El Ayuntamiento de Valencia ha vuelto a sacar a licitación la limpieza de la fachada del Mercado Central al no presentarse ninguna oferta en la primera convocatoria.
El proyecto, con un presupuesto de más de 800.000 euros y un plazo de ejecución de cinco meses, contempla el aseo en profundidad de las fachadas y la cúpula del inmueble construido entre 1914 y 1928 y catalogado como Bien de Interés Cultural.
En abril, el equipo de gobierno aprobó el proyecto básico y el 27 de julio la licitación se publicó en la Plataforma de Contratación del Sector Público. El procedimiento, sin embargo, se declaró desierto un mes después, ya que no se presentó ninguna empresa.
Por ello, la Junta de Gobierno local acordó este septiembre ampliar los plazos de tramitación para poder sacar adelante el nuevo procedimiento y que se ejecuten los trabajos en el histórico mercado, uno de los atractivos turísticos más importantes de la ciudad.
La actuación tiene como objetivo frenar la degradación del inmueble y devolver la iluminación natural al interior, ya que las partes acristaladas del edificio presentan un alto nivel de suciedad.
Al tratarse de un edificio protegido con un alto valor patrimonial, las obras se circunscriben estrictamente al saneamiento superficial de la envolvente.
Los trabajos
El proyecto ha sido redactado por Arae Patrimonio y Restauración SLP, bajo la dirección del arquitecto Xavier Laumain, especializado en conservación y restauración del patrimonio cultural.
Una de las actuaciones más destacadas será la recuperación de los colores de la Reial Senyera y de los escudos de la ciudad presentes en las vidrieras, además de la limpieza de la piedra de las fachadas.
Así, se llevará a cabo la limpieza de lamas, cristales, vidrieras, elementos cerámicos, piedra y morteros mediante procedimientos específicos, tanto químicos como mecánicos, adaptados a las características de cada material y con especial atención a aquellos elementos más delicados.
Además, se contempla la sustitución de lamas y cristales que se encuentren deteriorados, dando prioridad a aquellos cuya conservación pueda representar algún riesgo. También se actuará sobre las vidrieras que requieran trabajos de restauración.
Debido a la complejidad arquitectónica del edificio modernista, todos los trabajos sobre los cristales de la fachada, los lucernarios y las cúpulas serán realizados por operarios especializados en trabajos verticales y bajo la supervisión de un restaurador, con el objetivo de garantizar la máxima protección de los elementos del edificio.
El Mercado Central de Valencia.
Para proteger los puestos de venta y al público durante la ejecución, se extenderán lonas blancas impermeables de alta resistencia justo debajo de los lucernarios en los que se esté trabajando.
Con el objetivo de reducir las molestias a comerciantes, clientes y visitantes, se contemplará la posibilidad de interrumpir temporalmente los trabajos durante los periodos de mayor actividad comercial y determinadas fechas festivas.
La empresa adjudicataria comenzará la intervención por la fachada situada en la avenida del Oeste y avanzará en sentido contrario a las agujas del reloj hasta completar el perímetro y finalizar en la fachada recayente a la plaza Ciutat de Bruges.
Estado del Mercado
El Mercado Central fue objeto de una rehabilitación integral a principios de los años 2000 y, desde entonces, únicamente se han llevado a cabo labores de mantenimiento propias del uso cotidiano.
El objetivo inicial del equipo de Gobierno, según señala la memoria del proyecto, era la de limpiar las fachadas y las cristaleras, pero las primeras inspecciones determinaron que "las patologías superficiales de las fachadas tenían mayor alcance de lo previsto inicialmente", por lo que se optó por ampliar el marco de actuación. Se incluyeron también los trabajos sobre la piedra, los elementos metálicos y las vidrieras.
Algunas manchas del Mercado Central de Valencia
Según el documento, el conjunto de elementos de fachadas, lucernarios y cúpulas presenta una "importante" suciedad por acumulación de polvo y partículas de polución atmosférica, que ha creado una capa que impide el paso de la luz a través del cristal.
Pese a no ser grave, los arquitectos advierten de que en caso de persistir en el tiempo, "dicha costra podría crear un ambiente ácido o un hábitat propicio al desarrollo de microorganismos dañinos para el edificio".
Además, hay cristales rotos, manchas en columnas y paredes, agujeros, golpes en zócalos o escaleras, azulejos desprendidos, elementos metálicos oxidados, daños en la carpintería y grafitis en algunos muros.
