Castro quiere rock

La revolución de los Rolling Stones en Cuba será votada

El grupo llega a La Habana para romper el veto al rock en la isla comunista. Abren una votación para que el público elija una canción con guiños políticos.

Cartel de la gira de los Rolling Stones en Cuba.

Cartel de la gira de los Rolling Stones en Cuba.

  1. The Rolling Stones
  2. La Habana
  3. Cuba
  4. Fidel Castro
  5. Barack Obama
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Solventada con éxito la visita de Barack Obama, el siguiente capítulo de la apertura de Cuba al mundo no tardará mucho. Más bien nada. Ya está aquí: el viernes, las canciones de los Rolling Stones pondrán banda sonora a un periodo crucial del deshielo político y cultural que hace poco, apenas un año, parecía una película de ciencia ficción. "¡Hola Cuba! Estamos muy felices de tocar para ustedes. Hemos tocado en muchos lugares increíbles, pero este concierto en La Habana será histórico para nosotros", admite Mick Jagger en un vídeo a modo de saludo al público cubano. Un país, Cuba, el último reducto comunista en América, en el que la música rock estuvo condenada al ostracismo por "diversionismo ideológico" en la época dura de la ortodoxia de los hermanos Castro.

El concierto de los Rolling Stones no distará mucho del espectáculo que el grupo británico ha desarrollado en los doce conciertos anteriores en América Latina. Con un repertorio trufado de canciones infalibles, la banda sonora del desembarco habanero apostará fuerte desde el minuto uno con dos piezas iniciales como Jumpin' Jack Flash y It's only rock and roll (but I like it). Tampoco faltarán clásicos stonianos como Angie, Paint it black, Gimme shelter y Simpathy for the devil. Como canción de despedida no se antoja mejor epílogo del concierto cubano que los versos míticos de (I can't get no) satisfaction.

Habrá sorpresas musicales, como ya es tradición en los conciertos de los Stones. El grupo ha abierto una encuesta en su página web para que el público cubano seleccione una canción para el recital de La Habana. Ya ocurrió en los conciertos brasileños en São Paulo y Porto Alegre (She's a rainbow y Let's spend the night together, respectivamente), Bogotá (Dead flowers), Lima (Like a rolling stone) y Ciudad de México (Let's spend the night together). En su histórica visita a Cuba, el grupo ofrece un póquer de ases formado por You got me rocking, Get off my cloud, She's so cold y All down the line. ¿Y esconden estas cuatro canciones un mensaje subliminal para un público que durante décadas fue hurtado del legítimo derecho de escuchar rock o cualquier música que le viniera en gana?

Quizás, porque casi todo es política. Y si usted pretende encontrar huella política en esta selección musical, frases para ese doble sentido tan del gusto cubano las hay. En You got me rocking, compuesta en 1993 a modo de blues, Mick Jagger viste de "luchador mareado por un golpe de principiante", sin energía, como "boxeador que no puede subir al ring". En Get off my cloud, publicada en 1965 como single posterior a Satisfaction, ocurre algo similar desde la estrofa inicial: "Vivo en un apartamento, en la planta 99 del edificio. Y me siento en mi casa, mirando por la ventana, imaginando que el mundo se ha detenido". Tampoco desmerece la voluptuosa She`s so cold cuando Mick Jagger termina asumiendo su condición de "fogata en llamas" porque, canta, "soy un fuego ardiente, un volcán en erupción".

Aunque nada como All down the line para plasmar el deseo de tantos años de asistir a rock en directo: "Escuché el rugido del motor diésel aproximarse, escuché el zumbido de los cables ahí mismo. Oigo el suspiro de las mujeres y escucho el llanto de los niños. Estaremos atentos a los problemas, pero mejor dejamos el motor encendido". All down the line se publicó en 1972, cuando los Rolling Stones ya habían abandonado Inglaterra para ir al exilio francés. Escapaban de la fiscalidad caníbal del Reino Unido. Está en el doble disco Exile on Main Street. Cuatro décadas después, ya en las puertas de La Habana, cualquier parecido con Cuba es pura coincidencia. O no.

Música propiedad estatal

Mucho ha llovido ya desde que en los años sesenta y setenta fuera imposible escuchar canciones de artistas occidentales en las emisoras de radio cubanas, verdadera referencia para sondear el gusto del público cubano por la música. En Cuba, quizá uno de los pueblos con mayor aprecio sincero por la música y cuna de un puñado de ritmos que salieron a conquistar al mundo, y lo lograron, tampoco era fácil encontrar grabaciones de artistas del otro lado del muro político levantado a partir del 1 de enero de 1959. El día que llegó el comandante y mandó callar. Apenas unos pocos cantantes melódicos y otros artistas que simpatizaron con la Revolución, en especial procedentes de Argentina, tuvieron la suerte de ver aprobada la distribución comercial de sus producciones musicales a través de las disqueras cubanas que, hasta hoy, continúan siendo propiedad única del Estado cubano.

En Cuba durante años el simple ejercicio de disponer en casa de música rock, y también jazz, pop o algo que oliera al enemigo imperialista exterior, obligaba a desplegar toda una panoplia de maniobras de distracción. Una de las más habituales era "disfrazar" de salsa, bolero o son cubano los discos prohibidos. Así entraban en casa carátulas de grupos de fidelidad probada a la Revolución castrista como Los Van Van cuando en realidad lo que había dentro eran canciones de Lennon y McCartney, de Led Zeppelin y Black Sabbath. O que una carpeta ilustrada con la cara de Benny Moré realmente camuflara a Mick Jagger.

Lejos ya los años en los que el mismo Fidel Castro llegó a marcar una frontera de acero contra todo lo que sonara a "diversionismo ideológico" por parte de jóvenes cubanos que querían, y no podían, vestir "pantaloncitos demasiado ajustados", ahora se espera que todo empiece a cambiar con la visita de los Stones. Y el entusiasmo que los componentes del seminal conjunto británico han mostrado en las fechas previas a su desembarco en el aeropuerto José Martí alienta no poco optimismo. "Gracias por darnos la bienvenida a su hermoso país", señala Mick Jagger en el saludo grabado durante la gira Olé 2016 por Latinoamérica que concluirá mañana en la Ciudad Deportiva de La Habana tras haber completado periplo triunfal en Chile, Argentina, Uruguay, Brasil, Perú, Colombia y México.

Libertad pirata

Del histórico concierto en Cuba ya han trascendido algunos detalles de la noche que se espera en la Ciudad Deportiva de La Habana, no muy lejos de la plaza de la Revolución donde hace un par de días el presidente Obama se dejó retratar ante la estatua del héroé nacional, José Martí, y ante las fachadas ilustradas con los perfiles del Che y de Camilo Cienfuegos, dos hitos de la Revolución que ya no están para contemplar cómo el rock, la música del enemigo, como se tildó en los años duros del castrismo, por fin viene para derribar una de las murallas culturales que aún quedaban en pie en el oficialismo en Cuba.

Porque la calle, ya se sabe, va por la libre gracias al trasiego constante de discos piratas, memorias digitales con contenidos no permitidos en el país y el aporte creciente de envíos a la isla por parte de los centenares de miles de exiliados. En La Habana, por fin, se verá un concierto en condiciones. Mick Jagger podrá saltar sobre un escenario de ochenta metros instalado al aire libre y los miles de espectadores asistentes (a diferencia del resto de conciertos de la gira Olé, el recital cubano es gratuito) tendrán una docena de pantallas gigantes para no perder detalle del espectáculo de sus satánicas majestades.