La Alhambra es el monumento más conocido de España en el mundo entero pero, aún así, sigue guardando algunos secretos y, sobre todo, sigue reservándose algunas zonas a las que no puede acceder el público en general.
En Destinos te mostramos uno de esos salones jamás visitados. Está ubicado en un torreón cerca del Peinador de la Reina, ese lugar donde Isabel de Portugal solía sentarse frente a las increíbles vistas de Granada.
Si nos asomamos desde allí, veremos, a la derecha, un torreón encalado en un color rojizo que apenas llama la atención respecto al conjunto. El mirador contrasta por la pintura blanca que resalta unas ventanas que no se abren nunca.
Imagen del torreón junto al Peinador que no se visita.
Dentro, se conservan unas increíbles pinturas de época cristiana que, por ahora, sólo podemos ver en fotos, pero que demuestran el amor por embellecer La Alhambra que tuvieron Carlos I y su mujer, quienes creían que se encontraban en uno de los lugares más impresionantes de su imperio.
Los tonos blancos y rojos de la parte alta de los frescos contrastan con el labrado de la parte baja en la que se ha mantenido la decoración caligráfica de origen árabe que tuvo en su tiempo este salón, antes de 1492.
Parte de las pinturas de este salón.
Una de las esquina del torreón secreto.
Los colores originales demuestran que estamos viendo una cosa diferente al resto de los Palacios Nazaríes y la cúpula de estrellas dorada y verde sigue conectando con esos cielos mágicos que los árabes crearon donde no se podía ver de manera natural.
Pero este no es el único secreto que guarda esta fortaleza.
La cúpula del torreón que no se puede visitar en La Alhambra.
Detalle de una de las paredes del torreón que no se visita.
La mano de Fátima y la llave
Nada más entrar por la Puerta de la Justicia, una leyenda advierte de que cuando la mano de Fátima agarre la llave que hay debajo, será el fin del mundo.
Ahora mismo es la entrada más utilizada por los visitantes que van a La Alhambra pero también como curiosidad hay que saber que fue el lugar donde se celebró la primera misa cristiana tras la Reconquista aprovechando la gran explanada que se abría.
Puerta de la Justica con la mano de Fátima encima y la llave debajo.
Por ahora, la mano sigue rígida pero el dicho viene de lo seguro que estaban los nazaríes cuando levantaron la fortaleza que Yusuf I aseguró que ningún ejército la haría caer. Claro que eso fue antes de 1492.
Los túneles
Hoy en día se sabe que esta joya nazarí está conectada por el subsuelo con el río Darro para proveer de una vía de escape tanto para los emisarios como para los dirigentes, en caso de necesidad.
En la ladera de La Alhambra, hay hasta una cueva tapiada que llevaba directamente a la galería subterránea que alcanza los famosos palacios. Nos gustaría pensar que por esta puerta entre la maleza, entraban y salían de los aposentos reales amantes, traidores o salvadores de los reyes nazaríes. Nadie lo sabe con seguridad.
También se han descubierto 21 mazmorras que tienen una entrada por la zona de la Alcazaba aunque sí hay constancia de que no todas eran usadas como prisión. De hecho, algunos espacios servían como almacén para el cereal que recogían para garantizarse la comida en caso de asedio.
La frase más escrita
La decoración caligráfica en los edificios de origen árabe es una de las presencias más características. Normalmente se incluyen versículos del Corán y la famosa shahada: "No hay más dios que Alá y Mahoma es su profeta".
Escudo de la dinastía nazarí en el Palacio de La Alhambra, con la frase en medio.
Pero en La Alhambra, la frase más repetida en las paredes, artesonados y hasta en las columnas es "No hay victoria sin Dios" o "Sólo Dios es victorioso", como se ha traducido también.
Los nazaríes hicieron de esto un lema que aparece hasta en su escudo y que busca dejar claro que todo se lo debemos a Dios porque hasta las mayores gestas personales que podamos imaginar son cosa de Alá.
Las tumbas de los Reyes Católicos en la Capilla Real de Granada.
El entierro de Isabel la Católica
No había nada preparado para que la reina Isabel I fuera enterrada en Granada. Pero su último deseo fue descansar eternamente en la ciudad que completó su Reconquista.
Por eso, cuando falleció en 1504 en Medina del Campo, un cortejo fúnebre la llevó hasta la ciudad nazarí para enterrarla en el Convento de San Francisco de La Alhambra, lo que hoy es el Parador de Turismo.
De hecho, ella quería que fuera una sepultura sencilla, con el hábito franciscano y ningún lujo. Pero su hijo Carlos V no estaba de acuerdo y ordenó construir la suntuosa Capilla Real en la catedral granadina.
Después de 17 años en La Alhambra, el 10 de noviembre de 1521, sus restos fueron llevados a la cripta donde luego se le unió su marido, Fernando el Católico, y uno de sus nietos. Y donde podemos seguir visitándolos.
