"Casa Pepa", en honor a su iaia. Así ha bautizado la influencer y empresaria Violeta Mangriñán a su nueva vivienda, ubicada en Aín, el pequeño pueblo de Castellón con tan solo 131 vecinos censados donde veranea su familia.
Después de siete años "buscando una casita", su deseo por fin se ha hecho realidad, aunque es un secreto que guarda desde septiembre, cuando el propietario contactó con ella porque sabía que quería comprar una segunda residencia.
Con el número tres y el portal en color verde, Violeta se enamoró de ella a primera vista: Casa Pepa tiene tres plantas y una superficie total de 140 metros cuadrados construidos; 47 m2 por planta.
"Es súper antigua pero pienso dejarla de cuento", aseguró la creadora de contenido, que pretende llevar a cabo una reforma integral. "Cada vez se me da mejor guardar secreto. El antes y el después va a ser heavy".
"En octubre mi padre fue a verla con el arquitecto que me hizo la casa de Valencia. Yo estaba trabajando en un rodaje. Ese día le dije a mi padre que la reservaba, que era para mí y que había sido gracias a mi iaia", confesó la valenciana en sus redes sociales.
Según contó, la ilusión de su abuela era ver a todos sus nietos y bisnietos pasar las vacaciones allí todos juntos. Y así será a partir de ahora.
La casa es "esquinera" y con "las mejores vistas del pueblo", a su parecer. Aún conserva los suelos hidráulicos que piensa reformar o replicar porque el suelo está desnivelado.
"Va a ser de los antes y después más placenteros visualmente, porque la casa está súper viejita, pero va a merecer muchísimo la pena", dice, mientras enseña el interior de su nueva vivienda. "Esto que estáis viendo aquí va a cambiar radicalmente", añade.
"Aquí están las escaleras que suben para arriba y ahí está una de las habitaciones que también tiene vistas al río y al corazón de la Sierra de Espadán", señala la empresaria.
Violeta, además, confirma que sustituirá las ventanas pequeñas por grandes ventanales para aprovechar al máximo las vistas y la luz natural.
En el piso de arriba, abuhardillado, imagina una zona para sus dos hijas, Gala y Gia. "Lo que pasa es que ahora mismo esto es fantasmagórico, parece la casa del terror. Yo solo veo cosas que arrancar y que tirar", bromea, con la esperanza de convertir Casa Pepa en una residencia de ensueño.
Aín
El pequeño pueblo de Castellón, con sus numerosas fachadas blancas con toques de azul y salpicadas de macetas, hace de esta localidad un rincón mágico.
Pasear por su casco urbano y alrededores permite al visitante disfrutar de lugares como su castillo, su lavadero junto a un mirador, un antiguo molino o la iglesia del siglo XVIII.
Desde Aín, que conserva el trazado musulmán y está rodeado de árboles frutales y huertas, siempre con las montañas de fondo, se puede observar la naturaleza que rodea al municipio.
Una de las fachadas de una vivienda en Aín (Castellón). Turisme CV
Ubicado en las faldas del Pico Espadán, también puede ser una gran opción para los amantes de las rutas. Su clima suave lo convierte en un destino perfecto los doce meses del año, con el encanto añadido de poder, con suerte, ver nieve.
Los espacios naturales del pueblo son su mayor reclamo. Por ejemplo, el Parque Natural de la Sierra de Espadán atesora paisajes y especies de gran valor y es un lugar perfecto para disfrutar de una jornada de birdwatching: poder observar las aves en su entorno natural sin perturbarlas.
También es hogar de un delicioso aceite de oliva, una paella de montaña o un arroz caldoso, así como de la Olla de Poble, sus fantásticos embutidos y dulces típicos como las orelletes con miel y los turrones.
