NUEVO MAPA TERRITORIAL

Los franceses ya no esconden su simpatía por la extrema derecha

Francia vota en la primera vuelta de unas elecciones regionales que para los tres principales partidos tienen ya un eco presidencial.

Un ciudadano francés pasea ante los carteles electorales.

Un ciudadano francés pasea ante los carteles electorales. Reuters

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Las de este domingo son las primeras elecciones regionales que Francia celebra desde que se aprobó la nueva organización territorial de la República. En agosto de 2014, el gobierno de Hollande diseñaba un nuevo mapa territorial que fusionaba sus 22 regiones en 13, con el objetivo de agilizar la gestión pública y hacerla menos costosa. Pretendía así ahorrar entre 12.000 y 25.000 millones de euros a lo largo de los próximos años.

Esta modificación ha tenido un claro impacto en los programas de los principales candidatos a los comicios franceses, en tanto en cuanto la ley confiere a los nuevos ejecutivos regionales significativos poderes en materia de economía.

Los gobiernos regionales serán, por ejemplo, los responsables de la organización de los transportes colectivos, y también los encargados de decidir la asignación de ayudas directas a las empresas.

SARKOZY BUSCA SU SITIO

La imagen de Nicolas Sarkozy no parece degradarse por las múltiples citas pendientes con la justicia francesa. Desde el 'caso L'Oréal' hasta el 'Air Cocaine' pasando por las sospechas de financiación ilegal de su campaña presidencial en 2012 con fondos de Gadafi, por citar los más mediáticos, estos factores no tienen especial relevancia a ojos del electorado de cara a la carrera por el Elíseo en 2017; por lo tanto, los comicios regionales no se ven influenciados de ningún modo por la imagen del presidente del Los Republicanos.

Para Oliver Rouquan, investigador en el Centro de Estudios de Ciencias Políticas en París interrogado por este periódico, “los militantes hacen caso omiso a este tipo de informaciones, puesto que por norma general, en Francia, dan por sentada la parcialidad de la justicia”.

Nicolas Sarkozy.

Nicolas Sarkozy. Reuters

Si bien es cierto que ver su nombre ligado a mediáticos casos de corrupción no parece influir en las urnas, no hay que olvidar que, con los atentados de París como telón de fondo, la pugna se ha pronunciado entre sus dos opositores apartándole de su plaza intocable en el debate público.

Por una parte, la popularidad de François Hollande (y no de su partido), como una personalización del poder ante una crisis social sin precedentes. Las últimas encuestas sobre la confianza en el ejecutivo muestran un aumento de 20 puntos en la popularidad del presidente de Francia. Por otro lado, el discurso proteccionista de Le Pen que podría conquistar en las elecciones regionales a un porcentaje de franceses dispuestos, en un primer momento, a votar a Nicolas Sarkozy.

La inmediatez de la respuesta de Hollande fue difícilmente criticable por Los Republicanos y el Frente Nacional, que vieron en el estado de emergencia y el ataque a Raqqa (Siria), la aplicación por parte de la izquierda de algunas de sus propias propuestas. Tanto es así, que Nicolas Sarkozy tan sólo pudo criticar que las medidas puestas en marcha por el ejecutivo “hubiesen tardado demasiado en llegar”, sin cuestionar las mismas. En los mítines que siguieron a los atentados, el expresidente aplaudía las medidas tomadas por Hollande, como también lo hizo Marine Le Pen, felicitándose de que sus propuestas, tan castigadas por la clase política, hayan sido finalmente aplicadas por el Partido Socialista.

Para Alexandre, trabajador autónomo de 32 años, este acercamiento ideológico diagnostica un problema en la clase política. Interrogado por EL ESPAÑOL a propósito de las elecciones regionales, este ciudadano francés lo tiene claro: “Cuando Marine Le Pen aplaude las medidas de Hollande, da que pensar...”. Como muchos otros franceses, Alexandre no irá a votar este domingo.

