TRIBUNA

Adiós a Toni Asunción, un político valiente

Margarita Robles
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Conocí a Toni Asunción en 1993, cuando, junto con Juan Alberto Belloch, llegamos un equipo de jueces jóvenes y sin ninguna experiencia política al Ministerio de Justicia. Él, por el contrario, llevaba ya varios años en el desempeño de funciones públicas.

Había sido alcalde de su pueblo, Manises, Presidente de la Diputación de Valencia y Director general de Instituciones Penitenciarias con Enrique Mugica. Belloch le ofreció continuar como Secretario de Estado de Instituciones Penitenciarias y él aceptó el cargo pese a las reticencias de trabajar con unos jueces que públicamente y en múltiples ocasiones habíamos mostrado nuestra discrepancia con su política penitenciaria.

Ése fue el inicio de una relación profesional y personal que me llevó a aprender y respetar su trabajo, al que prestaba una dedicación plena sin un minuto de descanso.

Sorpresivamente, cuando José Luis Corcuera dimite al haber anulado el Tribunal Constitucional alguno de los preceptos de su Ley de Seguridad Ciudadana, Toni Asuncion es nombrado Ministro de Interior. Larguísimas fueron nuestras conversaciones en aquellos tiempos. Ambos coincidíamos en cuestiones tan obvias como la necesidad de la permanente regeneración de la vida política y la defensa a ultranza de los principio básicos del Estado de Derecho, que en todo caso debía presidir la lucha antiterrorista y más en unos tiempos en los que ETA golpeaba tan duramente, causando tantas muertes y tanto dolor.

¡Cuántas veces repetimos que en la lucha contra el terrorismo no cabían atajos y que la defensa de los valores constitucionales era la única forma eficaz de combatir el terrorismo!

Para Toni Asunción ser Ministro de Interior y poder acabar con el terrorismo era el sueño y la ilusión de su vida. Por eso dio una gran lección, que le ganó el respeto de la ciudadanía, cuando aceptó su responsabilidad política y presentó su dimisión por la fuga de Luis Roldán a los cuatro meses de haber sido nombrado. Qué gran ejemplo que tantos políticos deberían imitar.

Antonio Asunción asumió su responsabilidad. Antepuso la honestidad y la decencia política a sus deseos personales. Muchas veces me decía, y en aquellos días muchas más, que los políticos tienen que servir a los ciudadanos, que no pueden aferrarse e los cargos y que no pueden ser un tapón para los cambios que el país necesita. Por eso dimitió, con dolor, pero con la cabeza alta. Y por eso se ganó, por supuesto, mi respeto y el de los ciudadanos.

Ojalá su compromiso en aquellos días con los valores democráticos y sobre todo con España, sea un ejemplo para muchos y sobre todo para quienes siendo servidores públicos olvidan que no pueden anteponer sus intereses a los del país.

Coincidíamos muchas veces, y él me lo repetía aquellos días tras su dimisión, que en la vida política no todo vale ni se puede ser insensible a lo que mayoritariamente quiere y necesita España. 

Gracias por tu ejemplo.

Descansa en paz.

*Margarita Robles es jueza de la Sala Tercera del Tribunal Supremo desde 2004.