La Presidencia chipriota del Consejo, que se prolonga hasta junio de 2026, ha presentado en el Parlamento Europeo una agenda ambiciosa, guiada por tres grandes ejes: seguridad, transición verde y digital, y defensa de los derechos fundamentales.
Chipre busca reforzar la autonomía estratégica de la UE, reducir dependencias externas en energía, defensa y suministros críticos, y apuntalarlo todo con un futuro presupuesto capaz de sostener esas prioridades.
Nicosia apuesta por endurecer la respuesta frente a la delincuencia organizada, el terrorismo, el abuso sexual infantil y las amenazas digitales, apoyándose en Europol y en unas fronteras exteriores más robustas.
Aboga por la aplicación del Pacto de Migración y Asilo con más retornos mediante acuerdos con terceros países.
Los eurodiputados, sin embargo, han aprovechado las audiencias para lanzar advertencias: reclaman mayor protección del Estado de derecho, salvaguardias para la independencia judicial y una respuesta más contundente frente a la injerencia extranjera y la desinformación.
El mensaje de fondo es que la seguridad no puede servir de excusa para rebajar estándares democráticos.
En el terreno económico y social, la Presidencia chipriota pone sobre la mesa una agenda del consumidor para 2030 centrada en atajar prácticas engañosas y blindar a los menores en sus relaciones on line, entre otras iniciativas.
En paralelo, sitúa el empleo justo e inclusivo, la movilidad laboral y la lucha contra la pobreza —sobre todo la infantil— entre sus grandes banderas, sumando el acceso a la vivienda asequible y sostenible como derecho básico y el refuerzo de los cuidados de larga duración y los derechos de las personas con discapacidad.
El Parlamento de la UE insiste, en este punto, en que sin un presupuesto plurianual ambicioso estas promesas pueden quedarse en papel mojado.
Por eso, pide partidas específicas y recursos adecuados para las políticas sociales.
La negociación del próximo marco financiero se perfila así como una prueba de fuego para la credibilidad de la Presidencia.
La dimensión ecológica adquiere también un peso central. Chipre eleva la resiliencia hídrica a cuestión de seguridad, estabilidad económica y salud pública, en un contexto de sequías crecientes en Europa.
Defiende mantener la ambición del Pacto Verde mientras avanza la transición hacia una economía circular y se revisan las normas de emisiones de vehículos, pese a las presiones para aflojarlas.
Agricultura y Pesca
En agricultura y pesca, la Presidencia promete innovación, simplificación normativa y una PAC bien financiada, a la vez que busca reforzar la política pesquera común, modernizar la flota y cerrar acuerdos de pesca sostenible con socios como Mauritania y Marruecos.
Aquí el choque con los eurodiputados es evidente, que ven "inaceptables" los recortes propuestos para el sector y exigen que las importaciones agrícolas respeten los mismos estándares que se imponen a los productores europeos.
La proyección exterior y la seguridad clásica completan el cuadro. Chipre apuesta por una Europa más autónoma, pero firme en su respaldo a Ucrania, combinando apoyo militar, industrial y humanitario, y por reforzar la industria de defensa, la preparación militar y la seguridad marítima.
Las comisiones también han puesto el foco en la situación en Gaza, Irán, el papel de Turquía y la ampliación de la UE, que la Presidencia presenta como una inversión estratégica en el futuro del proyecto europeo.
En el plano institucional, Nicosia llega con una agenda reformista: quiere avanzar en los cambios ligados a la ampliación, revisar el Acta Electoral Europea —incluido el voto por delegación— y fortalecer el derecho de investigación del Parlamento.
El debate sobre abandonar la regla de la unanimidad en política exterior, en un entorno geopolítico volátil, será uno de los termómetros de hasta dónde está dispuesta a llegar la UE en su propia transformación.
Por último, en cuanto a derechos y libertades, Nicosia coloca en primer plano la igualdad de género y la lucha contra la violencia machista.
