El rugido del león

Un separatista infiltrado en el Gobierno

La decisión de Fernández Díaz de condecorar al presidente del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña es de una torpeza ciclópea que hace un daño enorme al Estado. Tal y como hoy informamos, con motivo de la concesión de medallas que todos los años organiza Interior para celebrar la festividad de los Ángeles Custodios, el ministro no ha tenido mejor idea que reconocer a Jesús Barrientos. Este juez, junto con sus compañeros de Sala, acaba de confirmar que hay motivos jurídicos para que el ex presidente de la Generalitat sea juzgado por celebrar la consulta soberanista que suspendió el Constitucional.

La tradición de premiar desde el Gobierno -a veces incluso con retribución económica- a personas que tienen que investigar delitos cometidos por el poder, resulta escandalosa y debería acabar de una vez, pues deja en entredicho el principio de independencia de la Justicia. Ya hemos asistido antes a impudicias como la de ver a Rubalcaba, cuando era ministro, homenajear al juez Gómez Bermúdez, que con sus decisiones le echó una mano al Gobierno socialista en casos clave como el del 11-M o el Faisán. 

Daño a la Justicia

Pero volviendo a Fernández Díaz, ahora ya sabemos cuál es el patriotismo y el sentido de Estado de los que tanto presume. Si al ministro le preocupara de verdad que Cataluña rompa con España, nunca habría teñido de politización el proceso judicial por el 9-N. Al hacerlo, da argumentos a los imputados para que recusen al presidente del TSJ catalán.

La condecoración del juez coincide además con la cuestión de confianza a Puigdemont en el Parlament, un asunto que los independentistas pretenden utilizar para redoblar su desafío. Ni que decir tiene que el gesto del ministro alimentará su victimismo. Y llueve sobre mojado con Fernández Díaz, que ya nos regaló las conversaciones de sus vergonzosos manejos con el ex jefe de la Oficina Antifraude de Cataluña.

Cualquiera diría que Fernández Díaz es un agente del independentismo infiltrado en el Gobierno. Tanta estulticia es difícilmente contrarrestable. Lo único que cabe esperar ahora es que Barrientos rechace esa condecoración trampa. Sólo así podrá, acaso, restañarse la mancha que el ministro acaba de causarle a la Justicia.