SOCIEDAD

España no es país para ser madre: por qué la natalidad se desploma

Con la crisis, los nacimientos han caído un 20%. La falta de inversión del Estado en Familia y la no conciliación, las claves.

Varios bebés en una sala de maternidad hospitalaria.

Varios bebés en una sala de maternidad hospitalaria. EFE

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La crisis demográfica en España se agrava con cada nueva estadística que conocemos. La última, la publicada este jueves por el Instituto Nacional de Estadística, que arroja datos muy preocupantes: por primera vez desde 1941 el número de muertes en el país supera las cifras de los nacimientos. Ningún indicador básico es positivo: bajan los alumbramientos, suben los fallecimientos y desciende la esperanza de vida.

Lo más alarmante que se desprende de los indicadores es la caída libre de los nacimientos durante el periodo de crisis económica. En 2008, cuando la burbuja estaba a punto de estallar nacieron en España 519.779 niños, el máximo en 30 años. Pues bien, siete años después, esa cifra se ha reducido un 20%: en 2015 nacieron 419.109 niños.

Es más, las mujeres españolas en edad de ser madre (entre 15 y 49 según el INE) cada vez son menos y cuando lo hacen es cada vez más tarde. Si en 1976 la edad media de la maternidad era de 28,5 años, aumentó hasta los 30,8 para situarse en el pasado año en los 31,9 años. Pero, ¿por qué cada vez hay menos mujeres en edad de dar a luz en nuestro país?

Según el INE, se debe a tres razones fundamentales. La primera, porque ese rango de edades (15-49) está formado por generaciones menos numerosas nacidas durante la crisis de natalidad de los 80 y primera mitad de los 90. En segundo lugar, por el menor flujo de inmigración exterior. Y por último, por el mayor número de emigraciones al exterior de los últimos años.

Es decir, al crack de natalidad que se vivió se suma que son muchas las jóvenes que se han ido al extranjero y pocas las inmigrantes que llegan. ¿Y por qué no es España país para ser madre?

tic-tac, tic-tac

En el estudio ‘La infecundidad en España: tic-tac, tic-tac, tic-tac’ del Centro de Estudios Demográficos se apuntan unas claves interesantes. “No hay que olvidar las condiciones materiales”, advierten. La “frustración” de los proyectos reproductivos de las españolas, incluso la asunción de la infecundidad como opción, “no puede entenderse sin la falta de apoyo real a la conciliación de la vida familiar y laboral”.

Tampoco sin un “decidido” apoyo a la promoción de jóvenes y mujeres y con “una política en general basada en la extensión de la desregularización y la inseguridad”. El desempleo, el trabajo precario, el acceso a la vivienda, la consolidación laboral, las largas jornadas, los bajos salarios y las escasas políticas públicas “no ayudan a la reproducción”.

“Si a todo esto añadimos que la mayor parte del coste de la reproducción racae sobre las mujeres, la infecundidad está servida”, reza el estudio de Albert Esteve, Daniel Devolder y Andreu Domingo.

En las generaciones actuales, cada vez más longevas, el tiempo que se destina a la reproducción se estrecha a la vez que compite directamente con el tiempo que las mujeres dedican a afianzar sus carreras profesionales: “La reproducción tiene unos costes de oportunidad, de tiempo y de recursos que la convierten en una decisión que requiere una cierta seguridad de presente y de futuro para poder asumirlos”. Y esta balanza, a tenor de los datos del INE, parece que se está inclinando hacia la inseguridad. De presente y de futuro.

"Un acto de fe"

“Ser padres es como un acto de fe. Te tiras en paracaídas”, explica Adrián Cordellat, autor del blog ‘Un papá en prácticas’. Cuenta a EL ESPAÑOL, cómo su mujer, periodista, tuvo que apuntarse a un ERE en la empresa en la que trabajaba tras la baja por maternidad: “Era imposible que pudiese conciliar. Había que hacer malabares”.

“España no invita a ser padres porque no ayuda, no se ha sabido amoldar a los nuevos tiempos. Mi madre tenía una red de apoyo muy grande formada por familias y vecinos que te podían ayudar con la maternidad, ahora cada vez son más los jóvenes que se trasladan a otras ciudades y allí están solos”. explica. Es el caso de esta pareja.

Cordellat analiza cuáles son, en su opinión, las razones de los datos que arrojó ayer el INE. En primer lugar, “las insuficientes bajas de maternidad y paternidad”. Hace referencia al puesto que ocupa España en este aspecto en la Unión Europea, el penúltimo. “Las 16 semanas que disfrutan las mujeres quedan muy lejos, por ejemplo de las más de 77 que disfrutan en Suecia o de las 52 de Reino Unido".

También se refiere a la “nula inversión y ayuda estatal a las familias”. Datos en mano, asegura que España “no sólo está lejos de las grandes potencias europeas, sino que además está años luz de la media europea”. Mientras que el Gobierno destina un 1,4% del PIB en familia  (Dinamarca, 4,1%, Luxemburgo 3,6% o Irlanda 3,4%), la media está fijada en el 2,2%.

Por último, y no menos importante, “la imposibilidad de conciliar familia y trabajo”. “Hay distintas variables que ponen en relieve que España aún tiene mucho por hacer en este aspecto”. Llega un momento, dice, en el que las mujeres al no poder conciliar, tienen que decidir si familia o trabajo: “Se sienten penalizadas o rechazadas en procesos de selección de empleo por su deseo de ser madres”.