Retrato de Rafael Moneo.

Retrato de Rafael Moneo.

Cultura Arquitectura

Rafael Moneo, el último arquitecto que dibujaba sus edificios

El Thyssen acoge la muestra más completa del Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2012, que explica cómo el dibujo no sirve para producir un objeto bello, sino para organizar el proceso mental. 

4 abril, 2017 04:41

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El 9 de mayo de 2012 Rafael Moneo cumplió 75 años. Ese mismo día fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes. Se reconocía así su trayectoria, y era el momento para que esta empezara a ser documentada y mostrada al público. La Fundación Barrié de A Coruña tomó la iniciativa y decidió realizar la exposición retrospectiva Rafael Moneo. Una reflexión teórica desde la profesión. Materiales de archivo (1961-2013), la más completa muestra del trabajo del arquitecto.

El propio Moneo encargó el comisariado de la misma a Francisco González de Canales, un joven arquitecto sevillano afincado en Londres que llevaba tiempo estudiando su producción teórica. Se expone esta retrospectiva ahora en el Museo Thyssen, uniendo así la celebración de dos aniversarios, el vigésimo quinto del museo y el octogésimo del arquitecto que proyectó la remodelación del Palacio que lo acoge.

El reto de exponer arquitectura reside en no tratar de reproducir los espacios, porque es un hecho imposible, ni que la muestra sea una sucesión de imágenes que impidan leer con calma los espacios proyectados.

Es por eso que Moneo era reticente a este tipo de exposiciones, hasta que encontró a través de Francisco González de Canales el modo de hacerlo. El comisario ha señalado en la rueda de prensa de presentación de la retrospectiva que se trata de mostrar cuál es la labor del arquitecto, cómo trabaja para conseguir plasmar en la realidad situaciones que parten de las ideas. El dibujo sirve para tratar de definir las decisiones que el arquitecto va tomando desde los primeros tanteos hasta la solución definitiva que tendrá en el edificio su ratificación definitiva.

El proceso mental

El arquitecto no emplea el dibujo para producir un objeto bello, sino que se vale de él para organizar su proceso mental. El modo de trabajar de Rafael Moneo permite que la exposición se articule en torno a sus dibujos. No se ha limitado a producir los planos técnicos que ayudan a la correcta traslación del proyecto del papel a la realidad construida, sino que ha tratado de generar dibujos que ayuden a entender ese proceso, y que muestren el marco teórico a partir del cual ese proyecto ha sido ideado. Desde el inicio de su carrera Moneo ha prestado especial atención al archivo de sus proyectos. Eso ha permitido que se pueda rastrear su trayectoria a partir de los dibujos que ha realizado.

Hasta que se extendió el uso del ordenador, el método de trabajo habitual era dibujar a lápiz sobre papel de croquis semitransparente

En ellos también se aprecia la evolución de su obra, desde los tanteos organicistas de sus propuestas para el concurso de la Ópera de Madrid a los exquisitos dibujos del Museo Thyssen. González de Canales cuenta que durante meses trabajó en el sótano del chalet del Viso donde Moneo tiene su estudio, desenrollando los planos guardados en tubos. Planos que con el paso del tiempo habían amarilleado, y que en muchos casos había que tratar con cuidado para que no se deshicieran.

Obradoiro.

Obradoiro.

Hasta que se extendió el uso del ordenador, el método de trabajo habitual era dibujar a lápiz sobre papel de croquis semitransparente. En el caso del arquitecto navarro sin llegar a utilizar la tinta china que concede al dibujo un aspecto más rígido y a su vez no permite cambios una vez dibujada. En los primeros proyectos como la propuesta en la Plaza del Obradoiro se puede apreciar el trazo a lápiz que define volúmenes a través del sombreado, no son dibujos técnicos sino que tratan de mostrar el espacio que construyen. Con este proyecto Moneo consiguió la beca para la estancia en la Academia de España en Roma, que fue definitiva en su carrera.

Italia y la arquitectura del pasado

En lugar de viajar a Estados Unidos y entrar en contacto con la vanguardia de la arquitectura que se estaba desarrollando en ese país, en parte por los arquitectos europeos que habían emigrado durante el ascenso del nazismo, Moneo decidió viajar a Italia, por consejo de su suegro Luis Martínez-Feduchi, autor del edificio Capitol. Gracias a esta estancia pudo entrar en contacto directo con las arquitecturas del pasado, lo que le afianzó en su postura de que la historia de la arquitectura es un legado del que el arquitecto se debe valer a la hora de proyectar su obra.

El dibujo no trataba de conseguir un objeto bello en sí mismo, sino que era una herramienta para ayudar a entender la construcción del edificio y lo relaciona con los que le han precedido

Frente al deseo de abrazar la modernidad perdida durante la guerra de las generaciones que le precedían, Moneo se enfrentó a dicha modernidad desde una posición crítica, dando el mismo valor a sus postulados y a los de las arquitecturas del pasado.

Esto se trasladó a su forma de dibujar. El dibujo no trataba de conseguir un objeto bello en sí mismo, sino que era una herramienta para ayudar a entender la construcción del edificio y lo relaciona con los que le han precedido, no solo por su forma sino también por sus modos de trabajo.

El arquitecto e historiador italiano Bruno Zevi, que tuvo para Moneo una gran influencia en el modo de entender la disciplina, señalaba que era necesario “enseñar historia de la arquitectura en las mesas de dibujo y enseñar a proyectar en los laboratorios de historia”.

