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Cada 30 de marzo, Lorena Ruiz, su marido y sus hijas Lucía y Claudia celebran el día en que Diego nació. No celebran un "cumpleaños feliz", como ella bien explica, porque no lo es. Pero celebran que existió, que fue real, tal y como muestran las fotos que tienen de él, y que su corazón llegó a latir. "Es honrar su existencia" dice su madre.

El pequeño murió al nacer como consecuencia de su prematuridad. Llegó al mundo en la semana 23 de embarazo, 23 y cinco días para ser exactos. Sus pulmones no habían empezado a desarrollarse todavía, pues son el último órgano que se genera en una gestación y alcanzan la madurez en la semana 37. Tres antes de concluir el embarazo.

Lorena se había puesto de parto justo la semana de antes, pero a pesar de los esfuerzos médicos por posponer el nacimiento, no fue posible. "Diego nació con latido, pero tras el parto, en el primer suspiro murió", explica con una entereza que resulta admirable a la par que desgarradora.

Era 2021, y aunque desde entonces han pasado cinco años, no hay un solo momento que no recuerde todos los detalles de aquel día: las facciones de Diego, la música que sonaba en el paritorio o cómo su matrona, Sandra, con quien sigue guardando relación a día de hoy, le asistió en el hospital La Fe.

"No quise epidural porque quería sentirlo, vivir ese momento en paz con mi hijo porque sabía que iba a ser lo último que me quedara de él. Después de parirlo pudimos estar más de una hora en el paritorio mi marido y yo besándolo y haciéndole fotos", describe.

Son de los pocos recuerdos que guarda de esa maternidad. Por eso las guarda como un tesoro, colgadas en su nevera, para que el paso del tiempo no borre ni un ápice de su memoria ninguno de los rasgos de su bebé.

Lo tiene presente a diario. Y por eso le gusta presentarse como mamá de Diego, de Lucía y de Claudia: "Soy su madre, y materno tanto la muerte como la vida".

"Tener fotos y sus cosas en casa es lo que lo hace real a día de hoy. Igual que la gente no recuerda exactamente cómo era el tamaño de su hijo recién nacido si no ve fotos, a mí me pasa lo mismo", explica.

"No hay nadie que se arrepienta de haberle hecho fotos a su bebé para recordarlo. Al contrario, mucha gente se arrepiente de no haberlo hecho por pensar que estaba mal. Para mí fue sanador poder verlo, despedirme de él, conocer su carita... y hoy puedo recordar exactamente su tamaño y cómo era gracias a estas fotos", agrega.

"La gente piensa que estoy loca o anclada al dolor por tener fotos de mi hijo en casa. Para mí, tener su foto y verla todos los días es el mayor regalo. Tengo tres hijos y no entendería el día a día sin esa foto", defiende.

Lorena y Diego en el paritorio del Hospital La Fe. EE

Si le preguntan, recomendaría a cualquiera que le haya tocado vivir una situación igual de dura que la suya, que haga fotos a sus bebés. Sin pudor y sin sentir que algo hace algo macabro. "A veces las familias que no hacen fotos, luego se arrepienten y se ponen en contacto con el hospital para buscar fotos de la autopsia. Esas fotos sí que son muy duras...".

Los días siguientes a la muerte de Diego, huelga explicar que fueron los más duros de su vida. Como acostumbran a hacer las embarazadas, contaba las semanas que le hubieran quedado de embarazo si la gestación hubiera seguido su curso.

"A veces estaba bien y de repente veía a una embarazada o a un niño que tendría su edad y me hundía por completo. Fue durísimo", manifiesta. Y es que el duelo, tal y como apunta, "no tiene unas fases ordenadas, es una montaña rusa".

Ella lo describe como "un océano" y las personas en duelo, ballenas que nadan en él. "Una ballena que a veces se hunde, otras flota y algunas sale al exterior con una fuerza arrolladora. Nunca sabes cuánto tiempo vas a estar en las profundidades oscuras del mar".

Ballenas que se dedicó a pintar en cientos de acuarelas durante su duelo, convirtiendo así en arte su dolor.

Lo primero fue aceptar lo que había ocurrido. Un periodo en el que para ella fue clave la comunicación con su pareja y su familia: "Cuando pasa algo así, se asume que el hombre tiene que cuidar a la mujer, pero él también ha tenido un hijo y su duelo es completamente invisible".

Su hermana, en esos momentos tan duros, le preguntó en el hospital qué quería hacer con la habitación del bebé que apenas unos días atrás acababan de montar. "Lo agradecí mucho porque no dio nada por hecho. Le pedí que lo dejara tal cual estaba todo hasta que estuviera preparada".

"A veces la gente da por hecho cosas por cómo se sentirían ellos en esa situación, pero no sabes cómo se siente la otra persona. Por eso es tan importante que nadie dé nada por hecho", subraya.

Con el paso del tiempo quiso comprender las causas de lo sucedido y hallar respuestas, especialmente antes de intentar ser madre de nuevo, ya que previamente a Diego había sufrido dos abortos. La causa resultó ser un rechazo inmunológico.

Ocurre cuando el sistema inmunitario materno detecta al embrión como un cuerpo extraño y rechaza el embarazo. Por lo que para quedarse encinta en el futuro debería bajarse las defensas con tratamiento.

