Dibujo y erotismo

Sexo ilustrado (y explícito) para desafiar a los carcas

Diez ilustradores presentan 'Cuando el negro se hace rosa', un álbum que explora la libido en sus diferentes expresiones. 

Ilustración de Lyona, incluida en Cuando el negro se hace rosa.

Ilustración de Lyona, incluida en Cuando el negro se hace rosa.

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Sexo explícito -en negro y rosa- en un mundo que esconde sus revistas porno debajo de la cama. Facebook censura la icónica imagen de un dedo entrando en una vagina -le pasó a la poeta Luna Miguel, que además vio clausurada su cuenta, con la portada de su libro sobre masturbación femenina-; Twitter tacha de "contenido sensible" la pintura de unos pechos firmada por Sarah Goodridge (que se encuentra en el Metropolitan Museum de Nueva York). Y sin embargo, Cuando el negro se hace rosa (Lunwerg) avisa desde la contraportada: "Un libro de sexo", reza. "Para que no haya sorpresas", sonríe María Herreros, una de las participantes.

"Lo hemos puesto tan claramente para que nadie diga después que se sintió ofendido al abrirlo". La obra reúne diez propuestas eróticas de diez ilustradores que trabajan de manera independiente. "Como no tenemos cena de empresa, nos reunimos por navidad en una especie de cena de autónomos", cuenta Amaia Arrazola, otra de las firmantes. "De cervezas se nos ocurrió: hacer un libro a dos tintas, de temática erótica, tamaño acordeón... y fuimos a proponerlo a la editorial. Fíjate qué curioso: siento que hemos hecho fuerzas, por decirlo de algún modo, en una profesión individualista, y hemos logrado invertir el proceso editorial. Ellos encantados".

En 'Cuando el negro se hace rosa' hay coito conyugal, deseo lésbico, orgías en el salón mientras miran los gatos. Vello púbico, besos, bragas en el suelo

En Cuando el negro se hace rosa hay mujeres desvaídas masturbándose; hay penes erectos, ojos cerrados, culos, pies arqueados, espejos, pezones, caricias y hombros; hay sexo oral, sexo escrito a fuerza de trazo, sexo brutal, romántico, real, también imaginario. Coito conyugal, deseo lésbico, orgías en el salón mientras miran los gatos. Vello púbico, besos con lengua, bragas en el suelo. "En mi trabajo personal suelo transmitir la belleza femenina, que siempre es más sutil. Nunca he tenido ningún problema, pero ahora queríamos ir más lejos, subir el tono y darle un punto más picante, saltarnos el tabú y mostrar un acto sexual explícito", explica Conrad Roset.

"El libro te avisa de que va de sexo: a quien no le guste, que no lo abra o que no lo compre. Hay libertad". Roset llama a esta obra casi un "experimento", un "pequeño lujo", una "pieza de artista": "Es un libro de autor, no busca ser un súperventas". María Herreros comenta que no se debe ocultar "el lugar tan evidente que ocupa el sexo en el mundo" y que, ante la sociedad opresora, ella trata de que no la influencien "estas inhibiciones": "No sé, con 32 años me queda poquita vergüenza, si la he tenido alguna vez. Trato de no atender a eso". Aquí algunas de las imágenes del libro comentadas por sus autores. Han participado también David de las Heras, Chamo San, Ricardo Cavolo y Sergio Mora. 

Amaia Arrazola

"A mí me apetecía hablar de la experiencia sexual de personas entre las que no hay contacto físico", relata la autora de esta ilustración. "Hay veces que para hacer el amor no es necesario que pase, sino que una persona esté continuamente pensando en la otra. Eso es lo que describo: una fantasía que se convierte en algo real". Lo explica también en el texto que acompaña el reverso de la imagen: "Follaban en la ducha. Follaban en la mesa, encima de una silla, en el sofá. Durante horas que parecían minutos, durante días que parecían horas. Lo hacían por la mañana al despertar, después de la siesta y antes de cenar".

Ilustración de Amaia Arrazola.

Ilustración de Amaia Arrazola.

