Cristina Fernández
Publicada

En cuanto uno llega a Jungfrau, la región suiza en la zona alpina, es consciente de que, aquí, todo es a lo grande. Y, cuando decimos “a lo grande”, vamos muy en serio.

Porque hablamos de que, en escasos kilómetros cuadrados, se concentran la estación de montaña más alta de los Alpes y picos que superan los 4.000 metros de altura, pero también imponentes cascadas, valles que parecen salidos de un cuento de hadas y pueblitos rurales rebosantes de encanto donde despertar cada día con el sonido de los cencerros de las vacas que pastan alrededor.

Estas escenas, pintorescas y cautivadoras —pero, sobre todo, típicamente suizas—, convierten las 36 horas que vamos a pasar escudriñando hasta el último rincón de la región en una experiencia intensa y profundamente sensorial.

El tren es una de las mejores formas de recorrer la región. @Jungfraubahnen

Grindelwald, el punto de partida a la red ferroviaria alpina es parte esencial del viaje y una de las formas más bellas, no cabe duda, de adentrarse en la región. Desde Interlaken, el trayecto hacia Grindelwald, que será nuestro campo base, es ya una declaración de intenciones: praderas verdes, coquetos chalets de madera y montañas que se elevan al infinito nos tendrán pegados a la ventanilla del vagón.

El pueblito alpino de Grindelwald se halla a los pies de la cara norte del Eiger, una de las montañas más populares, y ha sido durante siglos puerta de entrada a los grandes picos de la región de Jungfrau.

Su ubicación, a 1034 metros de altitud, lleva a que en él se alternen las tiendas especializadas en material de montaña con coquetos alojamientos.

No es casual que aquí se desarrollara parte de la historia del alpinismo moderno y que hoy cuente con acceso directo a teleféricos, rutas panorámicas y algunos de los paisajes más fotografiados del país.

Los deportes alpinos es uno de los atractivos de esta zona. @Jungfraubahnen

Una de las habitaciones del hotel Bergwelt Grindelvald.

Elegimos uno de los hoteles más exclusivos, el Bergwelt Grindelvald, para alojarnos. Al traspasar sus puertas entendemos que, en este elegante espacio, lo moderno y la tradición suiza se complementan a la perfección.

De diseño contemporáneo, ambiente sereno y profundamente conectado con el paisaje, solo por admirar las vistas a la montaña desde la intimidad de la habitación ya merece la pena hospedarse en él.

Tampoco estará de más, eso sí, aprovechar algún rato libre para disfrutar de los 800 metros cuadrados de spa panorámico o de su cuidada propuesta gastronómica.

Eiger Express en la región alpina suiza. Jungfrau

Una vez instalados, decidimos aprovechar la mañana subiéndonos al Eiger Express, el telecabina que en solo 15 minutos nos conecta con Jungfraujoch, la estación ferroviaria del glaciar Eiger, también llamada Top of Europe: situada a 3.454 metros de altitud es, efectivamente, la más alta del continente.

Inaugurada en 1912, su construcción sigue siendo una proeza de la ingeniería alpina: el ferrocarril, excavado en el interior de la montaña, avanza entre túneles y miradores abiertos al glaciar.

Un mirador a las montañas más altas con picos de hasta 4.000 metros. @Jungfraubahnen

Una vez fuera, el aire gélido se siente en el rostro, la nieve cruje bajo los pies y la luz luce más intensa. El paisaje es impactante y seduce al asomarnos al mirador de Sphinx Observatory. La panorámica al glaciar Aletsch, el más largo de los Alpes, con más de 20 kilómetros de hielo serpenteando entre cumbres de hasta 4.000 metros de altura, es fascinante.

Antes de regresar, y si no nos animamos con una excursión guiada con raquetas de nieve, una última tentación: deleitarnos con una exquisita fondue maridada con vistas —y alguna copa de vino blanco— en Crystal, el restaurante de cocina suiza de la estación.

Una tienda de los famosos quesos suizos en Grindelwald. Jungfrau Region Tourismus

Para rematar la jornada, y una vez de vuelta en Grindelwald, tomamos el autobús número 122 que nos conduce, en apenas 10 minutos, hasta otro rincón espectacular: la garganta glaciar moldeada por el ya desaparecido glaciar Gorge.

Enfilamos la caminata por pasarelas de madera entre paredes rocosas de 300 metros de altura mientras admiramos el poder de la naturaleza y aprendemos, gracias a pequeños carteles, curiosidades acerca de la geología y la mitología del lugar.

Una de las pasarelas de madera sobre el valle en Jungfrau. @Jungfraubahnen

Al llegar a uno de los puntos culminantes de la excursión, sacamos el niño que todos tenemos dentro para entregarnos al deleite de saltar sobre una extensa red de 170 metros cuadrados que, a modo de telaraña, queda suspendida sobre las imponentes aguas del río Lütschine.

Adrenalina al poder

La última mañana en Jungfrau augura momentos memorables, por lo que mejor no escatimar en rica bollería, quesos suizos y zumos naturales en el desayuno. Con las botas de trekking bien amarradas, afrontamos la experiencia alpina en estado subiéndonos al teleférico que nos lleva hasta Grindelwald First, a 2.168 metros de altura.

Alcanzada la parada final, podemos decidirnos entre recorrer el First Cliff Walk, una pasarela suspendida sobre el vacío que ofrece una primera dosis de vértigo y vistas memorables del macizo del Eiger frente a nosotros, o animarnos con la ruta senderista que serpentea hasta el espectacular lago Bachalpsee, donde los Alpes suizos brindan su postal más icónica: las montañas reflejadas en el agua y las vacas pastando —y posando para los fotógrafos amateur sin pudor alguno— por los alrededores.

Bachalpsee, un lugar único en los Alpes suizos. Jungfrau Region Tourismus

A la hora de bajar, y para quienes quieran un poco de adrenalina, dos alternativas al paseo en teleférico: hacer una parte en el First Flieger, una tirolina que recorre 800 metros a 84km/h, o en Trottibike, una suerte de mitad bicicleta, mitad monopatín, en la que deslizarnos por los caminos alpinos con total libertad.

Una opción que nos regalará, damos fe, recuerdos únicos que llevarnos a casa.