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Medio siglo después de su naufragio frente a las islas Estelas, el carguero liberiano 'Ivy', hundido con unas 30.000 toneladas de mineral de hierro, vuelve a estar de actualidad.

El Ministerio de Defensa ha frenado por el momento el proceso para autorizar la extracción de la carga solicitada por una empresa valenciana y ha pedido informes a expertos para evaluar las posibles consecuencias ambientales de la operación.

El pecio se encuentra en una zona incluida en la Red Natura 2000, catalogada como Zona de Especial Conservación (ZEC) y próxima al Parque Nacional de las Illas Atlánticas.

El Concello de Nigrán ha mostrado su rechazo a cualquier intervención que pueda alterar el ecosistema creado alrededor de los restos del barco y el alcalde, Juan González, avanza que trasladará esta posición por escrito al Ministerio de Defensa.

"Existe consenso en que su extracción acabaría con este fondo marino que sirve de refugio y zona de cría para diferente fauna, así como para el alga laminaria. No podemos permitir que se altere lo más mínimo ese ecosistema, forma parte de nuestro patrimonio natural más sagrado", defiende González.

El regidor considera que "la posible rentabilidad económica para una empresa privada no puede poner en riesgo nuestro equilibrio ecológico submarino".

Un arrecife creado durante medio siglo

El 'Ivy' naufragó en 1976 frente a las islas Estelas cuando transportaba mineral de hierro desde Brasil hacia Alemania. Con el paso de las décadas, sus restos se han integrado en el fondo marino hasta convertirse en un arrecife artificial consolidado, según han advertido investigadores, colectivos ecologistas, profesionales del buceo y representantes del sector pesquero.

En torno al pecio encuentran refugio y zona de cría especies como pulpos, nécoras, lubinas, centollas o congrios, además de comunidades de algas como las laminarias. El lugar se ha convertido también en un punto habitual para clubes y escuelas de buceo atraídos por la biodiversidad existente alrededor de los restos del carguero.

"Es un auténtico santuario fundamental para nuestra economía pesquera; conforma un arrecife único", sostiene González, que insiste en que su ubicación dentro de la Red Natura obliga, a su juicio, a preservar el entorno frente a cualquier actuación que pueda modificarlo.

El educador ambiental Antón Lois advierte igualmente de las consecuencias de una eventual extracción. "Si quisiéramos construir a propósito un arrecife como este tardaríamos décadas y gastaríamos millones de euros en conseguir algo tan perfecto. Destruirlo sería, patrimonial y ecológicamente hablando, una pérdida injustificable", señala.

Lois considera además que retirar el mineral supondría "inevitablemente la destrucción del hábitat", además de remover sedimentos y sustancias que llevan décadas estabilizadas en el fondo marino. La decisión definitiva queda ahora pendiente de los informes solicitados por Defensa sobre el impacto que tendría la operación.