La consagración internacional

Este método de trabajo tuvo su culminación en los dibujos realizados para el Museo de Arte Romano de Mérida, la obra que supuso su consagración internacional. Con este museo el arquitecto navarro quería reconstruir un gran espacio romano, para que el entendimiento de esa época no quedara limitado a los restos arqueológicos y a la interpretación de los historiadores. Devolver el esplendor pasado a la ciudad de Mérida a través de una arquitectura que integrara las ruinas y los restos en un edificio que incluye conceptos de la arquitectura contemporánea.

Para este proyecto Moneo trató de llegar al límite de las posibilidades del dibujo, y buscó mostrar la totalidad del edificio, sus espacios, su modo de construcción, su implantación en el terreno con un único dibujo. Fruto de este empeño intelectual son dos de los planos más importantes de la exposición. Dos axonométricas que son dignas de figurar en las paredes del museo una vez finalizada la exposición.

Un dibujo que evoca los tratados del siglo XVIII y que quiere mostrar que su arquitectura está fuertemente anclada a la historia y toma de cualquier época soluciones válidas que pueden seguir siendo utilizadas

En ellas se muestra al detalle el ritmo de los muros que definen los espacios, el ladrillo del que están construidos y el hormigón que ocultan en su interior y que evoca la construcción romana, los mosaicos expuestos, los detalles de iluminación del interior del museo y hasta las barandillas que protegen las pasarelas de los niveles superiores. Un dibujo que evoca los tratados del siglo XVIII y que quiere mostrar que su arquitectura está fuertemente anclada a la historia y toma de cualquier época soluciones válidas que pueden seguir siendo utilizadas.

Los planos para el museo Thyssen también muestran ese intento, y el comisario lamenta que por cuestiones de espacio no haya podido mostrarse un dibujo de gran formato que desplegaba las fachadas exteriores e interiores de todo edificio, con la ornamentación dibujada al detalle. Este dibujo era obra de uno de los colaboradores más queridos de Rafael Moneo, Luis Moreno Mansilla, fallecido en 2012.

Frente a las infografías

A partir de aquí la exposición cambia. La presencia del dibujo a mano empieza a quedar en segundo plano o hasta a llegar a desaparecer. El cambio en los métodos de trabajo, la complejidad creciente de alguno de los edificios proyectados no permite reconstruir la arquitectura a través del dibujo. Sigue dibujándose a mano, pero en etapas iniciales del proyecto, donde los trazos rápidos siguen ayudando a traducir las intuiciones.

De hecho ya no existen los tableros sobre los que poder realizar esos dibujos, más allá de algún hueco para la nostalgia. Para mostrar lo que el proyecto quiere transmitir se recurre a otras técnicas. Frente al trabajo con infografías que se ha impuesto en la práctica totalidad de los estudios, Moneo sigue confiando en el dibujo como herramienta (los planos de situación de todos los proyectos siguen siendo dibujados con el mismo estilo que utilizara desde los años 70) y en la producción de maquetas.

Frente al trabajo con infografías que se ha impuesto en la práctica totalidad de los estudios, Moneo sigue confiando en el dibujo como herramienta

Muestra de ello son las fantásticas maquetas del auditorio Kursaal en San Sebastián o la de de la catedral de Los Ángeles, otras de las piezas claves de la exposición. Maquetas de madera y metacrilato que muestran los volúmenes exteriores del edificio pero que a su vez enseña el interior del mismo y permite evocar en cierto modo la sensación que produce situarse en él.

Auditorio Kursaal en San Sebastián.

Auditorio Kursaal en San Sebastián.

Este proyecto de la catedral ha sido otro de los grandes logros de Moneo, y vuelve a mostrar que el empeño de la construcción de un templo de este tipo puede beber de la mejor arquitectura del pasado para poder conectar con la memoria del espacio sagrado. Así tiene la verticalidad del gótico, la calidez de la luz de los espacios bizantinos y el dinamismo de la arquitectura contemporánea.

Labor en la Universidad

La muestra es un recorrido por la trayectoria vital de Rafael Moneo. Una trayectoria vital y profesional que no se entiende sólo desde su aportación con la construcción de edificios, sino también desde su labor en la universidad, renovando los métodos docentes en las escuelas españolas en los años 70 y en las americanas a mediados de los 90. Ha influido con su magisterio en varias generaciones de arquitectos a ambos lados del Atlántico.

Su labor en la universidad consistió en renovar los métodos docentes en las escuelas españolas en los años 70 y en las americanas a mediados de los 90

Y ese recorrido se puede seguir a través de los proyectos realizados. Edificios en Navarra al inicio de su carrera, en Madrid o Barcelona durante sus etapas como profesor en ambas ciudades, y las primeras obras internacionales desde su puesto de decano del Departamento de Arquitectura del ISD de la Universidad de Harvard.

Esta labor docente ha sido acompañada siempre por una producción teórica y crítica a lo largo de toda su carrera. Un corpus teórico que se encuentra disperso en múltiples publicaciones. Moneo siempre ha manifestado su interés por la filosofía, con gran influencia de la obra de Ortega y Gasset. Ante la pregunta de si considera la posibilidad de reunir esos escritos, su filosofía de la arquitectura en definitiva, Moneo manifiesta que sí está entre sus tareas pendientes, pero que no encuentra el momento ni el impulso adecuado. González de Canales le ha insistido en ello, pero después de casi seis años de trabajo intenso con su archivo prefiere dejar la labor a otro investigador.