Cuando apenas superaba los cuarenta años, la vida de Celso García dio un vuelco cuando le diagnosticaron fibrosis alcohólica y le dieron tres meses de vida. Celso cuenta cómo, en 1997 trabajaba como cocinero en un restaurante y frecuentaba bastante el mundo de la noche, aunque sin excederse con la bebida. "Mi bebida era el vino y el champán, pero nada de alcoholes fuertes", asegura. Sin embargo, esos hábitos comenzaron a afectar a su hígado, un órgano que, asegura, no avisa hasta que es demasiado tarde.
"Me sentía muy cansado, pero lo achacaba al trabajo y no me daba cuenta. No fue hasta que empecé a ponerme amarillo y se me empezaron a hinchar las piernas que empecé a pensar que pasaba algo malo", recuerda. Sin embargo, ya sea por miedo o por falta de tiempo, continuó ignorando los síntomas hasta que un desmayo lo llevó al hospital. Para aquel entonces, su situación era de extrema gravedad, con varices esofágicas y una fibrosis alcohólica muy avanzada. "Me dijeron que si no me trasplantaban iba a morir", explica. Sin embargo, asegura que por su mente nunca pasó la posibilidad de morirse.
A partir de ese momento dejó la bebida y comenzó a someterse a varias pruebas y procedimientos con la esperanza de que llegara un órgano para él antes de que se le acabara el tiempo. Ahora, trasplantado desde hace 30 años recuerda la suerte que tuvo. "Dicen que los milagros no existen, pero en mi caso fue un milagro", asegura.
"Dicen que los milagros no existen, pero en mi caso fue un milagro"
Celso García, vive con un hígado trasplantado desde hace 30 años
Celso llevaba poco más de una semana en la lista de espera para un trasplante de hígado recibió la llamada que estaba esperando. Pese a la tranquilidad con la que afrontó el momento, la intervención no estuvo exenta de complicaciones: "Tardaron casi 12 horas en terminar la operación porque mi hígado estaba en muy mal estado, casi no funcionaba, lo que también había afectado al intestino", explica.
Esos fueron realmente los peores momentos para Celso ya que, a la larga operación, le sucedieron 29 días de ingreso en la UCI. "Estuve a punto de morir. El tratamiento que me daban para el rechazo me hacía daño y mi cuerpo estaba sufriendo", recuerda. Sin embargo, por aquel entonces se estaba probando un tratamiento experimental en fase de ensayo y, al probarlo con Celso, funcionó. "Hasta en eso tuve suerte", reconoce.
Finalmente, Celso permaneció tres meses ingresado en el hospital, un tiempo que le sirvió para reflexionar sobre su estilo de vida y las decisiones que lo llevaron a esa situación. Fue entonces cuando decidió que, si salía del hospital, dedicaría su vida a concienciar sobre la donación de órganos.
Una vida dedicada a la concienciación
Tras recuperarse de la operación, Celso comenzó a colaborar con una asociación de donación de órganos en Vigo, aunque con el tiempo esta terminó desapareciendo; por lo que decidió fundar en 2008 la Asociación de Donantes y Receptores de Órganos de Vigo (Adrovi). La labor de Adrovi consiste en atender las dudas e inquietudes de pacientes que van a someterse a la operación, así como de aquellas personas que viven con un órgano trasplantado o quieren saber cómo convertirse en donantes. También se encargan de difundir la información a través de charlas en colegios, stands en centros comerciales y demás actividades de carácter divulgativo.
"Por aquel entonces no había tanta conciencia sobre la donación y el primer año conseguimos cerca de 3.000 donantes, fue un trabajo muy importante", recuerda orgulloso.
Cada año mejoran las cifras de donación y trasplante. España mantiene su liderazgo mundial en este ámbito: en 2025 registró una tasa de 51,9 donantes fallecidos por millón de habitantes, con 2.547 donantes, y realizó 6.335 trasplantes de órganos, según los últimos datos de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT). En Galicia, el año pasado se alcanzó un récord histórico con 429 trasplantes y 143 donantes, lo que situó la tasa de donación en 52,8 por millón de habitantes. Además, la comunidad cerró 2025 con 128.000 personas inscritas como donantes, de las que 1.881 se sumaron durante el año.
"Lo más importante es hablarlo en casa"
Su actividad se desarrolla especialmente en Vigo y Pontevedra, donde participa en campañas de concienciación, actos en centros educativos y jornadas relacionadas tanto con la donación de órganos como con la de médula.
Durante sus charlas con Adrovi, Celso cuenta su propia historia: habla del alcohol, de cómo una enfermedad hepática puede avanzar sin que el paciente sea consciente de ello, de su llegada al hospital, de la lista de espera y de aquel órgano que apareció cuando más lo necesitaba. Además, trata de transmitir una noción importante: nadie está a salvo de necesitar algún día un trasplante.
"Nadie está a salvo de necesitar algún día un trasplante"
Celso García, vive con un hígado trasplantado desde hace 30 años
"Tenéis que pensar que esto es una cosa que está ahí al día y que en algún momento podéis necesitarlo", les explica. Y les pide que, al llegar a casa, hablen con sus familias sobre la donación. "Lo más importante es hablarlo en casa", insiste.
En este sentido, su mensaje sobre la donación es directo y no entiende que alguien pueda rechazar la posibilidad de salvar una vida después de morir. "Me parece rarísimo. ¿Para qué los quieres después de muertos?", reflexiona
En junio de 2027 se cumplirán tres décadas desde aquel trasplante, y sigue teniendo muy presente que su vida fue posible gracias a una donación. "Una cosa es decirlo y otra cosa es demostrarlo", afirma. Por eso sigue entrando en colegios, hablando con adolescentes y contando una historia que empezó con una advertencia médica y terminó convirtiéndose en una segunda vida. Una vida que, para él, no le pertenece únicamente.
