La consolidación de un nuevo sistema político en España, y, por contagio, también en los territorios autonómicos, es más que evidente y parece que será lo que viviremos en los tiempos más próximos.

Las mayorías absolutas forman parte del pasado y solo quedan tres ejemplos, a nivel autonómico, que pueden parecer residuales sí, pero cuidado porque todo apunta a su sostenibilidad ante los liderazgos consolidados, y la falta de líderes en el contrapunto o la alternativa.

Madrid, Galicia y Castilla-La Mancha, los dos primeros en manos del Partido Popular y, el último, a cargo del socialista García-Page, que, todo hay que decirlo, no es precisamente muy fan de su líder de partido, y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

Muchos apuntaban en tiempos del nacimiento del entonces asambleario partido Podemos que íbamos rumbo a un sistema multipartidista.

Las voces discordantes llamábamos a la calma porque eran muchos los ingredientes que faltaban para este proceso, entre otros, la entrada de los nuevos partidos en los gobiernos y su continuidad en el tiempo después de ser gestores y no solo agitadores.

Como narra el refrán popular: "el tiempo pone cada cosa en su lugar"; y nos ha llevado a un sistema denominado bipartidismo imperfecto, donde los dos partidos alfa siguen siendo los que copan en mayor parte el tablero político, pero necesitan de sostenes a sus flancos izquierdo y derecho, respectivamente, para alcanzar los gobiernos.

El nuevo sistema requiere de mucho entrenamiento, especialmente para el diálogo, con el objetivo de alcanzar pactos, y, también, de dos factores importantes para recoger la confianza en la ciudadanía: el primero, la claridad expositiva en futuribles acuerdos en caso de tener la posibilidad de lograr las mayorías exigidas, dejando ya de lado el 'todo vale' como es habitual en los partidos masa; y, el segundo, la transparencia negociadora, para dar a conocer lo tangible, la realidad del pacto de gobernanza.

La primera prueba de fuego, la de las investiduras. Estas suelen tener grandes tragaderas, unos por el ansiado trono y otros por el cobro de peajes.

Pero, cuando viene la gran batalla por los posicionamientos y se muestran las fortalezas y las debilidades del que consiguió la formación de gobierno, es en el momento de elaborar, pactar y aprobar los presupuestos anuales.

Porque, aunque parezca que ya se nos está olvidando ante la normalización de lo antidemocrático, el gobierno de España sigue sin llevar adelante el mandato constitucional que garantiza la continuidad económica del país.

El 2023 fue el último año en el que tuvimos presupuestos, como dato para tener en cuenta.

El Consell de Pérez Llorca ultima su aprobación, pero aquí sí el PSPV presentará unos presupuestos alternativos. Los que no presenta donde los tiene que presentar que es en el Congreso de los Diputados.