TENIS

El ABC de la tierra batida, según Rafael Nadal

El manacorí, que se exprimió para llegar a cuartos en Montecarlo, explica cómo realizar la difícil transición de cemento a arcilla.

Rafa Nadal sobre la tierra de Montecarlo.

Rafa Nadal sobre la tierra de Montecarlo. REUTERS

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La tranquilidad de la Costa Azul quedó rota por el inconfundible grito de la victoria de Rafael Nadal. En un partido que le exigió subir una marcha más, el mallorquín venció 7-5 y 6-3 a Dominic Thiem para llegar a cuartos de final del Masters 1000 de Montecarlo, donde este viernes se cruzará con el suizo Wawrinka (6-1 y 6-2 a Gilles Simon). El campeón de 14 grandes, que había perdido su último encuentro ante el austríaco (hace unos meses en las semifinales de Buenos Aires, también sobre tierra batida), se mostró decidido y firme, como demostró una estadística sorprendente: Nadal anuló 15 de las 17 bolas de rotura a las que hizo frente durante el cruce.

“Mentalmente he estado brillante”, celebró el número cinco después de la victoria, una de las mejores de la temporada. “He salvado muchísimas pelotas de break y jugándolas bien prácticamente todas, no ha sido porque mi rival las haya tirado fuera”, prosiguió. “Es una gran noticia haber mantenido el temple en los momentos importantes, tomando las decisiones adecuadas en esos puntos bajo presión”, reiteró el español. “A nivel de juego, he hecho mi esquema clásico de pista de tierra. Quizás, podría haber mejorado un poco más el golpe ganador con mi derecha, pero eso es algo que llega con las victorias”.

Ese “esquema clásico de pista de tierra” del que habla Nadal está basado en un cambio importante: en algo más de 10 días, los jugadores deben pasar de competir sobre pista dura a hacerlo en arcilla, modificando por completo el patrón de juego y olvidando lo que hacían para ejecutar cosas totalmente nuevas. Es algo conocido como el ABC de la tierra batida, que el mejor jugador de la historia en la superficie desgrana en Montecarlo.

LOS MOVIMIENTOS Y EL ARTE DE RESBALAR

“La movilidad cambia”, explica Nadal sobre la forma de desplazarse en arcilla, opuesta a la de hacerlo en superficies duras. “Es diferente la manera de moverse en tierra batida porque la forma en la que planteas los puntos es distinta también”, añade, apuntando directamente hacia los intercambios. “En pista rápida sabes que no puedes defender, que no puedes irte muy atrás. En tierra tienes la opción de irte atrás. Puedes defender y contraatacar. En rápida, eso es más complicado”, prosigue el español, que domina como pocos el arte de resbalar, uno de los gestos vitales en albero. El movimiento, que parece sencillo, se le atraganta a la mayoría de los jugadores cuando dejan atrás la pista rápida.

“Se nos atraganta a todos”, revela Nadal. “Resbalar es parte de la confianza. Cuando resbalas es porque vas suelto y no piensas en nada, solo piensas en cómo llegar mejor a la pelota. Resbalar está directamente relacionado con la soltura que uno tiene a la hora de jugar”, desarrolla el español. “A veces, en rápida también se resbala. Menos, pero se hace. Djokovic resbala, Monfils resbala, yo lo hago de vez en cuando… Pero es significativo de que uno está con confianza, que va con todo a por la pelota. Es muy buena señal cuando consigues resbalar bien”.

ENTRA EN JUEGO LA CABEZA

Los peloteos sufren una mutación radical. Sin en cemento lo habitual es ver intercambios rápidos (de tres o cuatro golpes), en tierra los jugadores deben acostumbrarse a construir el punto con paciencia, elaborando la jugada a fuego lento. La velocidad de la superficie (la más lenta del circuito) permite que la defensa se impongan muchas veces al ataque. Eso también obliga a los competidores a prepararse mentalmente para ver cómo lo que en otro suelo sería un golpe ganador incontestable, imposible de devolver, cruza la red varias veces cuando la pista es de tierra. En octavos de final, por ejemplo, Nadal y Thiem disputaron 90 puntos que se estiraron por encima de los cuatro tiros.

“En pista rápida habrían sido bastantes menos”, asegura el número cinco sobre la cifra. “La táctica interviene mucho más en el juego. En cemento, algunas veces todo se reduce a golpear, a tirar. El pim, pam, pum: sacar bien y pegarle fuerte a la pelota”, reconoce, señalando con esas palabras hacia el camino que ha tomado el tenis moderno. “En cemento es más complicado poder aplicar la táctica porque la bola cada vez va más rápida”, continúa. “Si el rival quiere jugarse la pelota, puedes ponérselo difícil, pero los puntos no van a durar mucho. En tierra es bastante más complicado que eso suceda”.

EL SAQUE PIERDE PROTAGONISMO

“Es evidente que el saque en rápida puede ser mucho más decisivo”, apunta el mallorquín, que como muchos otros sabe que la tierra es un paraíso para los restadores por las bondades de la superficie. “En cemento, si restas delante y lo haces bien es más fácil encontrar la pelota de forma cómoda. En tierra, restando delante es muy complicado porque el bote de la bola es muy vivo y es complicado empalar bien la pelota. Normalmente, la gente resta más atrás”, analiza el balear, que anuló el servicio de Thiem empleando esa estrategia.

Además, la arcilla otorga una ventaja que no es ninguna broma: un break no es insalvable. “Normalmente, siempre tienes más opciones de volver al partido en tierra”, coincide Nadal. “Un break no suele ser decisivo. Aunque si juegas contra un contrario que saca bien y está sólido de fondo, una rotura siempre es una rotura. Por ejemplo, hoy hemos visto en el partido muchas oportunidades de break que él no ha podido convertir”.