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Imagínese que estudia para ser médico, pero la música se cruza en su camino. Comienza a pinchar en un local de moda, se rodea de amigos que tocan en grupos y termina trabajando para algunas de las grandes discográficas y con artistas de fama internacional. Esta es, muy resumida, la historia de Gonzalo López.

Se puede decir que este vigués estuvo, a principios de los años 80, donde tenía que estar. Estudiaba en la Universidad de Santiago, escuchaba Radio 3 y seguía las maquetas de los nuevos grupos. Un día, su novia de la época y él acudieron a un concierto gracias a unas octavillas que les habían repartido. Era en Salesianos, un 27 de diciembre de 1981, y en aquel Nadal Rock sonó por primera vez la batería de Mata jipis en las Cíes.

Era el concierto que, con el tiempo, acabaría siendo considerado el hito fundacional de la Movida de Vigo. "Es cierto que lo que generó fue increíble, pero La Movida era la gente que cabía en El Manco, en el Satchmo o en el Ruralex, no era más", dice entre risas Gonzalo, que recuerda una frase que repetía Julián Hernández, de Siniestro Total: "somos de Vigo y siempre los mismos".

Aquel primer contacto hizo que Gonzalo comenzase a regresar a Vigo todos los fines de semana para formar parte de esos "siempre los mismos", frecuentar los locales habituales de la época y forjar amistades que marcarían su vida.

El germen de Def Con Dos en El Manco

En la conversación con Treintayseis aparecen nombres como Germán Coppini, Miguel Costas, su hermano José Costas Peón, conocido como Peón Kurtz, recientemente fallecido, o el propio Julián Hernández. Precisamente, con estos dos últimos compartiría escenario en una actuación que acabaría teniendo consecuencias inesperadas: el germen de Def Con Dos.

Cada Noche de Reyes, por iniciativa de Julián Hernández, se formaba un grupo de música para actuar una sola vez y después desaparecer. Hubo ska, hubo blues y aquel año tocaba mirar hacia el rap que llegaba de Estados Unidos, con Beastie Boys y Run-DMC como referentes.

Tras escribir las letras de las canciones en la cafetería Derby, en la Gran Vía, se subieron al escenario bajo el nombre de Freddy Krueger y los Masters del Universo Antonio, de Los Cafres; Bernardo Vázquez, cantante de The Refrescos; Julián Hernández; Ángel González, que después sería batería de Siniestro Total; Peón Kurtz; César Strawberry y el propio Gonzalo.

Para el espectáculo, y mientras los raperos estadounidenses lucían colgantes con el emblema de Volkswagen, ellos rescataron de un desguace insignias de Seat para llevarlas al cuello. Donde no llegaban el dinero o la tecnología, llegaba el ingenio.

Gonzalo, encargado de los scratches de las canciones, los llevaba grabados en un casete. "Entonces iba con el play y con el pause, play, pause...", recuerda entre risas.

La actuación fue un éxito, pero también le sirvió para descubrir algo importante: quería dedicarse a la música, aunque no desde un escenario. "En el escenario yo estaba allí pensando cuándo acaba y cómo hago para dedicarme a la música que no sea encima de un escenario".

De La Kama a Madrid

Después de pinchar en La Kama, uno de los locales emblemáticos de la noche viguesa, situado en Tomás Alonso, le llegó la oportunidad de entrar profesionalmente en la industria musical. Fue la discográfica DRO, con la que grababan buena parte de los grupos locales, la que le ofreció encargarse de la promoción en Galicia.

"Yo no tenía ni idea", reconoce Gonzalo, que recuerda que en aquella época nadie pensaba realmente en vivir de la música. Ni siquiera quienes tenían un grupo o grababan un disco. Para él era una forma de ganar dinero, pero no contemplaba que pudiera convertirse en su futuro profesional. Sencillamente, aquellas profesiones "no existían".

Pese a los tropiezos propios de la inexperiencia, un día recibió una llamada desde Madrid. Querían que se trasladase a la capital para hacerse cargo de la prensa de la discográfica.

"Lo voy a consultar con la almohada y mañana te digo", respondió inicialmente. Sin embargo, una hora después volvió a levantar el teléfono: "Si lo consulto con la almohada no me voy. Me voy".

La afamada Movida había ido desintegrándose con el paso de los años, la profesionalización de aquellos grupos y pandemias en forma de SIDA y heroína iban desfigurando el movimiento juvenil de principios de los años 80.

Llegó a Madrid a principios de los años 90, en plena efervescencia cultural y musical, y donde también vivía su hermano Pablo. De DRO pasó a Warner y después a BMG, consolidando una carrera que le abriría las puertas de la industria internacional.

