La Policía Nacional sitúa el móvil de Miguel, único acusado que se sienta en el banquillo por el crimen del canónigo de la Catedral de Valencia, en la calle del piso de la víctima en el intervalo del tiempo en el que estiman que se cometió el asesinato.
Esto es entre las 22.00 horas del día 21 de enero y las 2.00 de la madrugada del 22, cuando se manipuló el terminal de la víctima. Después, tanto el móvil del fallecido como el del procesado salen juntos de la casa y realizan el mismo recorrido.
Así lo han señalado el jefe del grupo de Homicidios y el policía encargado del informe sobre los móviles en la segunda sesión del juicio que se sigue en la Audiencia de Valencia por el procedimiento del jurado.
Fiscalía pide para el acusado 28 años de cárcel por asesinato -que considera que cometió de acuerdo con una persona no identificada-; robo con violencia de sus tarjetas y por estafa continuada, mientras que la defensa solo reconoce el delito de estafa por el uso de las tarjetas, por el que pide un año de cárcel.
Al respecto, han explicado que no se puede situar exactamente a los dos móviles en la misma antena porque son de compañías diferentes.
Pero sí detallan que el acusado fue a Valencia desde Torrent, accedió la calle Avellanas, donde estaba el piso de la víctima por el sur, donde hay una antena a 50 metros de la vivienda. "Por tanto o está en el domicilio o en una zona muy próxima hasta las 23.30 horas", ha señalado el autor del informe.
A esa hora comienza "un baile de repetidores", salen hasta dos o tres pero todos en la misma zona, en un radio de 200 metros alrededor de la casa, hasta que a la 1.46 horas se le vuelve a situar fijo en la calle Avellanas hasta las 3.25 horas, cuando los dos terminales comienzan a moverse por la calle.
A las 2.00 horas se detecta en el móvil del canónigo el envío de un correo a Cajamar diciendo "no recuerdo mi contraseña" y a partir de las 2.30 se realizan hasta nueve llamadas para intentar recuperar el PIN de la tarjeta. En la vista se han reproducido fragmentos de las llamadas -la Policía recuperó cinco- con la voz del acusado.
Preguntado por el abogado defensor por qué no hay conexión del móvil hasta pasadas las 4.00 horas, el agente ha explicado que "eso no significa que esté en Avellanas, sino que no hay conexión con la antena".
De hecho, comienza a moverse a las 3.43 horas y a los 20 minutos de la salida de la casa, se la sitúa en el Parterre, que "es el tiempo que se tarda en ir andando".
Además, han descartado que se le haya robado al móvil al acusado porque desde que dejó de tener actividad la noche del 23 al 24 a la salida de un pub hasta la fecha de hoy "nunca más ha vuelto a funcionar en España, por lo que pensamos que se deshizo de él".
No se ha encontrado ninguna imagen del acusado porque las cámaras de la zona o no estaban operativas o ya habrían borrado los fotogramas.
El inspector jefe ha declarado asimismo que fueron a la finca en Nazaret que el acusado reconoció por Google Maps que era donde vivía Manuel, un colombiano amigo suyo que mantiene que fue quien le entregó el móvil y las tarjetas para que averiguara el PIN.
Pero no había nadie en el inmueble con esas características ni los vecinos lo conocían. "En estos casos es habitual que el detenido se invente un amigo imaginario a quien responsabilizar. No se deja nada por investigar y en ningún momento de la investigación nos aparece nadie más que el acusado", ha apuntado.
Ha relatado que cuando se le detuvo en el hostal "estaba en bucle diciendo 'no lo entendéis'". "Primero dijo que el móvil de la víctima se lo había encontrado en la calle, luego que en el portal de Avellanas, pero que no entró, que estaba en el descansillo, luego que sí que entró y que vio a Alfonso -la víctima- e hizo un gesto como que lo habían asfixiado", ha recordado.
Hasta un año después en su declaración judicial no introdujo a Manuel. "No tenía ninguna credibilidad", ha apuntado.
En los registros de la casa de València no se encontró ADN ni huellas del acusado y la vivienda estaba "toda ordenada y superrecogida, pensamos que el que fuese había limpiado". Les extrañó no encontrar ningún rastro del acusado cuando tenían la certeza que sí frecuentaba el piso.
El cadáver de Alfonso lo encontraron bocaarriba tapado con una colcha, en calzoncillos y presentaba una serie de livideces compatibles con haberlo movido y de haber sido asfixiado.
En la almohada se encontró ADN de la víctima y de una persona desconocida, y en las sábanas una gota de sangre correspondiente a un joven que pasó dos noches en casa de la víctima, quien le que pagó el billete para que viniera desde Badajoz.
No encontraron en los registros las llaves del canónigo ni del piso de València ni del apartamento. Había una habitación cerrada con llave que la Policía rompió con una maza.
Encontraron otro móvil de la víctima y siete tarjetas USB, pero el juez denegó el acceso a esas memorias. Tampoco se analizaron los dos ordenadores hallados.
También ha declarado el joven que vino de Badajoz, que tiene discapacidad intelectual del 43% y déficit de atención.
Ha explicado que conoció a Alfonso en la estación de autobuses de Valencia y le invitó a un café. Al cabo de un tiempo le invitó por WhatsApp a su casa y le envió 50 euros para poder comprar el billete, pero no más dinero. Le pareció "raro", pero accedió.
Llegó a las 5.00 horas de la madrugada del viernes del fin de semana del crimen. Al llegar a casa se fue a descansar en la misma cama del canónigo. Esa noche no pasó nada. Pero la del sábado "sí que hubo tocamientos".
Ha señalado que masturbó al religioso, quien se limpió con "un papel" sin cambiar las sábanas y ha apuntado que desconoce por qué había sangre suya allí: "Algún grano se me habría reventado". A la mañana siguiente, la del domingo, le recogió su exnovia y se marchó. Ha señalado que no vio nunca al acusado.
Por su parte, el asistente de la víctima ha confirmado la presencia de chicos en la casa: "Sabía de lo que me contaba él, no me metía en lo que hacía, me contaba muy pocas cosas". Tampoco le preguntaba para qué quedaba con ellos, aunque alguna vez sí le trasladó que mantenía "roces" con alguno.
Ha afirmado que solo vio una vez al acusado en casa del canónigo. Le llamó para que fuera a su vivienda de València porque quería que el chico, con el que le dijo que había pasado tres días en El Perelló, se marchara y que él estuviera delante cuando se lo dijera.
"Estuvieron hablando, el chico se marchó, dijo que le iba a dejar la mochila, y luego vino a por ella", ha contado, aunque no escuchó la conversación.