"Follaban con la mente", continúa. "Lo hacían usando la imaginación, en sueños, sin tocarse. Se imaginaban el uno al otro, desnudos: las manos, los brazos, las piernas, el vientre, el cuello... Cicatrices que bajaban, lunares que subían. Se pensaban cada pliegue, cada doblez cada escondite, intentando adivinar lo que no conocían. Desde que se cruzaron aquel día, pasaban todas las noches juntos pensando el uno en el otro".

Lyona

La ilustración de Lyona representa una orgía en el salón: botella vacía sobre la mesa, planta inerme en la esquina, ropa interior desordenada, felinos observadores. Lyona relaciona sexos, bocas, manos y culos y los compone como un engranaje perfecto. Lo escribe ella misma: "Busco su boca. La muerdo y lo enveneno. Agonizando, mete su mano dentro de mis bragas y encuentra su perfecta madriguera. Acaricio su cola. Agonizamos los dos. Ella, que sigue detrás de mí acariciándome, se estremece al sentir el animal dentro de ella. La tiene bien cogida y no permitirá que se escape".

Ilustración de Lyona, incluida en Cuando el negro se hace rosa.

Ilustración de Lyona, incluida en Cuando el negro se hace rosa.

"Pero no va a dejarse ir sin saciar su sed entre mis piernas. Siento su lengua, áspera. La saliva me resbala por los labios. Más bocas, dedos, agujeros, gemidos, caricias. Los muslos se contraen los cuerpos se contorsionan, el encaje es perfecto. Se besan, se muerden, se tocan, se penetran... Siento la serpiente dentro de mí. La serpiente soy yo".

María Diamantes

La ilustración de María es una de las más evocadoras. Lo dijo Woody Allen: "Masturbarse es hacer el amor con la persona que más quieres". Diamantes nos propone una mujer abstracta, de piernas abiertas, libres y felices, de posición triangular. Sólo vemos su pelo oscuro cayendo, su boca entreabierta, sus dos pezones y la mano que es motor: con un brazo derecho invisible se pasa dos dedos por el clítoris, cubriendo el sexo. En el reverso de la imagen, María Diamantes ha elegido no poner palabras: sólo un pequeño clítoris rosa al que rodean dos palabras. Amor-mío.

Ilustración de María Diamantes.

Ilustración de María Diamantes.

María Herreros

"Buenas noches, mi coñito; me voy a acostar y pajearme hasta acabar. Escribe más y más sucias cosas, querida. Acaricia tu coñito mientras me escribes para hacer peor y peor lo que escribes. Escribe grandes las palabras obscenas y subráyalas y bésalas y ponlas un momento en tu dulce sexo caliente, querida... haz más si quieres y mándame entonces la carta, mi querida pajarita folladora", firmado JIM. 9 de diciembre de 1909; 44 Fontenoy, Street, Dublin. Herreros se ha apoyado en una de las cartas del escritor James Joyce a su esposa Nora Barnacle.

Ilustración de María Herreros.

Ilustración de María Herreros.

"Estas cartas eróticas me parecieron muy curiosas porque son muy sueltas, muy desenfadadas", cuenta. "Los personajes son asiáticos porque me gusta trasladar esa sensación literaria a diversas épocas y lugares. Hay en la habitación un juego de cartas... y un cuadro con unas palabras en chino sobre estas mismas sensaciones".

Paula Bonet

"La humedad y el calor te retendrán conmigo; entra muy dentro y tiembla. Y el juego empezaba una vez desdoblados. Mi sexo en tu cara y el tuyo en la mía. Tus dientes presionan muy fuerte mi coño. Tu lengua en mi lengua, tu leche en mi boca. Lametazos en la noche del tacto. Pero primero que muerdan tus manos mi piel como muerden mis labios". Lo escribe Paula Bonet, firmante de una escena lésbica: dos mujeres desnudas se acarician los hombros. Deslizan el dorso de la mano por el pecho de la otra.

Ilustración de Paula Bonet.

Ilustración de Paula Bonet.

Conrad Roset

El ilustrador Conrad Roset ha elegido representar a una pareja heterosexual: ella, extasiada, se apoya sobre él, que con una mano le acaricia un seno y con la otra la masturba.

Ilustración de Conrad Roset.

Ilustración de Conrad Roset.