El Cerro de la Silla nunca desaparece del horizonte. Da igual desde dónde se mire. Acompaña el paseo por la Macroplaza, asoma entre los rascacielos del distrito financiero y vuelve a aparecer cuando la ciudad queda atrás camino de Santiago.
Esa presencia constante sirve de brújula para recorrer Monterrey, una ciudad acostumbrada a vivir mirando a la montaña y que ha encontrado en ella buena parte de su personalidad.
La capital de Nuevo León rompe muchos de los tópicos asociados a México. Aquí no hay playas de arena blanca ni complejos turísticos frente al mar. En su lugar aparecen avenidas modernas, una intensa actividad cultural, una gastronomía con identidad propia y un entorno natural que comienza prácticamente donde termina la ciudad.
La cumbre más alta del Cerro de la Silla, el Pico Norte, alcanza los 1.821 metros de altitud.
El recorrido puede comenzar en la Macroplaza, uno de los espacios públicos más extensos del mundo. Con 40 hectáreas, equivale a unos 56 campos de fútbol y es aproximadamente cuatro veces la Plaza Mayor de Madrid, si se compara la superficie abierta de ambas.
Jardines, edificios históricos, museos y plazas se suceden en un paseo que conduce hasta el Barrio Antiguo, donde las construcciones coloniales conviven con cafeterías, galerías de arte, restaurantes y pequeñas tiendas.
Cuando cae la tarde, las calles del Barrio Antiguo se llenan de terrazas y música en directo.
A pocos pasos arranca el Paseo Santa Lucía, el canal artificial navegable más largo de Latinoamérica. Sus casi dos kilómetros y medio unen el centro histórico con el Parque Fundidora a través de un recorrido que permite contemplar la ciudad desde otra perspectiva.
Este antiguo complejo siderúrgico, convertido hoy en un gran parque urbano, ha conservado los altos hornos y buena parte de sus estructuras industriales como parte del paisaje.
A ambos lados del Paseo Santa Lucía aparecen jardines, esculturas y espacios públicos.
Entre lagos, museos, auditorios y amplias zonas verdes, resulta difícil imaginar que aquellas instalaciones fueron el corazón de la industrialización del norte de México. Hoy son también el escenario de festivales y grandes eventos que han situado a Monterrey como una referencia cultural y de entretenimiento.
La historia industrial de la ciudad continúa unos kilómetros más allá del Museo del Vidrio. La colección recorre la evolución de un material estrechamente ligado al desarrollo económico de Nuevo León y permite comprender por qué la ciudad se consolidó como uno de los principales polos industriales del país.
Ese dinamismo encuentra su máxima expresión en San Pedro Garza García, considerado uno de los municipios con mayor poder adquisitivo de Latinoamérica.
Sus avenidas arboladas, hoteles de alta gama, restaurantes de autor y zonas comerciales muestran una faceta sofisticada que convive con el resto de la metrópoli sin perder el contacto con las montañas siempre presentes en el horizonte.
Entre las montañas
La mejor forma de descubrir que Monterrey vive pegada a la naturaleza es abandonar el centro. Apenas hace falta media hora para que los edificios cedan el protagonismo a las paredes de roca de La Huasteca, uno de los paisajes más reconocibles del estado.
Las paredes de roca caliza de La Huasteca alcanzan 800 metros de altura.
Sus enormes formaciones calizas se han convertido en un paraíso para senderistas, escaladores y ciclistas de montaña. Incluso quienes prefieren recorrerla sin demasiada exigencia encuentran aquí una sucesión de miradores capaces de explicar por sí solos por qué Nuevo León ha apostado por el turismo de naturaleza como uno de sus grandes atractivos.
El viaje continúa hacia el sur, donde el ritmo cambia por completo. Santiago, reconocido como Pueblo Mágico desde 2006, conserva el ambiente tranquilo de las localidades coloniales mexicanas.
'Pueblo Mágico' distingue a localidades con un especial valor histórico, cultural o natural.
La plaza principal, la iglesia de Santiago Apóstol y las calles empedradas invitan a caminar sin prisa. Situado a unos 30 kilómetros de Monterrey, es una escapada habitual para los propios regiomontanos, que encuentran aquí un respiro al ritmo urbano sin renunciar a una amplia oferta gastronómica y de actividades al aire libre.
Muy cerca espera otro de los iconos naturales del estado: el Parque Ecoturístico Cola de Caballo. La cascada, alimentada por el río que desciende desde la Sierra Madre Oriental, recibe su nombre por la forma que adopta el agua al precipitarse entre las rocas. Junto a él, se encuentra el bungee más alto del país, con un salto de 70 metros de altura.
La catarata Cola de Caballo tiene una caída de unos 25 metros.
Para quienes buscan una inmersión aún mayor en la naturaleza, el Parque Nacional Cumbres de Monterrey despliega un territorio de montañas, cañones, bosques y ríos que ocupa buena parte del estado. Es uno de los grandes espacios protegidos de México y alberga algunos de los escenarios más espectaculares para practicar senderismo, barranquismo o escalada.
El sabor de Monterrey
De vuelta a la ciudad llega el momento de descubrir otra de las grandes señas de identidad regiomontanas: la gastronomía. Aquí la carne asada es mucho más que una especialidad culinaria. Forma parte de la cultura local.
Quienes buscan una experiencia de alto nivel encuentran en Holsteins uno de los asadores más prestigiosos, reconocido entre los mejores restaurantes especializados en carne del mundo.
Otra parada imprescindible es Cuerno, que reinterpreta la tradición del asador con recetas que incorporan sabores mexicanos y una puesta en escena cuidada hasta el último detalle.
San Pedro Garza García concentra algunos de los restaurantes más prestigiosos de México.
Cuando cae la noche, Monterrey vuelve a cambiar de registro. Café Drama resume bien ese carácter imprevisible de la ciudad. Durante el día funciona como una cafetería, pero al anochecer una puerta camuflada tras un frigorífico conduce a un espacio completamente distinto.
Tras ella aparecen salas con DJ, un piano bar, una pizzería donde la música cambia de ambiente según avanza la noche, un fotomatón, mesas de juego e incluso un rincón donde un tarotista recibe a los más curiosos.
Descubrir Monterrey desde España es, además, más sencillo que nunca gracias a la nueva conexión directa de Iberia, inaugurada el pasado 2 de junio.
La compañía opera tres vuelos semanales, con salidas desde Madrid los martes, viernes y sábados a las 13:10 horas, mientras que el regreso desde Monterrey despega esos mismos días a las 18:35 horas.
La nueva ruta elimina escalas entre ambos destinos y abre una puerta directa para conocer una ciudad que representa una de las caras más desconocidas de México.
