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El cuerpo no está preparado física ni mentalmente para el estrés que supone un vuelo largo. Estar durante tanto tiempo a miles de kilómetros de altura, la deshidratación, la inmovilidad, el ruido... todos son factores que afectan, y mucho, a nuestra salud y que hacen que muchas veces nos sintamos cansados, hinchados o con una niebla mental al llegar a destino.

Las grandes compañías aéreas lo saben. Y por eso tratan de diseñar, al menos en su zona business, cabinas que nos permiten tumbarnos; asientos espaciosos donde estirar las piernas y hasta asientos que nos masajean la espalda con el paso de las horas.

Pero los expertos en longevidad saben que aún se puede hacer más. Que hay formas de preparar el cuerpo antes y durante el vuelo para minimizar estos efectos y que el bienestar tiene que empezar a ser estructural más que un servicio. Tiene que influir en el diseño del espacio que habitamos.

Patricia Draghici ha apostado por cuatro pilares que marcan su proyecto en todas sus vertientes. E. E.

Y de eso sabe mucho Patricia Draghici, fundadora Slow, la empresa vasca que diseña experiencias que usan el bienestar y la longevidad como activo estratégico, y la única mujer que ha sido elegida por Emirates Group para poner en marcha un proyecto que luche contra los efectos del jet lag y los vuelos de larga duración.

"Ya no valen servicios aislados de bienestar básicos o tradicionales como un spa o comida saludable, sino también una infraestructura que acompañe nuestro día a día como regular la luz, una nueva arquitectura, entornos que nos cuidan con los sonidos, los materiales, el filtrado del aire... Y el sector de la aviación necesita de esto", explica esta emprendedora.

Fue ella misma la que contactó por LinkedIn con el director de Innovación de Emirates para saber qué estaban haciendo al respecto. "Oriente Medio es un lugar donde se está invirtiendo mucho en bienestar, incluso en políticas de bienestar".

No solo se trata de ampliar las cabinas de Business sino mejorar los efectos. Emirates

Directamente le habló del reto que lanzaban a nivel global Emirates Group, Airbus, GE Aerospace, Thales y Collins Aerospace, sobre la base "intencionadamente abierta" de ver cómo mejorar la salud de pasajeros y tripulación en los grandes vuelos.

Se pasó todas las Navidades pasadas aplicando su bagaje en bienestar y longevidad para articular un proyecto que ha sido uno de los tres seleccionados por la compañía aérea para ponerlos en práctica desde el mes de octubre como en pruebas.

"El objetivo es explorar cómo integrar bienestar dentro de la experiencia aérea, no como un servicio aislado sino como una capa que nos acompañe antes de volar, en el aeropuerto y durante el vuelo basándonos en cuatro pilares: sueño, calma, movimiento e hidratación", aclara Draghici.

Para contrarrestar directamente los efectos del jet lag, el proyecto se basa en tres fases.

La primera es facilitar un plan de viaje personalizado previo, con recomendaciones sobre el descanso, la luz, el movimiento, la cafeína y el alcohol para empezar a ponerlo en marcha unos días antes del viaje.

La deshidratación, la luz y el ruido son factores que afectan a nuestro cuerpo y a nuestra mente. iStock

Se trataría de una aplicación con la que Patricia Draghici busca prepararnos para el viaje, cambio de horario y la llegada: "Cada persona pone su origen y destino y nuestro algoritmo crea un plan de viaje en función de si vas al este o al oeste, con unas intervenciones sencillas que nos ayuden a prepararnos".

La segunda fase se desarrollaría en el aeropuerto, en el entorno del Lounge, con unas cabinas de actuación en las que se busca hacer un reset de 15 minutos antes del embarque o bien durante una escala, que ayude a acondicionar el cuerpo y evitar tripas revueltas, piernas hinchadas, una neblina cognitiva o la falta de energía habitual con la que se llega a destino.

El tercer paso, ya en el avión, es una experiencia concebida como un amenity tradicional pero en vez de ser un neceser con cepillos, cremas o toallitas, es un kit con suplementos para descansar, unas gafas bloqueadoras de la luz azul para las pantallas y bebidas funcionales según la hora y el trayecto que hagamos.

El proyecto incluye no sólo una parte dentro del avión como también en el aeropuerto. E. E.

"Hay que tener en cuenta que no es un servicio de lujo más sino que queremos pensar que el viaje es una experiencia íntegra que nos afecta al cuerpo y a la mente", insiste esta experta en bienestar.

La experiencia piloto se va a poner en marcha en dos vuelos, uno hacia el este y otro hacia el oeste, con destino o salida de Dubai para testar el efecto del proyecto completo en 200 personas entre viajeros y tripulación. Y sobre todo para validar con datos algunas de las hipótesis que maneja Patricia.

"La más importante es aumentar la mejora del sueño, tanto en calidad como cantidad, y reducir la niebla mental para ver que puedes llegar del vuelo con más energía y más fuerzas", aclara.

La creadora de Slow cree que este sí es un verdadero lujo por el que muchos viajeros estarían dispuestos a pagar un extra en sus billetes. E incluso que se puede ampliar con perfiles más personalizados en función del objetivo del viaje: "No es lo mismo volar para una reunión que no quieres llegar con esa niebla mental que para una maratón, que lo que buscas es acabar en buena forma física".

En cualquier caso, para Patricia Draghici esto es una realidad en el mundo viajes y hostelería que no se va a poder parar: "Por mucho que sofistiquemos viajar sigue siendo una experiencia dura en nuestro cuerpo que hay que paliar con bienestar".