Ilustración y humor

Hasta el moño de ser perfecta: manual de la mujer sin complejos

La periodista Lucía Taboada y la ilustradora Raquel Córcoles presentan un libro sobre la autoestima femenina.

Una de las ilustraciones de Fuera complejos: para imperfectas.

Una de las ilustraciones de Fuera complejos: para imperfectas.

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"La felicidad cada vez tiene más prestaciones, como un teléfono móvil de última generación", dicen la ilustradora Raquel Córcoles (Reus, 1986) y la periodista Lucía Taboada (Reus, 1986) en las primeras páginas de Fuera complejos para imperfectas (Zenith, Planeta). Y es cierto que la alegría siempre está un poco más lejos, un par de pasos más allá, como la utopía de la que hablaba Galeano: en unos centímetros menos de cintura, en un color más sugerente de ojos, en una pareja más fascinante, en un trabajo más inspirador, en un viaje más intercontinental, en un espejo más piadoso. El siglo XXI está siendo una mezcla esquizofrénica de hedonismo y perfección vital -física, laboral, emocional-. Con todo lo que tiene eso de irreconciliable.

Lo honesto de Taboada y Córcoles es que asumen que no hay que desdeñar ese deseo de absoluto: sirve para avanzar. Pero tampoco lo aceptan sumisas. Entienden que las incorrecciones brotan solas y proponen cómo gestionarlas sin obsesionarse. Con la estética audaz, patosa y carismática de Moderna de Pueblo (Raquel) y el humor de Lucía, que resume el mundo por escrito y alivia los dramas menores. Inyectan autoestima sin caer en el optimismo histriónico y lo hacen en base a cuatro personajes que amparan a la Imperfecta -y ya lo hacían en Dejar de amargarse: para imperfectas, Planeta, 2014-: el estilista, la psicóloga, el coach-nutricionista y la malévola.

"La malévola es nuestra preferida: el alter ego que te tortura", sonríe Raquel. "Al principio pensamos en crear una especie de enemigo, alguien que te recordase tus cosas malas... un compañero de trabajo, una amiga o una madre. Luego entendimos que lo mejor era encarnarla en ti misma, porque somos nuestras propias saboteadoras y las que nos criticamos más duramente". La psicóloga se encarga de "racionalizar esas cosas que haces sin querer" y "te da consejos para redirigir tus pensamientos"; el coach-nutricionista es la forma de decir que ellas no recomiendan no cuidarse, sino que "hay que ser ambicioso, pero en su justa medida". El estilista, por último, "da algunos truquitos prácticos para mejorar en algunos aspectos".

La familia tiene una doble responsabilidad en nuestra autoestima: la sobreprotección y la falta de apoyo. O te endiosan y luego la realidad te da la hostia o te empequeñecen

Hablan del origen de los complejos, del sexo, de la conciencia corporal, del atractivo, ¡de lo buena que está la pizza!, de las influencias paternas y escolares: "La familia tiene una doble responsabilidad en nuestra autoestima: la sobreprotección y la falta de apoyo", explica Raquel. "O te endiosan y luego la realidad te da la hostia o te empequeñecen: yo recuerdo que mi madre siempre me decía 'No eres una modelo y no te hace falta'", cuenta. "Yo le decía 'No me veo bien en las fotos', y ella 'es que eres así, estás muy bien pero no eres modelo ni tienes que serlo, ¿eh?". En cuanto a las etiquetas colegiales, "lo genial de crecer y superar esa etapa es superarlas: el problema es que luego vienen otros complejos".

¿Belleza es éxito?

Córcoles cree -y Taboada secunda- que la autoimagen preocupa más a mujeres que a hombres. "Desgraciadamente, la tiranía de la belleza nos afecta más a nosotras. Lucía lo decía el otro día: ¿cuándo es noticia que hayan pillado a un tío saliendo del hotel sin maquillar? Me partía. Es verdad que nosotras parece que cometamos un delito si no vamos arregladas, si envejecemos más...". La ilustradora achaca esta presión -inculcada desde niñas- a que "casi todos los referentes que tenemos de mujeres exitosas y admiradas, en un algo porcentaje, es por su belleza; mientras que ellos tienen referentes masculinos exitosos y para nada son atractivos. Nos hace falta crecer admirando mejor".

La ilustradora Raquel Córcoles y la periodista Lucía Taboada.

La ilustradora Raquel Córcoles y la periodista Lucía Taboada. Planeta.

Pone el ejemplo de Lena Dunham: "Ella ha supuesto un cambio. Aunque fíjate que se ha tenido que hacer una serie personalizada para que la protagonizase alguien como ella: si no la hubiera escrito, nadie la hubiera elegido como protagonista". Se le ocurre también Emma Watson: "Ella es un bellezón y también un buen ejemplo". Más que más envidiosas que ellos, Córcoles cree que las mujeres "somos tan autoexigentes que nos torturamos" y que "siempre que nos comparamos, nos esforzamos por salir perdiendo". ¿Y cómo se hace eso de desvincular la belleza del canon? Analizando lo atractivo, eligiéndolo uno mismo por encima de los medios de comunicación o la publicidad. "Igual que a tus amigos los ves más guapos y a tus amigas, el viernes por la noche, las ves cañón. No son modelos, pero amas sus peculiaridades".

La tiranía de la red social

Otro elemento peligroso para los propios complejos son las redes sociales. La dictadura del like perdido, la avalancha de fobias y filias. "Si en instagram sólo sigues a top models o bloggers esqueléticas, vas a tener una visión de la belleza muy concreta e inaccesible para la gente normal. Hay que disfrutar de lo variado de los cuerpos, tamaños, colores y volúmenes", explica Córcoles. "Y eso de subir una foto, que no reciba ningún me gusta y borrarla... todo el mundo se esfuerza muchísimo en mostrar su mejor cara, perfil, foto, viaje. Ya no nos comparamos sólo con la celebrity, sino con tu compañero de trabajo, tu vecina o tu prima, que tienen unas vidas mil veces más fantásticas que la tuya", sonríe. "No entendemos que ese momento es el más precioso de su semana, seleccionado. No hay que necesitar la aprobación constante de nadie".

Cuando un hombre es ambicioso se ve como algo normal, cuando una mujer lo es, se convierte en un estigma: parece materialista, competitiva en el sentido peyorativo

Es normal que el café se enfríe, que cedamos a esa hamburguesa que nos mira sin demasiada resistencia, que el vello crezca, los años pasen y no siempre haya ganas de poner buena cara. "Hay que asumir que no vas a ser la mejor en todo, pero es bueno ser ambiciosa en tu vida, en tu trabajo, en tus retos: cuando un hombre es ambicioso se ve como algo normal, cuando una mujer lo es, se convierte en un estigma: parece materialista, competitiva en el sentido peyorativo", concluye Córcoles. "Yo soy partidaria de que seamos ambiciosas. Y no en el físico, que al final es de las cosas menos útiles y donde a todas, a veces, nos gustaría ser mejores. Sino en la vida".