Canido vive toda una revolución desde la pandemia. Nuevas urbanizaciones y vecinos están transformando este "pequeño pueblo" marinero en una de las parroquias más exclusivas de Vigo, que aún esconde alguno de los restaurantes más reconocidos de la ciudad, con más de 70 años de historia.
Los padres de José crearon Basilio Toralla en 1954 frente a la playa de Canido. "Hicieron la casa y mi madre, creo que más por entretenimiento y ganas de hacer algo, montó un bar para los marineros, para darles de desayunar, comer y cenar", recuerda el heredero del negocio familiar.
Durante los primeros años de Basilio "no venía nadie más que marineros". José "mamó" aquella época entre los trabajadores del mar y de las conserveras de la zona: "Había noches, a las 3:00 horas de la mañana, en las que mi madre seguía cocinando y yo con un marinero jugando".
Desde que nació, Basilio fue más que un bar para José. Era casa, pero pronto se convirtió también en su lugar de trabajo. El hostelero recuerda que con apenas nueve años volvía al negocio familiar en tranvía desde el colegio Labor para "echar una mano" a su madre, Celia, a la hora de la comida.
"De eso me acordaré siempre. Bajar del tranvía, venir corriendo, echar una mano a mi madre con los menús y, con la comida en la boca, marcharme para el colegio", asegura el hostelero, que fue creciendo y asumiendo mayores responsabilidades mientras el tradicional bar de marineros se convertía en el restaurante que disfrutan centenares de vigueses y viguesas hoy en día.
Restaurante Basilio, en Vigo
Pese al cariño que guarda a los primeros años de Basilio, José tampoco romantiza aquel bar de marineros en el que su madre trabajaba de sol a sol. "El cliente era el dueño. Creían que todo era de ellos", señala José, que recuerda hombres que se pasaban la tarde en el local "por dos pesetas, por un café" o, incluso, personas ebrias y peleas.
Una transición natural de la mano del cliente
Con el paso de los años, Basilio fue refinando su oferta, siempre centrada en la comida tradicional de casa. "Empezó a venir gente de fuera; comidas de negocios, de empresas, que fueron quizás las que nos dieron más auge y se creó ya una amistad entre nosotros y los clientes", indica José, sentado en una de las mesas de su restaurante antes del primer servicio del día.
La intención nunca fue crear un restaurante del prestigio de Basilio. "Fue el cliente el que nos llevó. (...) Poco a poco se iba siguiendo los consejos de la gente porque nosotros no estudiamos hostelería", afirma José, que recuerda que en los años 80 le preguntaban por su plato estrella y no sabía qué responder al no saber a qué se refería su interlocutor.
Interior del restaurante Basilio
Servilletas de paño, una vajilla personalizada de Álvarez o una mejor mantelería son detalles que los comensales de Basilio iban recomendando a una de las familias más reconocidas de esta parroquia marinera olívica. El ticket medio comenzó entonces a subir gracias a un mejor servicio y productos: en la actualidad, un "menú mínimo" alcanza los 55 euros por persona.
La calidad es "innegociable"
Las crisis económicas han supuesto las etapas más duras de Basilio, que José nunca planteó cerrar y seguía trabajando "sin miedo". De hecho, vecinos y clientes le recomendaban hacer algún menú del día más económico, pero nunca le convenció la idea: "Si hago un menú barato, salimos de nuestra trayectoria. Comprar barato es comprar menos calidad".
Mesa del restaurante Basilio Toralla
Mantener la excelencia de los productos es "innegociable" para Basilio. La seriedad y la honestidad son dos de los valores sobre los que José construyó su negocio, que ya cumple más de 70 años en Canido. Además, la cocina ha mantenido la identidad de Celia, cuyos guisos de pescados y empanadas "siempre fueron muy famosas". El marisco es también de lo más demandado.
La carta depende de la oferta y de los precios del mercado, que pueden llegar a ser "algo elevados". Ahora bien, José destaca que se adapta "mucho al cliente". Y es que la atención al público es otro de los pilares de Basilio, que sobrevive en Canido pese a la revolución urbanística que está presenciando la parroquia: "Trajo gente nueva. Y para bien".
