Mundial de Fórmula 1

El milagro de Verstappen bajo la lluvia de Sâo Paulo

El piloto holandés, que realizó varias remontadas épicas en las pocas vueltas que se disputaron fue el héroe del GP de Brasil.

Max Verstappen, tras finalizar tercero en Sâo Paulo.

Max Verstappen, tras finalizar tercero en Sâo Paulo. REUTERS

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Cuando la lluvia hace su aparición sobre un circuito en la era moderna de la Fórmula 1, YouTube experimenta un aumento masivo de búsquedas relacionadas con momentos mágicos de carreras disputadas brillantemente en contra de un clima inhóspito, que inmortalizaron para siempre a nombres míticos como Ayrton Senna en Mónaco 1984 o Michael Schumacher en Barcelona ’96.

A pesar de los intentos por parte de Charlie Whiting por neutralizar una carrera en la que los Pirelli no fueron capaces de mantener sobre la pista con un mínimo de seguridad a los monoplazas más sofisticados de la historia, la magia de los grandes pilotos se apoderó de la atmósfera brasileña de la mano de Max Verstappen, quien ofreció una lección magistral de pilotaje inolvidable.

Verstappen = Espectáculo en estado puro

Una carrera para tirar la basura se convirtió gracias al talento del holandés en un documento histórico de los que crean afición. Mientras que grandes pilotos como Fernando Alonso, habilidoso donde los haya, bajo la lluvia justificaban las banderas rojas como "una decisión lógica", Verstappen ponía en marcha un recital de adelantamientos imposibles que dejaba boquiabierto al público.

Jenson Button, que de sacar partido a carreras bajo la lluvia puede escribir un libro, no era capaz de mantener a flote su McLaren-Honda. Y eso que probó una y otra vez todos los tipos de goma disponibles. Alonso, a duras penas se podía mantener en la pista y eso que para él pilotar bajo el agua es casi innato.

De las manos de Carlos Sainz, que comenzó la temporada siendo compañero de Verstappen, salió un milagro en forma de imposible sexta posición con un Toro Rosso (con el que llegó a ser cuarto) a pesar de que para el madrileño "acabar la carrera era ya un éxito2.

Unos más que otros zozobraban bajo la lluvia. Pero Max Verstappen, en su segundo año de Fórmula 1, con 18 recién cumplidos y en Red Bull desde el GP de España, le arrebató la corona al dios Neptuno.

La lluvia que separa a los mejores

Max Vertsappen brilló en la oscura tarde de São Paulo con luz propia. El domingo daba igual la carga aerodinámica de su Red Bull, que llevara intermedios o Pirelli de lluvia extrema, que delante de él se juntaran casi diez campeonatos del mundo bajo el nombre de Kimi Räikkönen, Fernando Alonso, Jenson Button, Sebastian Vettel o el mismísimo Lewis Hamilton.

El holandés dio cuenta de todos y cada uno de ellos salvo de Hamilton, al que no pudo atacar como consecuencia del clamoroso error táctico de su equipo. En las escasas vueltas iniciales superaba apurando la frenada de final de recta -como si la pista estuviera seca sólo para él- a Räikkönen, en lo que sería el aperitivo de una carrera que batirá récords de visitas en los años venideros en la red.

17 vueltas para enmarcar

Cuando por fin Charlie Whiting dio luz verde al Gran Premio por última vez, Verstappen se vio obligado a pasar de la segunda posición a la última tras realizar su !quinta! parada en boxes como consecuencia de la suicida decisión de Horner y los suyos.

Con neumáticos de lluvia extrema usados Max Verstappen realizó 11 adelantamientos en quince vueltas mientras que el resto de pilotos remaban como podían para mantener sus coches dentro de los límites de la pista. Trazadas imposibles en una pista que se hacia pequeña al paso de un holandés que metía el morro de su monoplaza a todo el que se le pusiera por delante, sin importar rango, coche o historial.

Verstappen no respeta a nadie, no se amilana ante ninguno y se siente más rápido que cualquier campeón. En Sao Paulo, borró del mapa a su compañero de equipo con el mismo coche, misma carga aerodinámica y mismas gomas. Tal y como hizo con todos los supervivientes del aguacero, alcanzando de nuevo a los Mercedes. En Brasil, Verstappen no tuvo rival.

La carrera que todos querían que terminara al principio -visto el espectáculo de la FIA-, se antojó demasiado corta ante la posibilidad que la gran remontada del holandés le permitiera luchar por la primera posición con Lewis Hamilton. Desgraciadamente la decisión desde el muro de Red Bull privó del único duelo que Verstappen no pudo disputar.