Joseph Ratzinger

Un amor juvenil o el 'lobby' gay: las últimas confesiones de Benedicto XVI

El viernes se publica un libro en el que Ratzinger repasa su vida, aunque no es ahí donde reconoce que el amor le hizo dudar si convertirse en sacerdote.

Benedicto XVI en la Ciudad del Vaticano.

Benedicto XVI en la Ciudad del Vaticano. Reuters

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La denodada lucha contra un supuesto lobby gay en el Vaticano, los motivos de su histórica renuncia, sus debilidades, las reformas de Francisco o su reflexión sobre la muerte son algunas de las cavilaciones de Benedicto XVI que se podrán encontrar en el libro Últimas conversaciones, que ha escrito el periodista alemán Peter Seewald y que se podrá encontrar en las librerías a partir de este viernes.

Aunque las confesiones más morbosas no se encuentran entre las 240 páginas de este libro, elaborado a través de entrevistas con el papa emérito, sino en unas declaraciones con las que su autor ha buscado, a buen seguro, incrementar el número de ventas. En una entrevista con el semanario alemán Die Zeit, Seewald aseguró que Joseph Ratzinger tuvo un “gran amor” de juventud, que le causó dudas en su elección del sacerdocio.

El romance no aparece en el libro porque “ya se habían superado el número de páginas acordadas con el editor”. Pero el autor se encargó de dar buena cuenta de él, al afirmar que durante sus estudios el joven Ratzinger “tenía mucho éxito entre las mujeres y viceversa”.

Era la Alemania posterior a la Segunda Guerra Mundial y, por primera vez, hombres y mujeres compartían pupitre. “Él era realmente elegante, un joven apuesto que escribía poemas y leía a Hermann Hesse”, declaró el periodista. Por lo que según su testimonio, la joven con la que mantuvo una relación sentimental –no aclara si platónica o carnal- “le causó mucho tormento”.

No es Benedicto XVI el primer Papa del que se desvela una aventura amorosa previa a su ordenación. Ya se conocieron casos similares con Juan Pablo II o Pío XII. Aunque, en cualquier caso, el libro no versa sobre amoríos, sino que se presenta como una especie de memorias íntimas desde el Ratzinger adolescente hasta la más reciente figura del papa emérito.

Como ya se había anticipado, Benedicto reconoce que existía “un grupo de tres, cuatro o cinco cardenales” homosexuales que trataron de boicotear su pontificado. Sostiene que se encargó de eliminarlo, aunque no pone la mano en el fuego ante la posibilidad de que existieran otros supuestos lobbies de este tipo o una eventual reproducción del mismo, según se desprende de un extracto anticipado por Il Corriere della Sera, que lo distribuirá también este viernes en Italia.

Aunque, como no podía ser de otra forma, el aspecto al que se dedica mayor espacio es a la renuncia al pontificado. El exprefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe reconoce que su “punto débil” es la “poca resolución a la hora de gobernar y tomar decisiones”. Y señala como sus momentos más difíciles “los escándalos de pedofilia, el caso Williamson [un obispo británico que había negado el Holocausto judío y al que Benedicto XVI levantó su excomunión sin ser consciente de su postura revisionista] o las filtraciones del Vatileaks”.

Unas dificultades por las que, sin embargo, el Papa emérito no considera “haber fracasado”. “No se trató de una retirada bajo presión o de una fuga por incapacidad. Ninguno trató de expulsarme y tampoco lo hubiera permitido”, asegura. Su decisión fue, según expresa, meditada y tomada bajo un estado de ánimo sereno.

El anterior pontífice no oculta su sensación de “sorpresa” cuando conoció la elección de Jorge Mario Bergoglio. “Ninguno se esperaba su nombre y al escucharlo por primera vez me sentí inseguro”, revela. Aunque añade que al ver cómo el pontífice argentino hablaba “por un lado ante Dios y por otro ante los hombres” aclaró todas sus dudas.

Francisco representa, según el testimonio de Benedicto, su antítesis. “Es un hombre de reformas”, opina. Y pese a las teorías que hablan de un doble pontificado en la sombra, el alemán considera que Bergoglio es un ejemplo de que la “Iglesia está viva” y el mejor embajador de la “nueva forma de presentarse” ante los fieles.

Ante los rumores de su delicado estado de salud, Ratzinger confiesa que mira ya de cerca a la muerte. “En el sentido de aceptar el carácter finito de la vida e iniciar el camino para encontrarse en presencia de Dios”, concluye. A sus 89 años, afirma que ese paso está cerca, aunque será un momento tranquilo y para el que se siente preparado.