Juegos Olímpicos 2016

Phelps también se enfada con Efimova: “No es el auténtico sentido del deporte y me jode”

El estado de sospecha resquebraja el espíritu olímpico. Aumentan los gestos de desprecio hacia atletas presuntamente tramposos.

Phelps durante los Juegos de Río.

Phelps durante los Juegos de Río. Reuters

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La piscina del Estadio Acuático de Río será recordada por las marcas mundiales batidas (pese al incómodo horario de las finales), pero sobre todo por ser la primera que rasga la camaradería olímpica habitual en los Juegos: desde el dedo acusador de Lilly King a Yulia Efimova en las semifinales de los 100 metros braza, las acusaciones vuelan en dirección a los países señalados en la reciente cruzada anti-doping de los organismo internacionales. “Dices que eres la número 1 y te han pillado haciendo trampas con drogas… No me gusta”, dijo King para justificar su gesto tras vencerla en esas semifinales.

Dos días después, y tras la defensa de la (abatida) nadadora rusa, el legendario Michael Phelps se volcó esta mañana en defensa de su compatriota: “Algo tiene que decirse, es un poco triste en el deporte en general, no sólo en la natación. Hay gente que da positivo y se le permite volver, y muchas veces… Lilly [King) tiene toda la razón, eso no tiene nada a que ver con el auténtico sentido del deporte y me jode”.

Otros casos

El caso de la nadadora rusa no es el único en el que la presunción de inocencia y la tregua olímpica pasan a segundo o tercer plano. Este fin de semana hubo una agria discusión sobre sustancias prohibidas entre nadadores de Australia y China, que exigió incluso la intervención de miembros de sus equipos. Mack Horton calificó al chino Sun Yang (doble campeón olímpico en Londres 2012) de “tramposo que se dopa”. La federación china exigió una retractación pública, pero el Comité Olímpico Australiano le apoyó. Yang, que dio positivo por un medicamento cardíaco ahora prohibido, lloró tras perder contra Horton el domingo en los 400 metros libres. Se estrecharon las manos con frialdad en el podio, y medios de comunicación chinos salieron en tromba el lunes a defender a su atleta.

Rusia, por supuesto, es el ‘coco’ de Río 2016, y la cima (hasta ahora) del oprobio han sido los abucheos recibidos por Efimova la noche de este lunes, con su medalla de plata al cuello, llorando tras ser ninguneada por las demás nadadoras (ni una felicitación) en la picota del deporte ‘limpio’. Efimova, cabe recordar, fue sancionada durante 16 meses por dopaje y dio positivo este año por Meldonium, medicamento recientemente prohibido, para ser después exonerada de sus cargos. Residente en Estados Unidos, asegura que “no entiende nada” y que se la ataca por motivaciones políticas.

“Tratad de entenderme, si podéis”, acertó a decir con los ojos todavía rojos cuando la medalla le obligó a comparecer en la sala de prensa. “En los Juegos Olímpicos normalmente se detienen todas las guerras, pero ahora no pueden encontrar una forma de batir a Rusia y tratan de utilizar a los atletas”, dijo sin pestañear.

“El ‘cupping’ también es doping”

El enorme malestar de la delegación rusa (que colgó una bandera gigantesca de su país el primer día en la Villa Olímpica) les ha llevado a contraatacar con argumentos de todo tipo. Un presentador de una cadena rusa afirmó en un programa de alta audiencia que el ‘cupping’ (o ventisoterapia: aplicar sobre la espalda un recipiente que haga succión sobre la piel, activando presuntamente un flujo de energía vital) utilizado por Michael Phelps y otros numerosos nadadores, “una moda de Hollywood, no es diferente” que el Meldonium en cuanto a su mejora del rendimiento. Quizá el eco de la retransimisión, traducida por varios medios estadounidenses, explique el cambio de actitud del nadador más laureado de la historia. Río 2016 son ya, para siempre, unos Juegos marcados por el dopaje y su (imposible) extirpación.