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El Programa FSE+ Comunitat Valenciana 2021‑2027 es la principal palanca europea para invertir en empleo, educación e inclusión social, alineada con el Pilar Europeo de Derechos Sociales. A través de itinerarios de inserción, la Unión Europea y la Generalitat Valenciana refuerzan la intervención de proximidad con entidades locales y tercer sector para mejorar la empleabilidad y la inclusión activa de quienes más lo necesitan

Con un acompañamiento personalizado y con el papel clave de las entidades locales en la inclusión social y laboral de las personas, los Fondos Sociales Europeos buscan aterrizar la política a la sociedad para beneficiar a los ciudadanos.

En una entrevista a EL ESPAÑOL, el Secretario Autonómico de Política Territorial de la Generalitat, Carlos Gil Santiago, asegura que este programa busca "garantizar la igualdad de oportunidades", algo para lo que la colaboración entre la administración autonómica y los ayuntamientos es imprescindible.

¿Qué es el programa FSE+ Comunitat Valenciana 2021‑2027 y en qué ámbitos u objetivos se centra?

El Programa FSE+ es la inversión más humana que hace la Unión Europea en nuestra región, es nuestra gran palanca para volcar recursos en lo que de verdad importa: las personas, reforzando el empleo, la educación y la inclusión social.

El FSE+ representa la Europa más útil: la que invierte en dignidad, formación y oportunidades. Europa no puede ser solo una institución que legisla desde la distancia de Bruselas; debe ser una herramienta que mejora la vida cotidiana de las personas, y la mejor manera de defender el proyecto europeo es demostrar que sirve para transformar vidas concretas.

La Secretaría Autonómica tiene la responsabilidad de vigilar la pulcritud de los balances y asegurar que cada línea de gasto sea impecable. Ahora bien, con la perspectiva de también ser alcalde de Benavites, sé que un euro publicado en el boletín oficial no vale nada si no llega al bienestar cotidiano de los vecinos. La buena política no es la que genera más ruido en los medios, sino la que consigue que una persona encuentre empleo, autonomía y estabilidad.

Los fondos europeos adquieren todo su sentido cuando se traducen en oportunidades reales para las familias y cada euro invertido debe convertirse en una oportunidad tangible. La mejor política social es un empleo digno, y la mejor política de cohesión es que ese empleo llegue a cada rincón de nuestra tierra.

¿En qué consisten los itinerarios de inserción sociolaboral para personas en riesgo de exclusión social y por qué la UE apuesta por ello?

Un itinerario no es más que un pacto de confianza entre la administración y el ciudadano. Aquí no tratamos a la gente como si fuera un número de expediente o una cola en una ventanilla; nos sentamos con ellos, con nombres y apellidos. Los profesionales de cada municipio analizan la situación de cada persona y diseñan un camino a medida: formación, motivación y el apoyo social que necesiten. No es un trabajo de rellenar papeles, es una búsqueda real de segundas oportunidades.

Y en Bruselas nos piden este método porque los parches de un día para otro no funcionan. Europa apuesta por soluciones de verdad, a largo plazo. Nosotros creemos que este dinero no está para dar ayudas eternas que cronifiquen la pobreza, sino para dar las herramientas necesarias para que la gente recupere las riendas de su vida.

¿Cómo puede aprovechar la ciudadanía de la Comunitat Valenciana este programa?

Nuestro objetivo es garantizar la igualdad de oportunidades en cada municipio, sin exclusiones. La cohesión social y la cohesión territorial son inseparables; no puede haber igualdad real si el código postal determina el destino de una persona. La igualdad empieza cuando una persona tiene las mismas oportunidades viva donde viva.

La ciudadanía se beneficia directamente participando en los programas personalizados que desplegamos sobre el terreno. Allí encuentran orientación, formación y apoyo directo para la búsqueda de empleo y la inclusión social. Además, el abanico de destinatarios es amplísimo porque la vulnerabilidad tiene muchos rostros: personas con diversidad funcional, parados de larga duración, mayores de 45 años, mujeres que enfrentan barreras específicas, jóvenes y colectivos de alta exclusión.

El acceso se ha diseñado para que sea muy sencillo, bien mediante la inscripción en los servicios públicos de empleo, o bien a través de la derivación desde los propios servicios sociales municipales tras una valoración profesional y un plan personalizado.

¿Y las entidades locales cómo se pueden aprovechar?

Las entidades locales son la primera línea de respuesta, el pilar fundamental de todo el Estado del bienestar. La inclusión social y la cohesión territorial no se construye desde la distancia burocrática, sino desde la cercanía municipal. Europa llega de verdad a la ciudadanía cuando los fondos europeos aterrizan en los ayuntamientos. Las entidades locales no son una administración secundaria, son la puerta de entrada a los derechos de los ciudadanos. Un alcalde o una trabajadora social conocen las necesidades reales de sus vecinos muchísimo mejor que nadie.

