capacidad de pedir ayuda son, en su opinión, parte de la esencia del oficio.
En un verano marcado por incendios y emergencias, la reflexión del oficial recuerda que apagar el fuego es solo una parte del trabajo. La otra, más silenciosa, es aprender a sostenerse emocionalmente para poder seguir haciéndolo.
