LIGA SANTANDER

El derbi que cambió al Zidane entrenador

El francés rectificó su idea de juego tras perder ante el Atlético en febrero (0-1). Ese partido es la última derrota del Real Madrid en Liga desde entonces. 

Zidane saluda a Simeone en el derbi de febrero de 2016.

Zidane saluda a Simeone en el derbi de febrero de 2016. Getty Images

De Zidane sabemos que fue primero futbolista que entrenador. También que una cosa no tiene nada que ver con la otra, que ganó la Champions de una forma y de la otra y que jamás perdió en el Calderón. El Zidane futbolista nunca claudicó ante el Atlético, pero la estadística, como siempre, tiene trampa. No era la época de Simeone, sino la de César Ferrando o Bianchi. No jugaba el Atlético finales de Champions sino la extinta Intertoto. Sirva como ejemplo de diferencia en aquellos años que mientras Zidane asombraba al mundo con su gol de volea en Glasgow, el Atlético celebraba su ansiado regreso a la Primera División. Entonces la visita a la ribera del Manzanares era un disfrute para los blancos. Zidane conoció un 0-4, un 1-2 y dos 0-3. Nada que ver a lo de ahora.

El francés llega al Calderón por primera (y última) vez, en el cierre del histórico estadio madrileño. Lo hace líder, reforzado tras los partidos antes del parón y habiendo pasado por su primera crisis (o pónganle el mini delante). Y lo hace también invicto en la Liga, ese torneo que Zidane anhela y que se le resiste al madridismo. No olvida Zizou que la última vez que conoció la sensación de perder un partido fue ante su rival del próximo sábado. Tampoco olvidará que aquél día fue clave para él, que pasó de niño a adulto en el banquillo y que aprendió a corregirse a uno mismo. Perdió su primer partido de categoría, pero ganaría después el más importante.

El derbi perdido, comienzo de la Undécima

Sergio Ramos levantó la Champions el 28 de mayo, pero entenderán que para el Real Madrid, el máximo título continental no llegó de repente, como si fuera solo trabajo de un día o de una semana. Aunque se ganó al ralentí, se ganó y toda victoria tiene una explicación. La de la Undécima bien podría comenzar a entenderse desde finales de febrero, casualmente con la primera (y única) derrota de Zidane en Liga hasta el momento, en un derbi que devolvió a la Tierra al francés. Ese día, con la tercera victoria consecutiva del Atlético en el Bernabéu en Liga, Zizou entendió que esto de entrenar tenía más dificultades de las esperadas.  

El técnico blanco llevaba ocho partidos en el banquillo y hasta entonces, salvo los empates ante el Betis y Málaga, todo eran victorias. Además, en el Bernabéu solo se veían goleadas, con 20 goles del Real Madrid en cuatro partidos. Los tumbos que daba a domicilio le alejaron en Liga, pero la sensación no era tan mala porque los ojos estaban en la Champions. Pero la llegada de Simeone y compañía a Chamartín sacó a relucir los problemas que poco a poco se habían ido escondiendo. En un feo y aburrido partido, más táctico de lo normal, el 'Cholo' dio un repaso a Zidane, ganó por 0-1 con un solitario tanto de Griezmann y dejó KO al Madrid. Ese día no estaba Bale (tampoco Marcelo, que acabaría notándose) y por el galés entró James, con Isco acompañando a Modric y Kroos. Los locales se ahogaron en el centro del campo y ante esa situación emergió la figura de Casemiro, hasta entonces olvidado por Zidane.

Ramos y Torres disputan un balón en el derbi de febrero.

Ramos y Torres disputan un balón en el derbi de febrero. EFE

El brasileño solo había jugado 23 minutos en la era Zidane y, tras la derrota en el derbi, pasó a ser indiscutible, titular siempre y parte fundamental del equipo. El 'bofetazo' del Atlético sirvió a Zidane para crecer como entrenador, demostrando que a veces de una derrota sale algo positivo. El francés reconstruyó su idea, se convenció de que había que tener un stopper en el centro del campo y que cada partido es distinto. No era lo mismo recibir al Espanyol que al Atlético o viajar a Roma que al Camp Nou. Ese 27 de febrero, tres meses antes de levantar la Undécima en Milán, Zidane comenzó a sacarse en el campo, donde se demuestran las cosas, su hasta entonces tan cuestionado carnet de entrenador.

