El historiador Miguel Artola, en una foto de archivo.

El historiador Miguel Artola, en una foto de archivo. RAH

Obituario

Miguel Artola, el concepto de la Historia

El historiador vasco, fallecido a los 96 años, fue una figura trascendental para el conocimiento de la contemporaneidad española.

27 mayo, 2020 16:51

La obra de Miguel Artola está en la memoria de cualquier historiador del XIX español nacido después de 1960. Su trascendencia para el conocimiento de la contemporaneidad española es de tal envergadura que no hay tesis doctoral sobre la política o la economía del Ochocientos que no lo cite. Por eso forma parte de nuestro paisaje memorístico, de recuerdos de juventud y bibliotecas, de archivos y lápices, de revoluciones, esperanzas y fracasos.

Recuerdo que en mis años de doctorando busqué La burguesía revolucionaria, 1808-1874, obra que el profesor Artola publicó en Alianza Universal en la magnífica colección Historia de España, Alfaguara. Con los años se había convertido en un libro mítico, agotadísimo, y de enorme valor para la interpretación del liberalismo español. La portada con el cuadro del fusilamiento de Torrijos era toda una declaración de las dificultades de la libertad para abrirse camino en España. Tuve la fortuna de encontrarlo en una librería que ya no existe, como tantas otras, en la madrileña calle Hilarión Eslava. Me costó un buen dinero para mi sueldo de becario. A partir de entonces pasó a ocupar un lugar especial en mi biblioteca.

Ha llovido mucho desde entonces. La interpretación del siglo XIX ha cambiado, derivando hacia la exaltación minuciosa del republicanismo, los detalles protocolarios y la recuperación del papel de las mujeres, proyectando al pasado las inquietudes políticas de hoy, cuando debería ser al revés: mostrar hoy qué les preocupaba entonces. Es un concepto distinto de la Historia.

Estos días circulan muchos recuerdos de Miguel Artola que reseñan su vida y obras, su figura erudita y apartada de los primeros planos políticos. La profesión de historiador por encima de todo era su divisa. Era ese tipo de estudioso de la Historia que sabía que su figura acabaría siendo objeto de estudio. Cuando el profesor Artola tenía 35 años, allá por el 1958, la prestigiosa Revista de Estudios Políticos publicó su primer artículo, titulado En torno al concepto de Historia, que creo relevante glosar como homenaje al profesor desaparecido y como reflexión sobre la profesión de historiador.

Artola se preguntaba en el texto sobre la historicidad del historiador; es decir, cómo afecta el presente a la visión del pasado. Había dos formas de hacer Historia, decía, "como hombres de una circunstancia histórica determinada" o "hacer historia como historiadores". Todo conocimiento científico es una forma de acercarse a la realidad. Pero es cierto que no puede escapar a que su obra se convierta en fuente de la historia que se haga en el futuro. Es decir; las opiniones, hallazgos, conclusiones e interpretaciones del historiador servirán en los días venideros para un mejor, o peor, conocimiento de nuestro momento histórico.

Artola era ese tipo de estudioso de la Historia que sabía que su figura acabaría siendo objeto de estudio

De esto son muy conscientes los historiadores progresistas, o de izquierdas, empeñados en una "historia del tiempo actual" pensada para legar al futuro una única interpretación (ideológica) de nuestros días. "Quien controla el presente controla el pasado y quien controla el pasado controlará el futuro", que escribió Orwell en 1984.

Zubiri señalaba que no era conveniente interpretar la historia como "una actualización progresiva de lo que virtualmente el espíritu era ya desde sus comienzos". Esto significaba que usar la historia para argumentar un presente o justificar una promesa futura, envuelta en un determinismo, no era hacer historia, sino política. Así lo veía Artola, que escribía: la creencia en la existencia de un destino implica "la negación de la libertad humana", y eso era "la negación misma de la historia".

En realidad, es lo que Karl Popper defendía en La miseria del historicismo en 1957, un año antes del artículo de Artola, al decir que usar la historia para predecir el futuro no es ciencia sino superstición. Por que, como señalaba Ortega en 1932, "la Historia no prevé el futuro".

El historiador Miguel Artola, en una foto de archivo.

El historiador Miguel Artola, en una foto de archivo. Planeta

Apartado de los modelos interpretativos ideológicos, Artola defendía el empleo de las fuentes directas ajustadas al "pensamiento de la época", a sus ideas, sentimientos, aspiraciones y voliciones. La diferencia estaba en desentrañar no el hecho, sino su sentido. Esto es lo que convertía un acontecimiento en un algo histórico. Por eso distinguía entre historia y pasado, que es la distancia entre el conocimiento histórico y la crónica.

Era la aplicación del giro lingüístico a la Historia, como teorizaron luego personajes de la talla de Roger Chartier y Reinhardt Koselleck. Era lo que Artola escribía ya en ese artículo de 1958: hay que "salvar la objetividad y el rigor científico de la Historia" evitando el presentismo y la intencionalidad del historiador, y ajustándose a lo que era en la época estudiada. Porque, al igual que decía Collingwood, el objeto del historiador no es descubrir el hecho, sino comprenderlo, encontrar su motivación. "Toda historia -concluía el británico- es la historia del pensamiento".

Esa tarea tan complicada precisaba de amplios conocimientos filosóficos, económicos, políticos y jurídicos. Solamente así se puede hacer Historia sin taras, concluía Artola en aquel artículo escrito con 35 años. Y eso fue lo que hizo el profesor durante su brillante vida investigadora. De esta manera, aparte de La burguesía revolucionaria (1987), nos legó joyas como Los orígenes de la España contemporánea (1975), Los afrancesados (1976), Antiguo Régimen y revolución liberal (1979), La España de Fernando VII (1999) o su monumental Partidos y programas políticos de 1974. Ahora es él quien ha pasado a la historia.

*** Jorge Vilches es profesor de Historia del Pensamiento y de los Movimientos Sociales y Políticos en la Universidad Complutense.

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