Reino Unido

7 años de cárcel para la 'banda de los abuelos'

Con una media de edad por encima de los 60 años, cometieron el mayor robo jamás perpetrado en la historia de Inglaterra.

Esta banda de  jubilados y desempleados robó joyas y oro por valor de 18,14 millones de euros.

Esta banda de jubilados y desempleados robó joyas y oro por valor de 18,14 millones de euros.

  1. Reino Unido
  2. Tribunales
  3. Robos
  4. Joyas
  5. Sentencias judiciales
  6. Delitos
  7. Tercera edad

Cinco de los miembros de la 'banda de los pensionistas', como se conoce en Reino Unido a los autores del robo de 14 millones de libras (unos 18 millones de euros) en joyas del depósito de seguridad de Hatton Garden, han sido condenados a un total de 34 años de cárcel. Kenny Collins, de 74 años, Daniel Jones, de 61, y Terry Perkins, de 67, considerados como los cabecillas del grupo junto con Brian Reader (77, ausente durante la vista por problemas de salud) han sido condenados a siete años de prisión cada uno por los delitos de conspiración para robar y por esconder el material robado. Bill Lincoln, de 60 años, y Carl Wood, de 59, fueron condenados a siete y seis años respectivamente por asistir a los conspiradores del “mayor robo de la historia legal inglesa”. No obstante, podrán obtener la libertad provisional al cumplir la mitad de la condena.

Todos ellos tenían un extenso historial delictivo que se remonta a los años 50 en algunos casos, y todos excepto Carl Wood, han admitido sus delitos. El juez aplazó la sentencia a Brian Reader, señalado como el cerebro del grupo y el más veterano, debido a los graves problemas de salud que padece. Un séptimo acusado, Hugh Doyle, un fontanero de 49 años, fue condenado a 21 meses de prisión, aunque la pena fue permutada por libertad provisional, por asistir a la banda. Doyle es el único sin antecedente de robo.

Hatton Garden Safe Deposit, lugar del atraco de la "banda de los jubilados"

Hatton Garden Safe Deposit, lugar del atraco de la "banda de los jubilados" Getty Images

El asalto se produjo en abril del año pasado, aprovechando el fin de semana largo de Pascua. Los criminales entraron por la puerta trasera un viernes a partir de las ocho de las noche después de que todas las joyerías de Hatton Garden guardaran las joyas en la caja de alta seguridad. Vestidos de trabajadores de una compañía de gas, descendieron por el hueco del ascensor y luego pasaron horas perforando la ancha pared de hormigón con un taladro industrial. Tuvieron que regresar la noche para terminar el trabajo. Saquearon 73 cajas del depósito con oro, diamantes, relojes, dinero en efectivo. La alarma saltó pero la policía no le dio importancia y no acudió a revisar si todo estaba bien. La policía no se dio cuenta hasta 48 horas después de que el depósito había sido vaciado. Ya era martes a las 7 de la mañana. Scotland Yard está llevando a cabo su propia investigación interna para analizar su actuación.

La banda cayó el 19 de mayo en una operación policial en la que participaron 200 agentes. La policía contó con las imágenes de las cámaras de seguridad del depósito y con horas de grabación para llegar a ellos. En una de estas grabaciones uno de ellos decía “está será mi pensión”, y otro afirmó “al menos si nos cogen, habremos dados nuestro último golpe". La investigación policíal no está cerrada. Quedan dos misterios por resolver. El primero es encontrar a otro de los ideólogos del golpe conocido como Basil y por el que la policía ofrece una recompensa de 25.000 euros. El otro misterio es hallar el botín puesto que apenas se ha recuperado una tercera parte de lo robado.

Al menos si nos cogen, habremos dados nuestro último golpe

El juez, que se refirió a los delincuentes como “villanos de la vieja escuela”. Todos eran ladrones veteranos, rebasaban los 60 años (excepto el fontanero) y estaban jubilados o en el paro. Quisieron dar un último golpe antes de iniciar una jubilación dorada. Preparon el golpe durante tres años, reuniéndose en un pub del norte de Londres. Según el fiscal, los autores llevaron a cabo un plan “meticuloso y sofisticado” y fueron definidos como “criminales analógicos operando en un mundo digital”.

Brian Reader, de 77 años, apodado ‘El maestro’ o ‘el director’, tenía antecedentes criminales que se remontaban a los años 50. En 1986 fue condenado a 9 años de prisión por su participación en el robo de 34 millones de euros en lingotes de oro de un depósito de seguridad del aeropuerto de Heathrow. Se retiró después de la primera noche del robo por existir un riesgo demasiado alto y regresó a casa en bus pagando con la tarjeta de pensionista. No ha comparecido en la vista después de sufrir un derrame cerebral en la cárcel. Padece también cáncer de próstata y tiene problemas de vista y oído.

Terry Perkins, de 67, fue condenado en 1985 a 22 años de cárcel por el atraco del depósito del Security Express en Shoreditch, en Londres, el mayor robo en dinero en efectivo de la historia en Reino Unido. En 1995, cuando le quedaban apenas unas semanas para salir en libertad, rompió un permiso y no regresó. Estuvo 16 años fugado, escondido en el piso de su madre. Sin embargo, durante este tiempo desempeñó distintos trabajos y estuvo localizado por la policía hasta que en el año 2011 le obligaron a cumplir las cuatro semanas de condena que le quedaban.

John ‘Kenny’ Collins’, de 75 años, era el encargado de conducir la furgoneta y de la vigilancia, aunque sus compañeros le acusan de quedarse dormido. Collins es diabético, padece artritis, reuma, presión alta y pérdida de memoria. Durante el juicio explicó que el motivo por el cual se involucró fue la muerte de su hijo, a quien había estado cuidando los últimos años. Su historial delictivo empezó en 1951, a los diez años de edad, cuando le pescaron robando. Collins había cumplido un total de 20 condenas, incluyendo un robo de 400.000 euros a mano armada en 1989 por el que pasó 9 años entre rejas. Desde entonces que se había retirado del mundo del crimen, hasta la muerte de su hijo.

Daniel Jones, de 61 años, fue quien se deslizó por el agujero en el hormigón y entró a la cámara acorazada. Cuando fue detenido confesó a la policía que había escondido su parte del botín en el cementerio de Enfield, al norte de Londres, bajo la lápida de un familiar. Allá estaban enterradas sus joyas, aunque la policía tras revisar el cementerio encontró más joyas en otras lápidas.