La solidaridad se mide en toneladas, pero también en presencia. La Asociación de Mujeres por la Alianza Sociocultural Venezuela-España (AMASVE) acaba de enviar su primer cargamento humanitario tras el terremoto que ha sacudido varias regiones de Venezuela.
Más de dos toneladas de ayuda, concretamente 2.174 kilos de insumos esenciales, ya están en camino hacia un país donde, según relatan sobre el terreno, la emergencia trasciende lo material para tornarse profundamente humana.
Al frente de la recepción se encuentra Miriam Álvarez Flores, presidenta de la asociación, que ha viajado hasta Venezuela para supervisar personalmente la distribución y atiende a EL ESPAÑOL desde su país. “Queremos asegurarnos de que todo llegue donde tiene que llegar”, explica.
Su presencia responde a una preocupación compartida por muchas organizaciones como es la dificultad de canalizar la ayuda en contextos donde la logística falla y los recursos no siempre alcanzan a quienes más lo necesitan.
El envío, gestionado desde Alicante tras semanas de recogida y coordinación, incluye productos de primera necesidad pensados para un uso inmediato como material de primeros auxilios, artículos de higiene, leche infantil o guantes.
“Hemos priorizado lo que se puede utilizar al momento”, señala Álvarez, quien reconoce que el envío de medicamentos sigue siendo especialmente complejo por las restricciones y normativas.
Sobre el terreno, la realidad es desigual. Mientras algunas zonas reciben grandes cantidades de ayuda, otras permanecen prácticamente aisladas. “Hay abundancia, pero no está bien canalizada”, afirma.
Los pueblos más pequeños y rurales, especialmente aquellos que viven de la agricultura, han quedado devastados y, en muchos casos, incomunicados. Sin electricidad, sin conexión y sin recursos básicos, la asistencia externa se vuelve especialmente difícil.
Impacto emocional
Más allá de lo material, Álvarez pone el foco en el acompañamiento emocional. “Hay mucha desesperación, mucha tristeza. La gente lo ha perdido todo, incluso a sus familiares”, relata. En este contexto, la ayuda psicológica a distancia resulta prácticamente inviable. “¿Cómo haces una consulta online si no hay luz ni internet?”, se pregunta.
La solución, insiste, pasa por la presencia física y el apoyo directo en las comunidades afectadas. "Aquí la gente necesita apoyo y mucho amor", asegura.
El envío, que ha partido desde Alicante rumbo a Madrid antes de cruzar el Atlántico, ha sido posible gracias al trabajo coordinado de voluntarios y colaboradores. “Somos una asociación pequeña, pero en momentos así nos hacemos grandes”, asegura Álvarez. Una afirmación que resume el espíritu de una iniciativa que, más allá de cifras, busca algo esencial: que la ayuda llegue, de verdad, a quienes la necesitan.
En un escenario marcado por el caos y la urgencia, AMASVE apuesta por una intervención cercana, supervisada y humana. Porque, como recuerda su presidenta, “esto no va solo de enviar cajas, sino de estar presentes donde más falta hace”.
