Johan Cruyff

Un holandés abrazado a la senyera

El jugador y técnico del Barcelona vivió siempre, quisiera o no, ligado al catalanismo, desde su fichaje gracias a Banca Catalana hasta su último servicio como entrenador de la Selección de Cataluña.

Ilustración: Carlos Rodríguez Casado

Ilustración: Carlos Rodríguez Casado

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"El Ajax me había vendido al Real Madrid, pero yo no acepto nada de lo que me imponen. El Barça no tenía nada futbolísticamente hablando, era un reto jugar en un club que representaba Cataluña, era más que un club".

En 2013, TV3 emitió el documental L'ultim partit -patrocinado por el Consejo de Diplomacia Pública de Cataluña-, un homenaje a Johan Cruyff, a sus 40 años como ciudadano catalán, como emblema del barcelonismo y del catalanismo, quizás incluso del independentismo. Un cargo que el holandés más catalán nunca pidió, pero del que jamás renegó. Una imagen, la suya, de la que muchos, además de él mismo, sacaron rédito.

Portada de Lultim partit de TV3.

Portada de Lultim partit de TV3.

Johan Cruyff, que falleció este jueves en la Ciudad Condal a los 68 años a consecuencia de un cáncer de pulmón, nunca enarboló cuatribarrada alguna, pero incluso antes de su fichaje por el Barça ya era un símbolo de disidencia -más allá de lo obvio de su flequillo-.

“Recuerdo haber oído hablar por primera vez de Cruyff un día que iba a Lleida en coche en compañía de Raimon Carrasco y de Antoni Forrellad, empresario de Sabadell que era consejero del Banco Industrial de Cataluña. Carrasco nos decía que el Barça quería fichar a un jugador holandés del que se explicaban maravillas, pero él y la junta (del FC Barcelona) tenían dudas porque era muy caro. Forrellad y yo lo animamos a no dejar pasar la ocasión".

El recuerdo pertenece a las memorias de Jordi Pujol, donde el ex Molt Honorable daba incluso más detalles: "Banca Catalana participó en el fichaje dejando dinero al club. Manuel Ortínez, del Banco Industrial de Cataluña al cual Banca Catalana estaba vinculada, movilizó todas sus influencias para que las instancias políticas y económicas de Madrid, que ponían todos los palos habidos y por haber en las ruedas del fichaje, permitiesen pagar con divisas la compra del jugador”.

El Barcelona pagó 60 millones de pesetas -lo que vendrían a ser cinco millones y medio de euros de hoy día- y le firmó a Cruyff un contrato de 12.000 dólares semanales. El fichaje más caro de la historia del fútbol hasta aquel momento financiado por la Banca Catalana de Jordi Pujol. Y además el holandés se convirtió en el artífice del 0-5 en el Bernabéu después de conquistar la primera liga azulgrana en 14 años. Sobraban los motivos.

Pero no sólo los de una parte. Apenas un año después de su llegada a la Ciudad Condal, Cruyff fue padre por tercera vez. Jordi nació el 9 de febrero de 1974, y aunque su nombre estaba decidido tardó un tiempo en ser oficial. La imposibilidad de registrar a su vástago con el nombre de Jordi en España obligó a Johan a realizar un viaje extra a Holanda, donde su hijo fue inscrito en el registro con el nombre de Jordi. Aquel gesto le valió al Flaco el aplauso del catalanismo y convertirse definitivamente en bandera de un movimiento por oposición a Madrid. No sería el último.

Cruyff entrega a Mas la camiseta de la selección catalana.

Cruyff entrega a Mas la camiseta de la selección catalana. Efe

En 2009 aceptó, después de 13 años inactivo, sustituir a Pere Gratacós en el cargo de seleccionador catalán, un equipo que no le era ajeno. Al igual que Kubala y Di Stéfano en 1955 con la Selección de Barcelona, Cruyff, junto a Neeskens, disputó un encuentro en 1976 con la ya denominada Selección de Catalunya en el que se impusieron 1-0 a la Unión Soviética. Aquello fue posible por la propia organización del equipo, compuesto por jugadores de los diferentes equipos catalanes con independencia de su lugar de nacimiento.

No fue sin embargo tan plácido su pase por el banquillo. Se despidió Cruyff de aquel cargo cuatro años después, proporcionando al equipo, en palabras de Joan Laporta, "una extraordinaria visibilidad internacional", aunque para él fue motivo de más críticas que loas. El motivo: no hablar catalán. Hubo incluso quien, como la periodista Pilar Rahola, llegó a renegar de él: "Un señor que desprecia la lengua de este país no es mi seleccionador".

Exigencias a un personaje que nunca transigió con las imposiciones. Tampoco lo hizo en la reciente pitada al himno de España en la final de la Copa del Rey en el Camp Nou entre Barcelona y Athletic Club. “Pitar el himno lo veo una desgracia total y una falta de respeto. A uno que pita el himno le falta un tornillo”. Llegó incluso a decir que aquellos que silbaron "dan pena", aunque su solución era hacer sonar por megafonía los tres himnos: el español, el catalán y el vasco.

Declaraciones discordantes, como aquellas mencionadas en el documental L'ultim partit: "El problema es que los catalanes no pueden decidir por sí mismos. Yo opino que Cataluña siempre debería decidir por ella misma. No puede haber nadie que desde lejos decida que tú has de hacer cosas así o asá. Acostumbra a pasar en nuestra sociedad: en un despacho lejano se toman decisiones sobre lo que pasa aquí, en la playa. ¿Si no vives en la playa, cómo puedes decidir sobre eso?".

Aunque en una entrevista con El País evidenció su último gesto de ambigüedad:

¿Comprende el sentimiento independentista?

Bueno, sobre todo es un discurso financiero, ahí está la base, y a partir de ahí cada vez es un pasito más.

¿No cree que es un asunto político?

Creo que es una estupidez.

¿Separarse de España es una estupidez?

No, lo que yo creo es que no entenderse es una estupidez. Porque cada uno puede usar al otro de una manera positiva.

¿Pero dentro de España?

De política no tengo ni idea, pero si desde hace 40 años unos dicen que están mal tratados, hay que cambiar el tratamiento.