En un momento en que los barrios de muchas ciudades están cerrando sus negocios más tradicionales para abrir franquicias de hostelería o directamente bajos turísticos, Álvaro de los Ángeles ha decidido convertir una panadería de los años 50 en una librería que funciona más como un museo que como una tienda de libros.
En sus estanterías -las mismas donde se exponían las barras de pan- no hay best sellers. Los visitantes no podrán encontrar lo último de Julia Navarro o de Juan Gómez-Jurado. Con apenas 400 títulos seleccionados con precisión, prioriza a voces como Natalia Ginzburg, Virginia Woolf o Stefan Zweig.
La apuesta es tan genuina que no es raro ver a los vecinos de La Petxina en Valencia detenerse frente al escaparate para curiosear los raros ejemplares de Medio Pan y un Libro, que es como se llama el local. Lo más "comercial" que hay, Las gratitudes de Delphine de Vigan.
Al frente de esta idea está Álvaro de los Ángeles, que define su proyecto como una "fantasía loca y, quizás suicida" porque "¿quién abre hoy en día una librería?", pregunta, a lo que podríamos responder con otra cuestión: ¿quién abre una librería exclusivamente de ensayo político, filosófico y estético y con editoriales de nicho?
Lo cierto es que para De los Ángeles contar con este espacio físico era algo pragmático. Necesitaba una sede para su sello y un espacio de trabajo para impartir pequeños cursos y talleres.
Álvaro de los Ángeles en su libreria
Es ensayista, crítico de arte, comisario de exposiciones y docente. Fue subdirector de Actividades y Programas Culturales del IVAM y desde 2018 tiene su propia editorial: La documental.
Al encontrar el local, que había sido una panadería a mitad del siglo pasado, conectó, según confiesa a EL ESPAÑOL, con un discurso de Federico García Lorca en 1931 en el que defendió que, en caso de necesidad, pediría antes medio pan y un libro que solo pan.
Se inspiró en las palabras del poeta y en las misiones pedagógicas de la Segunda República, una especie de escuela ambulante con una selección breve de libros que iba de pueblo en pueblo educando a la población.
"Para mí es como actualizar ese legado de Lorca", asegura, al tiempo que pone en valor la cultura como cura para un mundo cada vez más "irascible".
Los libros en el estante original de la panadería
Y así, la idea inicial de tener una oficina de trabajo derivó en la "fantasía loca" de abrir una librería especializada, con un fondo pequeño y muy cuidado, articulado en torno a temáticas muy concretas, como si fuera una exposición o un museo, ya que los estantes no están organizados de forma convencional, sino por relaciones de afinidad entre los distintos autores.
"Quiero mantener editoriales que en otras librerías no las aceptan o no tienen la paciencia para esperar a que se vendan", comenta.
Así, junto al clásico ensayo de Virginia Woolf, Una habitación propia, hay otro volumen sobre Clara Campoamor titulado La forja de una feminista, edición de Isabel Lizarraga Vizcarra, Juan Aguilera Sastre. No muy lejos, descansa Vulgar lengua de Pasolini o Los colores de nuestros recuerdos de Michel Pastoureau.
Álvaro de los Ángeles en su libreria
La relación de Álvaro de los Ángeles con la literatura no nace de una gran estirpe intelectual. Su padre era carnicero y no recuerda que en su casa se leyeran muchos libros, aunque sí recibían las visitas del Círculo de Lectores.
Su amor por los libros viene de su curiosidad autodidacta en la biblioteca de la ciudad y de las recomendaciones de algunos de sus profesores durante la etapa del instituto.
En esa época le fascinó Wilt de Tom Sharpe y, como no podía ser de otra forma, Poeta en Nueva York de Federico García Lorca. A partir de ahí, destaca la influencia que han tenido en él las obras de Albert Camus, Mario Vargas Llosa o Peter Handke.
Futuro
Él, pese a las dudas económicas "razonables", tiene paciencia y cree en la función de servicio público que tiene su negocio. "Lucho desde un nicho pequeño por crear relaciones humanas. Si no generamos posibilidades de humanismo no tenemos nada", reflexiona.
Álvaro de los Ángeles en su libreria
"Sabemos cómo va a acabar esto", sentencia entre risas el propio De los Ángeles con una mezcla de lucidez y guasa. "Son negocios que no suelen funcionar, que hay que aguantar y esperar", añade.
Sin embargo, como él mismo confiesa ser "demasiado cabezón" como para tirar la toalla pronto, su Medio pan y un libro sigue abierto al público de martes a viernes de 16:30 a 20:30 horas y los sábados por la mañana en la avenida Pérez Galdós, 94.
Por si acaso termina teniendo razón en su pronóstico y esta aventura sucumbe a los tiempos que corren, vale la pena no dejar la visita para mañana.