Algo que ocurrió en septiembre de 2022, cuando llegó al mundo su hija Lucía, y en marzo de 2025, cuando nació Claudia. Con la primera, recuerda que hubo gente que le dijo que lo que debía hacer era "disfrutar de la niña" y "pasar página; olvidar lo que pasó".

Acuarela hecha por Lorena para una madre que tuvo dos "partos en silencio": "Sé que nunca volverás, pero qué contradictorio, porque nunca te irás". EE

"Hay que dejar de usar esas frases hechas, porque no sirven ni consuelan. Te están pidiendo que borres a tu hijo, cuando él forma parte de tu día a día. Han pasado cinco años y todos los días pienso en él".

Hace este llamamiento desde la calma y la empatía de quien entiende que todavía hay mucha pedagogía que hacer en este sentido.

Romper el silencio

Con el tiempo, Lorena ha transformado su dolor en ayuda a otras familias que transitan un duelo gestacional o perinatal. Concede entrevistas y publica contenido en sus redes donde aborda la importancia de hablar de ello. De no guardar silencio.

"Es importante que la gente no tenga miedo a afrontar el tema y rompan el tabú de la incomodidad. Hace mucho bien que digan el nombre de tu hijo y se acuerden de él", afirma.

En sus vídeos explica cuán relevante es no obviar que estas desgracias "ocurren y ocurrirán". Saber que estas cosas pasan, que "la muerte forma parte de la vida y que si le damos la espalda, cuando nos llega una cosa así, nos pega una hostia que no sabes ni por dónde vas. Y es un golpe durísimo".

Como periodista de profesión que es, defiende la trascendencia de poner nombre a las cosas, de llamarlas por su nombre y "no romantizar el uso del lenguaje".

"Cuando alguien sufre un aborto o el bebé muere en el parto, la sociedad acostumbra a decir que ha perdido el bebé. Pero nadie pierde un bebé. Se pierden unas llaves, se pierden objetos. Pero a ti se te ha muerto un hijo", expresa.

"Hay que empezar a utilizar la palabra 'muerte' para empezar a sanar y quitarnos la culpa, porque no hicimos nada malo para perderlo, simplemente se murió". "La prensa a menudo también habla de 'niños no nacidos', cuando todos los bebés nacen. Todos salen del útero, algunos muertos y otros vivos. Pero todos los niños nacen", añade.

Con todo, advierte que la sociedad "no está todavía preparada para estas situaciones porque se sigue pensando que si hablas de ello, te va a pasar a ti también".

Y aunque para ella las redes sociales han ayudado a visibilizar esta realidad silenciosa, por ejemplo, a través de influencers que explican haber sufrido algún aborto, los comentarios de los usuarios en estas publicaciones reflejan la foto fija del mundo actual.

Lactancia y el cuento de Diego

Además de sus redes, Lorena ofrece charlas cada cuatrimestre en la Universidad de Barcelona para explicar la lactancia en duelo: "Después de hablar con más de 80 mujeres, a casi todas les habían dado la pastilla para inhibir la subida de la leche de forma farmacológica".

Sin embargo, "puedes hacerlo de forma fisiológica, sacándote un poco de leche de forma manual para evitar una mastitis y poco a poco dejar de producir para que el cuerpo entienda que no hay un bebé que alimentar. Puedes incluso hacerte una joya con ella, algo que nadie me explicó en su momento".

Lorena forma a sanitarios para que informen de estas opciones a las familias, colabora con el Colegio de Enfermería hablando sobre la importancia de "no meter prisa a las familias" para que tomen decisiones.

"Cuando les dicen que su bebé no tiene latido, no tienen por qué quedarse ingresados inmediatamente. Pueden ir a casa, digerirlo y volver sin prisa. Es un duelo", sostiene.

Lucía, hija de Lorena, cuando llegó a casa la primera edición del cuento "¡Estás aquí!". EE

Esta valenciana, además, publicó en marzo de 2024 el cuento infantil "¡Estás aquí". Fue su manera de explicarle a sus hijas dónde está su hermano: "Pensé que algún día me preguntarían dónde está y se me ocurrió hacérselo en forma de cuento".

"Se lo envié a Rosana, psicóloga de Nubesma, la asociación valenciana sin ánimo de lucro de apoyo al duelo perinatal y neonatal, y me recomendó poner la palabra 'muerte' en él, porque en los cuentos de duelo infantil siempre se suele decir que se han ido al cielo o de viaje, pero evitan ese término", argumenta.

"Por eso, la última página del libro dice que Diego está muerto y no lo vamos a poder ver físicamente, pero que vive en el mundo del amor. Así cada familia puede completar la historia según sus creencias y hablar abiertamente con sus hijos", añade.

El dinero recaudado con este cuento lo donará a FundaciónMadre Gea, la primera fundación de duelo gestacional y neonatal de España.

Igual que donó el dinero recaudado con las acuarelas que pintó en el primer aniversario del nacimiento de Diego a Nubesma para que hicieran trípticos para los hospitales en los que aparecía la foto de su nevera, "para que la gente sepa que crear recuerdos es posible".

"Yo he convertido mi dolor en algo distinto maternando la muerte de Diego. Cuando te pasa es un agujero profundo y doloroso, pero alrededor de ese hueco, crecen otras cosas", se despide Lorena.

Y en ese espacio que dejó Diego, que nunca se llena ni tampoco se borra, Lorena ha aprendido a convivir con el amor y la ausencia, recordando cada día que nombrar, mirar y compartir también es una forma de seguir dando vida.