De primero de negociación es el hecho indiscutible que, para iniciar, al menos, el diálogo, hay que sentarse a la mesa junto con el resto de los actores implicados.
Aunque, como en toda reivindicación, la presión del alzamiento comporta el poder mediático que roba la normalidad de las reuniones que pueden mantenerse dentro del devenir de las conversaciones entre administradores y administrados.
Obviamente, no puede ser tratado como noticia que la gobernabilidad pase por la escucha activa, la sensibilización ante la cuestión planteada y la posterior puesta en marcha de la resolución de conflictos, porque precisamente de eso se trata el arte de hacer política desde el poder que ostenta la posibilidad de gobernar.
Elegir el momento de la concentración pública es fundamental para cubrir titulares, y no puede ser otro que el que pueda llegar a causar un perjuicio de exigencia de atención.
Pero cuidado porque tampoco puede perderse la conexión social, y en el caso ahora en portada la mayor aceptación ciudadana, y, por tanto, respaldo social, viene de la mano de la petición de rebaja de ratio en las aulas, la mejora de infraestructuras y la sustitución inmediata ante la vacante del profesorado.
La parte remunerativa desliga y puede ser utilizada como herramienta de contrapartida para fijar en un único interés la huelga, con el objetivo de desalinear con las familias y el alumnado.
En definitiva, se trata de un tira y afloja para llegar al momento de mayor tensión sin alcanzar la rotura, sentándose a la mesa de la negociación con el marco establecido entre los máximos exigibles y los mínimos aceptables.
La durabilidad del concierto dependerá en gran medida de la posibilidad de aguante por desgaste de cada una de las partes en atención a las repercusiones de sus actos y, como no, también de la financiación dispuesta a asumir en atención a los costes de pérdida económica por la acción del ejercicio del derecho a la huelga.
De este modo, y después del alzamiento, llega la calma, y se logra el primer éxito, la ansiada fotografía que vocea al público en general que hay voluntad de pacto.
El punto final se presenta con la venta de la victoria, siempre por ambas partes, y es que no hay que perder de vista que la buena negociación es la que se inicia desde la voluntad de llegar a acuerdos, lo que comporta aparcar el salir a ganar y asumir cesiones para alcanzar el mayor grado de satisfacción en los objetivos previamente marcados.
Mantenerse de pie o sentarse a la mesa esa es el punto de partida.