Este nuevo curso empieza con una asignatura pendiente, Ceuta, que, a pesar de todos los esfuerzos del Gobierno, que no han sido pocos, en desviar la atención, eclipse incluido, está en el eje del pensamiento de la gran mayoría de la sociedad española, porque la identidad tiene más fuerza de seguimiento que cualquier posicionamiento estratégico de marketing.

A riesgo de ser generalista, sin entrar a valorar circunstancias particulares, los que llegaban a septiembre con asignaturas pendientes, solían ser los que se sentaban en la última fila de clase, cuando entraban, claro, los que no prestaban atención a la exposición de la profesora, no entregaban los trabajos a tiempo, los individuales, porque de los grupales ya se encargaban el resto del equipo; y, sí, a lo que no solían fallar era a la partida de 'Truc' de la cafetería.

Así que para el curso a punto de inaugurar lo mejor va a ser que empecemos por lo más básico, porque, definitivamente, para entendernos como sociedad avanzada, o, al menos, así nos definimos, es mejor no dar nada por sabido, enunciado sencillo, sujeto, verbo y predicado, y, a partir de ahí, que sea la esperanza la que haga su magia para poder simplemente avanzar en la defensa de los derechos, principios y valores fundamentales, normas básicas que rigen la espina dorsal de nuestro estado de derecho.

En esta línea de la simplificación si la unión hace la fuerza la polarización, cada vez más alimentada por intereses partidistas y permeada por afección social, genera, como primer síntoma, la desafección política, y, a medio plazo, desconfianza en la respuesta resolutoria de las instituciones, especialmente de las que llegan a septiembre con asignaturas pendientes de resolver.

Sobre todo si es por falta de disciplina y entrega a la vocación de servicio público al que se deben los dirigentes elegidos, que, a la vista de los actos obvian que lo son en calidad de prestatario; y, en segundo plano, la división en el posicionamiento de los ciudadanos ante una situación que requiere de una respuesta unificada.

Por supuesto que los ceutíes no iban a recibir una contestación unánime de los grupos políticos, a pesar de que no son pocos los dirigentes socialistas que, de puertas para adentro, y otros sin temor a hacerlo público, muestran discrepancia en la actuación del Gobierno frente a la mayor crisis humanitaria y la peor gestión fronteriza vivida en nuestra historia más reciente.

De esto algo sabemos los valencianos.

Sin conocer todavía el contenido de la comparecencia anunciada por el Sr. Sánchez, algo nos dice, o más bien las pistas dadas en su última entrevista ad hoc, una dimisión no está en la hoja de ruta.