La Navidad de Vigo se lleva todas las portadas durante el invierno, pero es en Bembrive donde mantienen la esencia de la localidad. La lluvia y el frío de enero serían muy difícil de sobrellevar sin los furanchos y la fiesta de San Blas, que atraen a miles de personas de toda Galicia a este pueblo del municipio olívico cada año.
El cerdo, el vino y la música tradicional son los ejes conductores de una celebración que transforma Bembrive en el punto de encuentro de todos los vecinos y vecinas de Vigo. Por ello, los furanchos son una pieza imprescindible para esta fiesta que cuenta con más de 350 años de historia.
Entre los 21 furanchos que han abierto el pasado viernes 9 de enero, destaca uno: A Blasa. Regentada por Samuel Fernández —también presidente de la Comisión de Fiestas—, esta joya de la gastronomía gallega tiene una tradición de 16 años, pese a múltiples cambios de localización. Ahora se encuentra en el número 28 de Camiño Novelos.
Pero la pasión por las fiestas y el furancho viene de familia. Ya sus abuelos "montaban" hace más de 50 años y, luego, comenzaron A Blasa unos amigos, su tía y él. "Cada uno se fue desatendiendo un poco y ahora quedamos mi pareja y yo", explica el mecánico de profesión, que recuerda que el objetivo es "seguir con la tradición".
Furancho A Blasa, en Bembrive, Vigo
"Al final, somos todos de aquí, nativos de Bembrive. Es una fiesta que empezó entre vecinos, con la matanza del cerdo y el vino, y ahora es una fiesta con mucho tirón, de las más importantes de Vigo", añade Samuel, que continúa trabajando por la comunidad pese a las continuas llamadas y la responsabilidad que significa ser el presidente de la Comisión.
Mantener la esencia de San Blas
Samuel explica que el 24 y el 31 de enero serán las jornadas más intensas, con mayor afluencia de público. Tradicionalmente, el día grande era el 3 de febrero, cuando las peñas de Citroën y el naval subían hasta Bembrive en busca de su vino y su cocido.
San Blas ha crecido y ha evolucionado, pero continúa siendo la fiesta más tradicional y con mayor identidad de la comarca. No sólo por sus 350 años de historia, sino por el deseo de sus vecinos y vecinas de mantener la esencia y su cariño por la cultura y la gastronomía local.
Por eso, las panderetas, las gaitas y las cunchas son las grandes protagonistas cada fin de semana de enero en Bembrive. La música en directo, junto al vino y la comida, generan un ambiente inigualable, que también se vive, cómo no, en el furancho A Blasa.
"Es una fiesta de venir con la familia, comer cocido y pasarlo bien. Antes, venían 20 o 30 peñas, pero al final es como todo, la gente mayor va desapareciendo, se olvida este tipo de historias y se pierden tradiciones. Eso es lo que no queremos que pase en la fiesta", recalca Samuel.
El mecánico recuerda que hace tres años tuvieron que hacer un comunicado porque "se estaba yendo de madre" y estaban pinchando "reggaeton". "En vez de furanchos, eran pequeños after. Eso es lo que no queremos, porque el ambiente es distinto, la música incita a otra cosa. (...) Quien quiera ese tipo de ambiente tendrá que irse a Churruca o al Areal", reafirma.
Aun así, cada vez se encuentran con más trabas administrativas que dificultan los preparativos de San Blas. En el caso de Samuel, como presidente de la Comisión es aún más intenso: debe contactar con Policía Local, Protección Civil y Bomberos para elaborar el plan de seguridad y de prevención de riesgos, entre otros trámites.
Las claves del éxito: buen vino y cocido tradicional
El vino siempre ha sido el elemento central de cualquier furancho y en Bembrive no iba a ser menos. "Lo más importante es tener un buen vino, si no lo tienes, la gente se va", afirma Samuel, que recuerda que el nombre del pueblo significa "de buen vivir", por lo que bebida y comida son los ejes de San Blas.
Además, el origen de la fiesta es la matanza del cerdo. Así, el cocido es el rey de la carta, especialmente los fines de semana. Además, en A Blasa cuentan con una variada oferta de tapas: raxo, zorza, jamón asado, oreja y lacón son las estrellas, aunque también hay espacio para unos buenos calamares, croquetas y tortilla.
Furancho A Blasa
Gracias a su gastronomía, San Blas se ha convertido en una fecha ineludible en Vigo en enero. Los furanchos sólo abren este mes, ya que al no contar con excedente de vino para ser catalogados como tal por las administraciones, no pueden abrir más tiempo. Así que no cabe duda alguna y se debe aprovechar cualquier momento para subir hasta Bembrive y disfrutar al máximo de su histórica fiesta.
