Juegos Olímpicos 2016

Muguruza entra en barrena

La española se estrella ante Mónica Puig (1-6 y 1-6) y se despide de la medalla individual en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, pese a su asequible cuadro para pelear por ella.

Muguruza golpea un revés.

Muguruza golpea un revés. Efe

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“Obsesionada”. Esa fue la palabra que Garbiñe Muguruza eligió para definir su estado antes de enfrentarse a Mónica Puig en los octavos de final de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. Esa obsesión, que la española reconoció sentir, acabó siendo una pesadilla de las que provocan sudores fríos. En un partido gris, que jugó sin competirlo nunca, la española se despidió destrozada por Mónica Puig (1-6 y 1-6) y tiró por tierra sus posibilidades de medalla individual, muy factible viendo los cruces que tenía por delante.

"No he tenido un día muy acertado y no he sabido darle la vuelta”, explicó Garbiñe tras la derrota, antes de reconocer su sorpresa por el nivel de Puig. "Nunca la había visto jugar de esta manera. Se ha juntado eso y que no he tenido un día muy acertado, pero ha sido más un problema de cómo darle la vuelta a un partido en el que no me estaban saliendo las cosas", prosiguió Muguruza, que cricitó el calendario del torneo. “Son muchos partidos. No me parece bien que se hagan unos Juegos Olímpicos en una semana. Si quieres jugar las tres competiciones es muy difícil. Si hubiera ganado tendría tres partidos mañana y pasado, y no es adecuado. No me parece lógico”.

El partido fue de lectura sencilla. Ocurre que desde hace mucho tiempo Garbiñe tiene más problemas para ganar a rivales asequibles (a las que teóricamente debería imponerse) que para plantarle cara a las mejores del mundo. Por ejemplo, la española es capaz de derrotar en la final de Roland Garros a Serena Williams llevando el peso del partido, pero puede bloquearse ante una desconocida en un torneo menor y caer sin pena ni gloria. Puig, por supuesto, no forma parte de ese grupo, pero la española cuenta con armas suficientes para no caer derrotada sumando solo dos juegos, aunque la número 34 sea aguerrida y complicada de desbordar.

Casi sin sudar, la puertorriqueña había ganado la primera manga por 6-1. Muguruza no se lo podía creer y su cara durante el encuentro lo confirmó constantemente. Perdida en un mar de errores no forzados (15 en el primer set, 29 al final), la española agachó la cabeza, como si no quisiera luchar, pelear, decirle a Puig que el triunfo le iba a salir caro. Nada de eso, nada de sufrimiento, nada de intentar una remontada buscando alternativas al sólido planteamiento de su contraria.

Su tímida reacción en el segundo set (quebrando el servicio de Puig para colocar el 1-1) fue un espejismo. Un minuto después, Puig le había devuelto el break y corría a toda velocidad hacia los cuartos de final, rompiéndole dos veces el saque y estrellando las opciones de medalla de Muguruza contra la fría realidad: para ganar no basta con enseñar el nombre.

Keys somete a Carla

Adiós a la pelea por la medallas. En los octavos de final de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, Madison Keys destruyó el sueño de Carla Suárez de entrar en la batalla por los metales (6-3, 3-6 y 6-3) y avanzó a cuartos, donde se cruzará Daria Kasatkina, vencedora 7-5 y 6-2 de la italiana Errani.

La estadounidense, hoy número nueve del mundo, no ha roto la barrera del top-10 por casualidad. Para llegar ahí, Keys ha coleccionado un puñado de fabulosas actuaciones (campeona en la hierba de Birmingham, finalista sobre la tierra de Roma y en la pista dura de Montreal, junto con un buen papel en los torneos del Grand Slam). Parte del futuro de una de las grandes potencias mundiales del tenis pasa por la raqueta de la joven de 21 años, que a base de resultados se ha quitado las etiquetas de promesa para convertirse en una realidad.

En Río, Keys gobernó el partido desde la decisión. Con una intensidad arrolladora, la que le faltó a Suárez en el arranque y por momentos en la tercera manga, la estadounidense fue tapando los agujeros por los que su contraria intentó sin éxito colarse en el encuentro. Encontrando con facilidad tiros ganadores que destruyeron las defensas de la española, Keys devoró la primera manga y se plantó en la segunda pensando que aquello ya era pan comido. Y se equivocó.

Carla Suárez, ante Madison Keys.

Carla Suárez, ante Madison Keys. EFE

Tan rápido quiso seguir jugando la estadounidense, tan pronto terminar los intercambios, que acabó tomando malas decisiones en su idea de buscar las líneas sin miramientos (13 errores no forzados solo en la segunda manga). Eso fue exactamente lo que necesitó Suárez. La canaria, acostumbrada a crecer con el paso de los minutos, vio en la precipitación de Keys una puerta abierta a la remontada. Espoleada por esa situación, la número 12 se activó y eso le permitió soñar con darle la vuelta al cruce y ganar por primera vez a su rival (0-2 en los duelos anteriores).

Fue imposible encontrar similitudes entre la jugadora que perdió la primera manga con los brazos bajados y la que se colocó 3-0 en el comienzo de la segunda, desarbolando a Keys con su juego de toda la vida. Así, Carla empezó a mezclar alturas y ritmos, combinando una derecha pesada con un revés abierto y llevando de lado a lado a la número nueve. Sin comprender qué había pasado, la estadounidense perdió el segundo set y se encontró jugándose el pase a cuartos en una tercera manga a cara de perro, presidida por los nervios.

A la tormenta de roturas (cuatro, hasta llegar a 3-3 en el marcador) sobrevivió Keys, emperrada en llevarse la victoria por la fuerza, pura potencia. Reducir el número de errores y reencontrarse con la chispa del inicio fue suficiente para batir a la canaria, que se despidió del cuadro individual de Río con su mejor papel en unos Juegos, pero con el evidente sabor amargo que deja una derrota en un torneo que se disputa cada cuatro años.

CON VIDA EN DOBLES

Pese al negro día que ambas tuvieron en individuales, Suárez y Muguruza lograron recomponerse para batir 7-5, 2-6 y 6-2 a las belgas Flikpkens y Wickmayer y se clasificaron para los cuartos de final de Río, manteniendo con vida sus opciones en dobles.

Suárez y Muguruza, con un buena trayectoria en el circuito, le dieron la vuelta a una primera manga que perdían y reaccionaron tras perder la segunda, para acabar cerrando el triunfo en la tercera y decisiva. Ahora, a la pareja española les espera todo un desafío: si quieren llegar a semifinales, ronda de medallas, deberán frenar a Elena Vesnina y Ekaterina Makarova, una de las mejores duplas del mundo.