Ser de Vigo

Tuvo oportunidades para trasladarse a São Paulo y Lisboa, pero diferentes circunstancias lo llevaron a permanecer en Madrid. Gonzalo asegura que ser de Vigo le ha servido en multitud de ocasiones, tanto por su manera de responder y afrontar las situaciones como, simplemente, por el hecho de proceder de esta ciudad.

Una de las anécdotas más sorprendentes ocurrió precisamente en São Paulo, adonde viajó para conocer la discográfica y el trabajo que habría desempeñado si hubiese aceptado la oferta. Lo llevaron al teatro Olimpia, uno de los principales recintos de la ciudad, para asistir a un concierto de Donato y Estéfano.

Mientras subía al palco de la compañía, alguien le tocó el hombro: "Tú eres de Vigo, ¿verdad?".

La pregunta, retórica, lo devolvió inmediatamente a La Kama. Quien acababa de reconocerlo era uno de aquellos jóvenes que se acercaban habitualmente a su cabina para preguntarle por la música que pinchaba. Aquel antiguo "fan" resultó ser el hijo del propietario del teatro brasileño que, más adelante, impulsaría en Vigo el Nova Olimpia.

El encuentro terminó con una escena inesperada: fue Gonzalo quien acabó acompañando a los sorprendidos responsables brasileños hasta el palco principal.

Estopa, Manolo García y Sabina

Su etapa en BMG coincidió con algunos de los lanzamientos más importantes del panorama musical español.

"De repente me vino una ola en la que cojo el primer disco de Manolo García, el primero de Estopa, El Canto del Loco, el de Pereza, 19 días y 500 noches de Sabina...".

"Ese momento era como que todo lo que tocaba lo convertía en oro, como el rey Midas", asegura, todavía con cierto asombro al recordar aquella sucesión de éxitos.

Entre todos los artistas con los que ha trabajado, sitúa a Manolo García en el primer puesto, aunque guarda un recuerdo especialmente cariñoso de Estopa, con cuyos integrantes mantiene una estrecha amistad.

"Estopa fue la primera campaña viral que se hizo", sostiene. "No existía lo viral y hacíamos cosas virales: sketches, chorradas y parodias de anuncios que se han perdido", explica, destacando la creatividad de los hermanos Muñoz y una forma de promocionar la música que se adelantaba a las herramientas digitales actuales.

También vivió la complicada promoción de Enemigos íntimos, el disco de Joaquín Sabina y Fito Páez, cuyo título acabó resultando premonitorio de la relación entre ambos artistas.

Y presume de una familiaridad poco habitual con Joan Manuel Serrat, al que llama "Juan" y que siempre le pregunta por el Celta. Una muestra más de que Gonzalo nunca ha dejado de reivindicar sus raíces viguesas y su pasión celeste.

Su trayectoria está salpicada de nombres internacionales como Alicia Keys, Beyoncé, The Strokes, Foo Fighters o Bruce Springsteen. Experiencias que, incluso hoy, todavía le hacen preguntarse cómo pudo llegar hasta allí aquel joven que comenzó escuchando maquetas en Radio 3.

Del disco al streaming

La carrera de Gonzalo López es también la historia de alguien que ha asistido en primera persona a las grandes transformaciones de la industria musical. Desde la época en la que se vendían millones de discos hasta la expansión del CD, la revolución del streaming y, ahora, la irrupción de la inteligencia artificial.

Una sucesión de cambios que ha obligado a las discográficas a reinventarse y a convertirse en auténticas agencias 360 para los artistas, ampliando sus servicios mucho más allá de la grabación y comercialización de canciones. Un terreno en el que Gonzalo ha desarrollado buena parte de su experiencia profesional.

Esa labor continúa hoy con grupos como Arde Bogotá, una de las bandas destacadas del panorama musical actual, que comenzará, precisamente, su gira en Vigo. El anuncio de su concierto ha despertado una enorme expectación, con largas colas para conseguir entradas.

Después de tantos años, Gonzalo observa con cierta distancia cómo las nuevas generaciones se enfrentan al éxito y, sobre todo, a la velocidad con la que este puede desaparecer.

"De repente sacan dos canciones, viene un gran éxito, pero pasado mañana sacas otra y ya nadie te sigue. Es una ansiedad que yo entiendo".

"Tengo el mejor trabajo del mundo"

Aquel joven vigués que escuchaba Radio 3, pinchaba en La Kama y fabricaba scratches con un casete ha atravesado prácticamente todas las revoluciones de la industria musical.

Al mirar atrás, recuerda aquella etapa con palabras como "ingenuidad" e "inconsciencia". Las de quien hace lo que cree que tiene que hacer, sin pensar demasiado en las consecuencias y sin imaginar hasta dónde puede llevarlo.

Cuando mira atrás, resume su trayectoria con una frase: "Tengo el mejor trabajo del mundo".