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Una ciudad como Vigo, con 109,06 kilómetros cuadrados de superficie y 294.489 habitantes, guarda muchos secretos entre sus calles. Su callejero, con cerca de 1.800 viales -casi 5.000 contando la periferia-, reúne nombres dedicados a personajes relevantes de la ciudad, como el empresario Sanjurjo Badía o el arquitecto Antonio Palacios; referencias a otros territorios, como Zamora o la República Argentina, y denominaciones inspiradas en la naturaleza, como la avenida de las Camelias o la rúa do Clavel.

Pero más allá de los nombres conocidos, existen calles cuya denominación esconde historias que muchos vigueses desconocen. Especialmente en las parroquias rurales, los caminos conservan topónimos relacionados con el paisaje, antiguos propietarios o anécdotas transmitidas de generación en generación. Algunos son tan llamativos que despiertan la curiosidad de quienes los descubren.

La palma de las curiosidades se la lleva un vial de la parroquia de Beade: el Camiño da Vaca Morta. Se trata de una vía estrecha y alargada que conecta la Estrada da Coutada con la Estrada de Seixiños y atraviesa esta zona del rural vigués.

Su nombre parece remitir a un suceso concreto. Según la explicación popular que se atribuye a los vecinos de la zona, una vaca habría caído desde el monte de Seixiños y muerto en ese lugar. La anécdota habría quedado ligada al terreno hasta convertirse en la denominación con la que se conoce hoy este camino.

Una historia cotidiana que ha sobrevivido al paso del tiempo y que forma parte de la memoria de la parroquia. Aunque hoy el nombre pueda parecer una simple curiosidad, los topónimos rurales permiten conocer cómo se identificaban antiguamente los lugares y qué acontecimientos podían dejar una huella suficiente como para dar nombre a un camino.

Desde finales del siglo XIX

Otro de los nombres más llamativos de los viales de la ciudad de Vigo es el Camiño de Alén, situado en el entorno de la Estrada da Coutada, donde se encuentra el colegio público Coutada Beade. Según recoge Daniel Antomil en su libro Odominia de la provincia de Pontevedra, la denominación se estableció en 1987. El topónimo hace referencia al aspecto que presentaba antiguamente el camino, descrito como «oscuro y estrecho» entre los campos de cultivo de la zona. Esa apariencia habría evocado un sendero hacia el mundo de los muertos, conocido en gallego como alén.

En el barrio de Lavadores, la rúa Bagunda esconde un origen muy distinto. Según explica Antomil, el nombre parece proceder de un antropónimo germánico vinculado a una posesora medieval. La forma actual derivaría de Baudegundis, que habría evolucionado a Badagunda hasta llegar a Bagunda. La denominación se incorporó al callejero en 1986 y su uso se extiende por una zona que sobrepasa Martínez Garrido y alcanza incluso San Roque.

También en el litoral vigués hay nombres que conservan la memoria de un paisaje que ya no existe. Es el caso de la rúa das Dunas, en Alcabre, situada detrás del Verbum. Su denominación recuerda las dunas de Samil que desaparecieron con la transformación urbanística de la zona y la construcción de la avenida y el paseo marítimo. El nombre se incorporó al callejero en 1998.