Gaitas, meigas, empanada y licor café… los elementos representativos de la cultura gallega son casi infinitos. Sin embargo, cuando hablamos de arquitectura tradicional, los hórreos se llevan la palma. Estas singulares construcciones se han convertido en mucho más que en un simple espacio de almacenaje: son todo un símbolo.
Su silueta, fácilmente identificable, adorna los jardines de miles de casas gallegas y forma parte del paisaje de gran parte del territorio. Ya sea por costumbre, por repetición o por encontrarse en tierra de meigas, los hórreos poseen un cierto aire místico, como si guardaran en su interior historias propias.
Y es que, con cientos de años de antigüedad, los hórreos son una pieza fundamental de la historia de Galicia. Como bien apunta su definición en la Real Academia Galega, se trata de una "construción rural, de forma xeralmente rectangular, feita sobre columnas e con moitas aberturas nas paredes para facilitar a ventilación, que se utiliza fundamentalmente para gardar o millo e outros produtos agrícolas", ya que fueron concebidos para almacenar y conservar alimentos -inicialmente grano— lejos de la humedad y de los animales y desempeñaron un papel clave en la vida cotidiana y en la economía tradicional gallega. De ahí su característica estructura: un rectángulo alargado elevado sobre pilares que lo sitúan aproximadamente a un metro del suelo, una altura esencial para proteger las cosechas. Durante siglos, estas construcciones garantizaron el abastecimiento alimentario en periodos de escasez y malas cosechas.
Inicialmente construidos en madera, estas estructuras fueron evolucionando y mejorando con el tiempo y, a partir de los siglos XVII y XVIII, comenzaron a construirse en piedra, algo clave para que los conservemos a día de hoy.
Patrimonio cultural vigués
Aunque pueda pensarse que el hórreo es un elemento exclusivo del ámbito rural, propio de aldeas y del campo, lo cierto es que en Vigo son mucho más comunes de lo que cabría imaginar. Antes de convertirse en la gran ciudad que es hoy, la urbe olívica fue también un territorio agrícola, donde estas construcciones resultaban imprescindibles.
En la actualidad, Vigo cuenta con más de 1.500 hórreos registrados, repartidos por numerosos barrios de la ciudad. Pese a que la inmensa mayoría han perdido su funcionalidad inicial, se conservan con esa morriña tan característica de los gallegos y como un recuerdo del pasado. Especialmente en barrios como Beade, Matamá, Cabral o Valadares se conservan numerosos ejemplos.
Muchos de ellos forman ya parte del patrimonio histórico, ya que la mayoría datan del siglo pasado y superan el siglo de antigüedad. Por este motivo, casi todos ellos se encuentran protegidos por la Ley del Patrimonio Cultural de Galicia, que ampara a todos los hórreos de más de 50 años de antigüedad, al considerarlos una pieza clave de la historia de Galicia.