A través del FSE+ y de herramientas como el contrato-programa, la Generalitat inyecta recursos, estabilidad y continuidad financiera a las entidades locales. Esto les permite contratar y consolidar equipos multidisciplinares estables —trabajadores sociales, educadores, psicólogos y técnicos de integración—, sistematizar los procesos de atención y coordinarse de forma ágil con las áreas de empleo, educación, vivienda o salud. Reforzar el municipalismo es blindar la igualdad de oportunidades, porque los grandes discursos políticos se validan siempre en la ventanilla de un ayuntamiento.

¿Qué tipo de acciones se cubren?

El FSE+ sufraga los gastos corrientes y de intervención que hacen posible el día a día de estos itinerarios, siempre bajo el paraguas de la Ley de Servicios Sociales Inclusivos. Esto cubre desde el diagnóstico inicial de la persona y el diseño de su plan individualizado, hasta talleres de competencias transversales, motivación y, algo que hoy en día es una barrera invisible pero tremenda, la alfabetización digital, además del seguimiento continuo.

Este esfuerzo estratégico en la Comunitat Valenciana lo ejecutamos a través de dos grandes vías complementarias. En primer lugar, los itinerarios de inclusión social por entidades locales, estructurando una red pública potente, estable y especializada desde los servicios sociales de atención primaria, orientada tanto a personas perceptoras de la Renta Valenciana de Inclusión (RVI) como a otros ciudadanos en situación de vulnerabilidad.

Y, por otro lado, los itinerarios por entidades del tercer sector: Mediante subvenciones competitivas para que las entidades sociales especializadas —que tienen una capilaridad enorme y llegan donde a veces la administración no alcanza— intervengan eficazmente con colectivos de alta vulnerabilidad.

¿Hay una evaluación de los resultados alcanzados con estos programas?

Por supuesto, y ahí somos inflexibles. Hoy en día no vale con decir "hemos hecho una inversión millonaria", hay que demostrar a cuánta gente le ha cambiado la vida. A Europa se va a rendir cuentas con resultados reales, no con buenas intenciones escritas en un folio. Por eso medimos todo. Cada euro justificado tiene que ir ligado a alguien que ha mejorado su formación o ha encontrado trabajo.

La idea es sencilla: menos papeleo para los ayuntamientos y el triple de eficacia en la calle. La inclusión de verdad no es acompañar a alguien de la mano toda la vida, sino darle el empujón necesario para que vuele solo.

¿Cuántos fondos se han movilizado con estos programas de itinerarios para personas en riesgo de exclusión social?

En el plan actual en el que estamos trabajando, la cifra ronda los 12 millones de euros. Y el dinero se está moviendo rápido: hemos certificado o revisado casi 10 millones de euros, y para este mismo julio de 2026 tenemos previsto declarar otros 10,5 millones de la última campaña. La maquinaria funciona a pleno rendimiento. Pero, más allá de cantidades y gráficas, lo que importa es que detrás de cada número hay un curso de informática, un taller de empleo o un equipo entero atendiendo a un vecino.

¿Cree que estos programas aumentarán los índices de inclusión de las personas en riesgo de exclusión social?

Sin ninguna duda. Está más que comprobado que activar a las personas e implicarlas funciona mil veces mejor que dar una ayuda rápida que no soluciona el fondo del problema. Al unir el apoyo social con la búsqueda de trabajo, conseguimos que la gente recupere el control de su vida, insisto. No nos conformamos con gestionar la pobreza; financiamos oportunidades de futuro.

Además, lo bueno de este plan es que el beneficio no desaparece cuando se acaba el dinero. Al reforzar los equipos de los ayuntamientos, esa red de profesionales se queda ya para siempre en el pueblo. Esa es la verdadera red de seguridad.

¿Están alineadas estas acciones con el Pilar Europeo de Derechos Sociales?

Sí, de forma absoluta y milimétrica. Europa nos dice muy claro cuál es el camino, las ayudas económicas tienen que ir siempre de la mano de la formación y la motivación. Eso es exactamente lo que estamos haciendo. No se trata solo de dar un ingreso, sino de preparar a la persona para que pueda encontrar un empleo sostenible en el tiempo.

¿Qué perspectivas hay sobre estas acciones para el siguiente período de programación 2028‑2034?

En política institucional, los pies tienen que estar firmes en el suelo y la mirada puesta en el largo plazo. Ahora mismo, en pleno 2026, nuestra prioridad absoluta y nuestra responsabilidad es exprimir al máximo el programa actual, certificar hasta el último céntimo y demostrar el éxito incontestable de los itinerarios que tenemos en marcha. Ese es nuestro examen diario ante la ciudadanía y ante Europa.

Cualquier planteamiento o previsión concreta sobre el diseño final o las futuras convocatorias del periodo 2028-2034 sería prematuro, pero tengo claro que la mejor forma de asegurar el dinero del futuro es ser impecables con el dinero en el presente. Si demostramos que el dinero de Europa cambia vidas en nuestros pueblos, Europa seguirá apostando por nosotros. Y, la Comunitat Valenciana seguirá siendo un pilar potente en Europa.