La derrota fue dolorosa, pero lo que vino después fue todo un camino de rosas para el Real Madrid. De estar a 10 puntos del liderato en Liga a uno. De tambalearse en Wolfsburgo a ganar la Copa de Europa. Fueron 12 victorias consecutivas en Liga, con su punto álgido un 2 de abril en el Camp Nou. En aquella noche, el Madrid sacó el orgullo para salvar la imagen y sumergir en la crisis al Barcelona, intercambiándose los papeles. No fue una victoria cualquiera porque Zidane llegó cuestionadísimo, vendiéndose desde Barcelona que se podía repetir otro 5-0. Además, remontó el tanto inicial de Piqué, se tuvo que sobreponer a la expulsión de Ramos y a un gol anulado a Bale. Con todas las circunstancias en contra, Cristiano marcó en el 85' el 1-2 y cambió las tornas en pocos minutos. Fue la victoria de Zidane. El Madrid fue compacto, serio y ordenado. Tuvo concentración y compromiso y no pudo decir el francés entonces lo de "ha faltado intensidad" que tanto repite ahora. 

En el Camp Nou, el Madrid abrió un mes de abril que sería clave más tarde, con el pase a la final de Champions y la presión sin descanso sobre el Barcelona en Liga. Los blancos recibían los frutos de un cambio de mentalidad, pero también táctico. Zidane ya sabía a lo que se enfrentaba y creó una base, que podía ser modificada, ya que la BBC se vio muchas veces afectada por las lesiones, pero que no cambiaba una idea de juego. Además, su mejoría también se basó en nombres. Al mencionado Casemiro, la figura fundamental del cambio en el Zidane entrenador, se unieron Isco y James, en estos dos casos para mal. Ni el malagueño ni el colombiano entraron en los planes, quedaron relegados al banquillo y a apariciones esporádicas sin mucho que aportar. No se salvó Zidane de que por tal suplencias le cayeran críticas por todos lados, pero se aferró a ello y acabó ganando. El tiempo le acabó dando la razón.

¿Aprendió la lección?

El derbi de este sábado, siempre impredecible, tiene más parecidos al de febrero de lo que pueda parecer a primera vista. El Madrid se enfrenta a su rival de ciudad otra vez con bajas importantes. Hace ocho meses se encontró sin Marcelo y forzó a Benzema, que se rompió al descanso, saliendo Borja Mayoral en la segunda parte. Ahora está sin Pepe, sin Kroos, sin Morata, seguramente sin Casemiro y con Ramos en el alambre. Y otra vez con Benzema tocado, al que deberá forzar si quiere jugar con referencia en el ataque. Esta vez no tiene a Mayoral, pero sí a Mariano, que sería el mismo perfil. La diferencia es que tiene más tablas ya Zidane en el banquillo y que partidos como este son en los que tendrá que demostrar que verdaderamente aprendió del de febrero.

No debe olvidar Zidane que los derbis han condenado últimamente a sus antecesores. Mourinho se fue tras la primera derrota en más de una década ante el Atlético (final de Copa 2013), Ancelotti por un cúmulo de derrotas que comenzaron con una eliminación ante el Atlético (Copa 2015) y el famoso 4-0, además de la repetida superioridad de Simeone sobre él, y Benítez, que aunque aguantó después de decepcionar en el Calderón, su poca fiabilidad ante los equipos fuertes le acabó por condenar. Tampoco debe pasar por alto que últimamente en estadios como el Calderón se ganan las Ligas. La vieja idea de que en campos como El Sadar, Los Cármenes o Riazor se gana el torneo es eso, vieja. Ahora la Liga, por la igualdad entre los tres grandes y la diferencia entre estos y los demás, se gana en el Camp Nou, Bernabéu y Camp Nou, dejando abierta la puerta a Mestalla, Sánchez Pizjuán o El Madrigal. Y ahí es en lo que viene fallando el Madrid en los anteriores torneos y en todos esos estadios son los que visitará de forma seguida: Calderón, Camp Nou y Sánchez Pizjuán.