Juegos Olímpicos 2016

Un oro entre los llantos de Ane

Maialen Chourraut, oro en descenso de aguas bravas K1, no se ha separado de su hija desde que esta naciera hace 30 meses.

Maialen Chourraut celebra su oro en Río.

Maialen Chourraut celebra su oro en Río. EFE

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Hizo bronce en Londres y volvió a subir al podio, pero esta vez a lo más alto. Maialen Chourraut, madre primeriza después de aquel éxito, se recompuso en Río de una primera manga horrible en la que se saltó la primera puerta, mejoró en la segunda hacia las semifinales y allí firmó el tercer mejor tiempo antes de la final. Ni un sólo error ahí, en el momento decisivo, un descenso perfecto en la final por delante de la neozelandesa Luuka Jones, plata, y de la gran favorita, la australiana Jessica Fox, bronce. Un oro que la eleva a los altares del deporte español, pero sobre todo que la confirma como una 'súper mamá'.

Nunca quiso pensar en nada que no fuese el oro. Como Mireia Belmonte en la piscina, Maialen (Lasarte, 1983) sólo tenía ojos para el objetivo máximo, con una preparación extrema que la hizo mantener sus visitas al gimnasio cuando apenas faltaban cinco semanas para el nacimiento de Ane, el tiempo en que aún daba paladas por La Seu d'Urgell. Ahora, con su pequeña ya con dos años y medio, el sacrificio ha dado réditos, ha compensado los sacrificios y ha confirmado lo que ya avanzó en EL ESPAÑOL: "Sólo me conformó con el oro".

En el canal de remo de Deodoro, Ane estaba en la grada como en tantas otras competiciones, siguiendo a su madre aunque sin ser consciente del logro, del mérito increíble de esta vasca de 33 años que ha conseguido su objetivo -el oro mundial es lo que le queda ahora entre ceja y ceja- a pesar de los condicionantes, de los inconvenientes. Porque antes incluso de soñar con los éxitos olímpicos, allá por 2004 y 2005, cuando comenzaba lo que hoy es una realidad, Maialen tuvo que pasar por el quirófano. Primero para solucionar los continuas luxaciones y subluxuaciones de su hombro izquierdo, seis meses después fue el turno del derecho.

Esas dos operaciones la obligaron a dar paladas hasta apenas dos días antes de que Ane llegase al mundo. Una obligación que también la llevaba al gimnasio para no perder ritmo, para que costase menos la vuelta, aunque Chourraut no contó con que el embarazo había modificado su técnica a la hora de palear. Nada había cambiado, y sin embargo había cambiado todo. Ane nació por cesárea y la palista decidió darle el pecho hasta los 18 meses. Otro condicionante a su carrera, otra piedra, esta de lo más satisfactorio, que sin embargo vino a sumarse a la situación en la federación española de remo.

Tras los Juegos de Londres 2012, con un bronce histórico colgando del cuello, Xabi Etxaniz, entrenador de Maialen desde infantil, director técnico de la federación, marido de Chourraut y padre de Ane, se quedó sólo al frente de la selección. Los palistas no cobraban, los otros dos técnicos acabaron en el paro e incluso él mismo pasó por la cola de INEM durante tres meses.

Más piedras, más problemas, porque donde hoy brilla el oro hubo momentos de extrema complicación. Dificultades que suman aún más satisfacción a un éxito que no por esperado resulta menos sorprendente. Como tampoco resultaría extraño que a los 37, la edad que tendrá Maialen Chourraut en Tokyo 2020, la guipuzcoana aspire a revalidar su título. Cosas más complicadas ha hecho.

Chourraut celebra en el agua con su marido y el resto de su equipo.

Chourraut celebra en el agua con su marido y el resto de su equipo. Reuters