Alicante
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El campo no siempre se hereda. Y en el caso de Marta Gutiérrez, eligió estar cerca de la tierra después de quince años en el turismo y de un parón obligado. “El cuerpo dijo basta, no podía más y me estaba dejando la salud”, resume. A partir de ahí, la dirección cambió por completo.

Junto a su marido, Juan, gestiona unas 17 hectáreas de cultivo. La explotación no es uniforme, pues es el resultado de años de trabajo sobre tierras de distinto origen, algunas heredadas, otras compradas, alquiladas y, en muchos casos, recuperadas tras periodos de abandono. “Árbol a árbol y con mucha paciencia”, insiste.

Ese proceso también ha sido una forma de construir proyecto. Bajo el nombre de Limoneta, han ido dando forma a una iniciativa que combina producción y relato, con la idea de acercar el campo al consumidor y hacerlo más comprensible.

Un proyecto que Marta lleva con mucha pasión y dedicación, también en las redes sociales.

Pocas mujeres y muchos prejuicios

Porque, como explica Marta, entender el limón implica empezar por su calendario y saber que hay variedades que solo crecen en etapas del año concretas.

Pero si hay un elemento que ha marcado su recorrido no ha sido solo técnico. También social. Su entrada en el campo estuvo acompañada de una cierta extrañeza. “¿Te vas a subir al tractor?”, recuerda que le preguntaban.

En su entorno, la presencia femenina al frente de explotaciones agrícolas sigue siendo residual. En la junta directiva de ASAJA Alicante, donde participa, apenas coincide con otras dos mujeres. En su zona, directamente, no identifica a ninguna en su misma posición.

“Los hombres al campo y las mujeres a la nave, a la sombra”, resume sobre una división que todavía se reproduce y se sigue viendo cada día.

El reconocimiento como mujer del año por ASAJA llegó en ese contexto. Más que un punto de llegada, lo interpreta como un gesto simbólico para poner rostro a una realidad poco visible.

Mientras tanto, el trabajo continúa con la lógica del campo que implica anticiparse cuando se puede a los imprevistos del sector y adaptarse cuando no, como ocurre ahora con el exceso de agua. “Ya es hora de empezar a recoger los frutos de lo que hemos sembrado”, dice.

Una frase que, en su caso, no habla solo de cosechas sino de una filosofía de vida más profunda.