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Los presos son sus propios carceleros en Brasil

El estado brasileño de Pernambuco ha delegado el control de celdas y pabellones a reclusos, denuncia Human Rights Watch. 

Los reclusos viven hacinados en las cárceles de Pernambuco.

Los reclusos viven hacinados en las cárceles de Pernambuco.

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Se llaman presos chaveiros ('llaveros') y son los nuevos carceleros de las prisiones del estado de Pernambuco, en el noroeste de Brasil. Mientras los guardias penitenciarios controlan el perímetro exterior del presidio, los llaveros controlan los pabellones interiores y las celdas. A menudo son presos condenados por delitos graves que las autoridades penitenciarias escogen por su capacidad para infundir respeto entre sus compañeros. Así lo denuncia Human Rights Watch (HRW) en un informe -El estado permitió que reinara el mal: La crisis penitenciaria en el estado brasileño de Pernambuco- publicado este martes.

Los llaveros son consecuencia de la falta de recursos del sistema penitenciario local, que está desbordado, asegura el grupo pro-derechos humanos. Hay más de 600.000 presos en las cárceles brasileñas, unos 200.000 por encima de su capacidad. En Pernambuco, hay 32.000 cuando la capacidad es para 10.500. Y la mayoría de los detenidos esperan ser llamados a juicio entre reclusos que ya han sido condenados. “El estado ha metido a decenas de miles de personas en pabellones destinados a un tercio de esa cantidad, y ha entregado las llaves a internos que usan la violencia y la intimidación para manejar las prisiones como si fueran su propio feudo”, denuncia Maria Laura Canineu, directora para Brasil de HRW, en un comunicado.

Las cárceles del estado de Pernambuco carecen además del personal necesario. La proporción es de uno por cada 30 reclusos, según datos del Ministerio de Justicia citados por HRW. Los llaveros se aprovechan del hacinamiento en las cárceles y la falta de control. Comercian con droga y espacios para dormir en los presidios. Y dirigen “milicias” de presos para extorsionar a aquellos que no quieren pagar.

HRW señala como causa fundamental del abarrotamiento en las cárceles el hecho de que no se realicen audiencias de prisión preventiva, en las que el juez decide si el detenido debe permanecer bajo custodia o quedar en libertad hasta el día del juicio.