El desafío de Nicolas Sarkozy, y por extensión, del partido que preside cara a las regionales, será recuperar un protagonismo que la disputa mediática entre Le Pen y Hollande le ha ido sustrayendo. Desde que la presidenta de la formación de extrema derecha protagonizase aquel duro discurso contra François Hollande en el Parlamento Europeo, la polarización en el espacio mediático entre las dos formaciones no ha hecho sino ganar terreno, reduciendo de forma indirecta el espacio para el discurso de Nicolas Sarkozy, quien para recuperar su puesto como principal opositor de Hollande ha endurecido su discurso político en sus últimos mítines.

Cartel electoral del Frente Nacional de Marine Le Pen.

Cartel electoral del Frente Nacional de Marine Le Pen. Reuters

Los pasos a la derecha de Hollande han obligado a desplazar el debate político de sus opositores en esta dirección. En Rouen, el pasado 30 de noviembre, el jefe de Los Republicanos glorificaba los valores cristianos de Francia, “con sus riquezas en lo relativo a catedrales e iglesias”, repitiendo en varias ocasiones la importancia de defender “la identidad nacional” y “las raíces” del país, términos a los que el Frente Nacional tiene acostumbrados a sus electores.

Sarkozy cargaba en este discurso contra el multiculturalismo, acercándose al ala dura del Frente Nacional, personificada hoy en la sobrina de Marine Le Pen. A sus 25 años Marion Maréchal Le Pen se perfila como favorita para presidir la región Provence-Alpes-Côte d'Azur. Días después, también alababa ese mismo pasado cristiano de Francia evocado por Sarkozy, declarando que los musulmanes deben cumplir ciertos requisitos para ser considerados franceses. Todas las formalidades citadas estaban ligadas a la aceptación y el orgullo de los valores católicos del país.

¿Y las propuestas regionales?

Gaspard Estrada, analista político e investigador en campañas electorales de Europa y América Latina, diagnostica una pronta carrera al Elíseo dentro de los comicios regionales. “En sus intervenciones, el Frente Nacional habla de fronteras, de identidad, de Islam, y no de formación superior o de los criterios para obtener ayudas financieras a las empresas de estas ciudades, que son dos de las misiones que tendrán los presidentes de las regiones”.

Stephane, profesor de secundiaria en un instituto al norte de París, coincide con la radiografía que Gaspard Estrada ha realizado. Asegura que ya ha votado, aunque no comprende el tono que han tomado estos comicios. “Dicen que anularon la campaña electoral por respeto a las víctimas de los atentados, pero yo sólo veo propuestas presidenciales. ¿Cómo van a distribuir las ayudas a las empresas? ¿A quién tengo que votar para que las becas de formación aumenten?”, pregunta indignado. “Nadie dice nada de esto. Al final la campaña ha girado en torno a los atentados. Y es el Frente Nacional el que va a sacar partido de algo tan terrible”.

Cabe recordar que en la historia de los comicios franceses se repite siempre una máxima: el partido que se hace las elecciones presidenciales pierde fuerza de manera automática en las intermediarias, esto es, las regionales, departamentales o europeas. “El partido socialista llevaba sin gobernar desde la reelección de François Mitterrand en 1988. Sin embargo, en los años en los que ha gobernado la derecha, los socialistas controlaban la mayoría de las regiones. En las elecciones de 2010 se hizo con 20 de las entonces 22 regiones”, explica Estrada. Hoy son favoritos en dos de los 13 territorios. “Esto es una tendencia de voto en Francia, y es uno de los puntos positivos que Sarkozy tiene a su favor en estas regionales”, concluye.

LA SOMBRA DEL 13 DE NOVIEMBRE

Los sondeos realizados una semana después de los atentados invitan a vigilar de cerca dos factores que podrían verse perturbados como efecto post 13 de noviembre. Por una parte, la abstención. Por otra, la intención de voto a la extrema derecha.

Tras los atentados de París, la campaña electoral fue anulada, lo cual restó visibilidad a una elección ya de por sí impopular entre los franceses. Cabe recordar que estos comicios no se caracterizan por ser los que más electores movilizan en las urnas: cerca de 54% de los franceses se abstuvieron en las últimas elecciones regionales, celebradas en 2010.

