Hasta hace bien poco, nadie había oído hablar del hantavirus. No sabíamos que existiera ni, mucho menos, que tuviera múltiples variantes, más o menos contagiosas según el caso.

Y, de repente, lo sucedido en un crucero de lujo de precio y duración vetados a la mayoría de los mortales nos devuelve a los fantasmas del pasado y nos hace ponernos a temblar.

Es comprensible. Cuando en 2020 se escuchó hablar por primera vez del covid-19 tampoco sabíamos qué era. También empezaron quitándole importancia y nos pilló con el pie cambiado cuando lo declararon "pandemia" -mucho más que una epidemia, que ya sonaba mal- y nos confinaron durante una semana que acabó convirtiéndose en tres meses.

Confieso que pienso en aquella época y se me ponen los pelos como escarpias, y seguro que no soy la única. Porque entonces aguantamos porque no creímos que la cosa fuera a durar tanto, y porque nos tragamos aquello de que saldríamos mejores.

Pero, la realidad nos dio una -o varias- de sus bofetadas y estuvimos durante mucho tiempo sufriendo los efectos del dichoso covid, porque después del confinamiento estricto vinieron las medidas restrictivas y las mascarillas y pasamos más de un año con aquella nueva normalidad que sería nueva, pero nada tenía de normal. Y, por supuesto, no solo no salimos mejores, sino que tenemos una situación todavía más insolidaria que entonces.

El término hantavirus, según el diccionario de términos médicos, viene de "Hanta (an)", nombre de un río de Corea, y “virus”, y fue acuñado por J M Darlymple en 1984 por provocar la fiebre hemorrágica coreana. Y aunque esto no aporte mucho, sí que descubrimos que de nuevo tampoco tiene nada, que llegó en los 80 como las hombreras y los cardados.

Por su parte, la Inteligencia Artificial nos dice que el hantavirus es "un conjunto de virus transmitidos de roedores o murciélagos a humanos como consecuencia de la exposición a orina, saliva o excrementos infectados".

Ministerio de Sanidad, en cambio, es más lacónico a decir que "los hantavirus son una familia de virus que pueden causar enfermedades graves y la muerte”, lo cual acogota bastante más, por más que luego aclare que el contagio interpersonal es poco probable. Y es que, en el caso del crucero, esa poca probabilidad ha cantado bingo, porque ya son tres muertos y varias personas infectadas.

La cuestión es que el crucero de marras va a acabar atracando en las Islas Canarias porque parece que así lo recomienda -o algo más que recomendar- la Organización Mundial de la Salud a pesar de la lógica oposición de su presidente y de la aprensión, también lógica, de la mayoría de la población. Seguro que en cualquier otro lugar tendrían las mismas prevenciones, pero mira por dónde nos ha tocado aquí y eso es lo que hay.

Espero que sea una alarma más y quede en nada, como pasó con la famosa gripe aviar de hace unos años que hizo adoptar todo tipo de medidas en los colegios y resultó poco menos que una falsa alarma, pero no podemos evitar asustarnos, porque está demasiado cerca el recuerdo.

Pero lo que de verdad me asustaría sería ver los pasillos del supermercado vacíos de papel higiénico. Porque ese sí es el presagio de una verdadera tragedia.