Gran parte de los restaurantes de Vigo están teniendo problemas para mantener a un precio asequible sus menús del día, algunos, incluso, abandonan este negocio y trabajan sólo a la carta. Pero el centro de la ciudad esconde la excepción a esta tendencia, un pequeño restaurante familiar que mantiene su oferta única para todos los bolsillos.
Ubicado en el número 5 de Rúa do Roupeiro, Migas se ha establecido como un restaurante de referencia para los trabajadores y las trabajadoras del centro de Vigo. No tienen carta y sus variados menús del día destacan por la fusión de gastronomía con productos de proximidad y platos cocinados al momento.
A su cargo están Andrea Bergaglio y Montserrat Vega. Él está al frente de la cocina y de la oferta salada, mientras que ella se encarga de preparar los postres y de servir en sala con la ayuda de una amiga de la infancia de Andrea, Ana.
Se conocieron en Londres en el año 2000. Ninguno se dedicaba al sector de la hostelería, hasta que en 2008 y de vuelta en Italia Andrea perdió su trabajo y decidió emprender su propio proyecto personal. "Me cansé totalmente del mundo del marketing, de meetings, oficinas y horas sin luz natural", explica a Treintayseis.
En el país transalpino, abrieron su primer local, que estaba especializado en comida española y su plato estrella era la paella. "Todo era autodidacta. Su padre siempre cocinó y le encantaba la cocina", afirma Montserrat, sobre la pasión por los fogones que Andrea confirma: "Me gustaba, leía, pero no vengo de ese mundo".
Interior de Migas, restaurante de Vigo
El local de Italia fue su primera toma de contacto con la cocina, su "escuela primaria", en palabras del cocinero y dueño de Migas. "Llegó un momento que queríamos dejar Italia y queríamos volver a Londres", añade esta pareja de hosteleros, que no dudaron en preparar de nuevo las maletas y mudarse a Londres en 2013.
De Turín a Vigo con escala en Londres
En la capital británica, Andrea comenzó a trabajar con una amiga, Bea, natural de Tomiño (Pontevedra), quien había abierto su propio restaurante tras años trabajando en "cocinas muy importantes" de Londres. Allí es cuando realmente empezó a cocinar", asegura Montserrat.
El cocinero asegura que aquellos años aprendió "de verdad" y que esa experiencia fue su "ESO, Bachillerato y universidad" en el mundo de la cocina. "Aquel local era muy particular, estaba en la zona más trendy de Londres aquel momento y hacía de todo", explica Andrea, que allí aprendió las bases de la comida fusión.
El Brexit los empujó a marchar de Reino Unido y, ya en Vigo, Andrea y Montserrat decidieron apostarlo todo por la hostelería. Abrieron Migas en septiembre de 2019, con el objetivo de ofrecer platos fusión preparados con productos frescos de primera gama y un concepto similar al local de Londres. "El restaurante lleva la marca de Bea", afirman.
Cocina de Migas, restaurante de Vigo
Migas es el local al que Andrea y Montserrat les gustaría ir, así como un espacio que en sus paredes acoge sus recuerdos. Por eso definen su pequeño negocio como un restaurante familiar, donde cada día preparan un menú del día diferente que no deja indiferente a ninguno de sus clientes.
Las dimensiones del local son pequeñas, ya que buscaban un espacio que pudieran gestionarlo ellos dos solos. Ahora cuentan con la ayuda de Ana, pero al principio contaban con dos trabajadoras, ya que servían también unos desayunos "muy buenos". Dejaron de ofrecer este servicio para reducir la carga de trabajo y asegurar la calidad de la hora de la comida.
Menú del día económico y de calidad
"Muchas verduras, todo cocinados y mucha mezcla", define Montserrat, que asegura que algunos visitantes entran confundidos al restaurante al no tener carta ni estar dedicados a un tipo concreto de gastronomía. "Hay cosas españolas, griegas... Nos encanta la comida india y trabajamos mucho recetas de Medio Oriente", destacan.
La pareja incide en que no tienen carta y que cambian el menú del día todos los días. "Esto nos permite no aburrirnos. Cada día hacemos cosas nuevas y diferentes", señala Andrea, que explica que sólo trabajan con proveedores locales y, así, controla el precio y lo mantiene asequible para todos los bolsillos.
Eso sí, ni Andrea en el menú del día, ni Montserrat en los postres, renuncian a comprar productos de primeras marcas para asegurar la calidad del servicio. "Se come bien y ligero, y los postres son todos caseros", inciden los hosteleros, que consideran que sus clientes "históricos" son "aventurosos" al tener que enfrentarse cada mediodía a un plato único.
Raro es el día en el que Andrea, Montserrat y Ana no llenen su pequeña sala de lunes a viernes al mediodía, convirtiéndose en un claro ejemplo de que "se puede trabajar muy bien con el menú del día". Atienden hasta cerrar la cocina a las 15:30 horas o quedar sin existencias. "Nos encanta. Hay mucho ritmo, trabajas como un loco, pero es lo mejor", concluyen.