¿Por qué? “Históricamente, Francia es el país de Europa con más fragmentación. Se cuentan 36.000 alcaldías en todo el hexágono”, explica Estrada. “Pero al mismo tiempo, es un país extremadamente centralizador, arraigado a la presidencia por encima de los intereses de la región, y aunque desde los años 80 se han ido sucediendo procesos de descentralización, los franceses siguen viendo estas elecciones como algo abstracto y no tienen muy claro para qué sirven”.

A esta máxima hay que añadir el factor novedoso de la nueva organización territorial. En este sentido, estamos ante unas elecciones sin precedente, pues los franceses votarán por vez primera en territorios en los que antes no tenían voz.

¿Es el Frente Nacional el gran beneficiario de esta elección? Los resultados de este primer comicio deberán ser leídos con prudencia, ya que el voto contra la formación de extrema derecha ha movilizado a lo largo de la historia a los abstencionistas franceses en la segunda vuelta. Sin embargo, todo parece indicar que no existirá un frente republicano formado por los principales partidos políticos para unir sus fuerzas el próximo 13 de diciembre y vencer al partido de Le Pen en las regiones en las que se perfile como ganador. Durante esta semana, Los Republicanos han afirmado que este tipo de pactos van contra natura y traicionan la confianza de sus votantes.

EL FRENTE NACIONAL, A PRUEBA

Marine Le Pen es además la candidata a la presidencia de la región Nord-Pas-de-Calais (hoy unida a Picardie), territorio con 12,5% de tasa de paro, la más elevada de todo el hexágono. Se trata además de un bastión socialista desde hace más de 40 años. La gran victoria de la extrema derecha sería sin duda hacerse con este símbolo de la izquierda francesa que según las encuestas llegaría, no en segunda, sino en tercera posición con tan solo 20% de las voces, detrás de Los Republicanos (24%) y del Frente Nacional, que lidera los sondeos con cerca de 40% de votos.

Si bien es cierto que las numerosas encuestas realizadas en las últimas semanas no pueden ser tomadas al pie de la letra, no hay que pasar por alto un importante diagnóstico en la intención de voto: los simpatizantes del Frente Nacional ya no se esconden. “Ha habido una especie de liberación”, apunta Estrada. “La actitud hoy ante este partido está polarizada: o genera un profundo rechazo, o una gran adhesión. Pero no hay que confundir simpatizantes con militantes. En este sentido, el Partido Socialista y Los Republicanos tienen una estructura electoral que no se expresa en las encuestas pero existe, a través de alcaldías y departamentos”.

Paul tiene 44 años y no tiene trabajo desde octubre de 2014. Para él, ya no hay tabúes a la hora de elegir a sus políticos. “Sí, me he planteado votar al Frente Nacional aunque no sé si lo haré en las regionales. Si dentro de unos meses sigo en paro, votaré contra Hollande en las presidenciales. No sé a quién. Tampoco sé qué partido representa hoy mis necesidades. ¿Dónde está el empleo en el debate público? Seguridad, fronteras, Islam...Hace 14 meses que no tengo trabajo”.

Por su parte, Marie duda sobre la cultura política de sus conciudadanos. Tiene 56 años y es secretaria en un negocio familiar. “Llevo varios días pensando por qué François Hollande ha ganado en popularidad. La gestión después de los atentados ha sido catastrófica, como su mandato en general. Por primera vez voy a votar a la derecha”, confiesa. Para ella, el Frente Nacional tampoco es una opción a desechar. “Todavía no sé a qué derecha”, apunta.

François Hollande.

François Hollande. Reuters

En caso de hacerse con el poder en regiones como la liderada por Marine Le Pen o la de Provence-Alpes-Côte d'Azur, el Frente Nacional estaría frente a un reto histórico, abandonando el papel contestatario para adquirir con la presidencia de una región verdaderas misiones de gestión administrativa, con fuertes prerrogativas y recursos para llevar a cabo políticas públicas. Hasta el momento, esta formación no se ha visto enfrentada a un reto de estas características. Se trata, además, de los últimos comicios antes de las elecciones presidenciales de 2017, por lo que sería para la formación de extrema derecha la ocasión de llevar al terreno algunas de sus propuestas en materia de formación y creación de empleo.