El filósofo Eugenio d’Ors consideró inapropiado que el champán se derramara, como no podía ser de otra forma, claro está, que ante la falta de seguridad en la búsqueda de un nuevo hallazgo mejor con la gaseosa que siempre dará un resultado de menor coste.
El siempre irreverente, o cuanto menos, provocador, Gabriel Rufián, hasta ahora cara visible en el Congreso de los Diputados del que todavía es su partido político, Esquerra Republicana de Cataluña, irrumpe en el tablero estatal ideológico superando las fronteras territoriales a costa de lo que parece ser el abandono de la bandera separatista.
Falta de coherencia discursiva, sin ninguna duda, pero seguro que, más pronto que tarde, echando mano del relato resolutivo cortoplacista al que la política actual tiene acostumbrada a la ciudadanía cuanto menos será un contemporáneo mesías de la izquierda.
Vieja idea de conglomerado de formaciones políticas progresistas puesta en escena como el gran descubrimiento del líder alfa antes conocido como el nacionalista disruptivo.
Del bipartidismo de mayorías o sostenido con pactos de soporte legislativo, a la idea fallida de multipartidismo que no llegó a fraguar un cambio de sistema político, da como resultado el actual bipartidismo imperfecto dividido por bloques ideológicos con lazos a los extremos de los dos partidos mayoritarios protagonistas de la alternancia gobernativa.
Frente a este nuevo panorama, la unión de la izquierda, con la exclusión del Partido Socialista, reducirá la colorimetría electoral, aunque el discurso no conjugue al unísono porque es más que probable que las siglas se mantengan, como la historia progresista lo evidencia.
Ideología y territorialismo que tanto pueden confluir como disentir, y no precisamente a partes iguales, tal vez, incluso ni siquiera en porcentajes ponderados para sostener el equilibrio perfecto en aras a mantener un tiempo de supervivencia mínimamente duradero.
Aunque también es cierto que, hablar de perdurable en el espacio del cortoplacismo en el que el sistema está inmerso, no forma parte de una estrategia de consumo de lo inmediato.
Queda por resolver la incógnita de Compromís, y conocer cuál será la decisión del partido ante la invitación a la unión de las izquierdas.
El tiempo nos dirá si los nacionalistas aceptarán un matrimonio por conveniencia o, por el contrario, optan por una papeleta con su propio color, en solitario, pero sin abandonar sus posiciones territoriales.
La "adivinología" no es precisamente una ciencia, aunque en más de una ocasión se acuda a la bola de cristal para dirimir una elección algo más compleja que requiere de diálogo interno, análisis social y estrategia política bien diseñada, bajo el manto del liderazgo cada vez más añorado.