Volvemos a nuestro peculiar banquete y cada invitada con su experiencia ilumina y completa la anterior. En esta ocasión las cartas nos muestran una granja, un faro, animales y conservas. No es un tarot enloquecido, son las imágenes profesionales de una mujer, Lucrecia García, veterinaria, directiva, empresaria y emprendedora. Una mujer esencialmente curiosa. Nuestra septuagésima invitada especial a los banquetes de Sumamos.

En otras ocasiones el hilo conductor del liderazgo ha sido el propósito, la sensatez, la coherencia o la autenticidad. Pero el espíritu emprendedor de Lucrecia nos ha traído la belleza como ideal del liderazgo. La belleza de los proyectos que ha imaginado ha sido el combustible: la energía que la empuja a ponerlos en marcha y la motivación para sostenerlos en el tiempo.

Convertir un faro en un hotel es un proyecto bello, un horizonte orientador que guía el esfuerzo. Transformar una granja en escuela, naturaleza y animales en una aventura. Aunque no exista un modelo, un camino concreto, la idea de belleza puede funcionar como un norte que ordena la experiencia y orienta las decisiones empresariales más creativas.

Si como ella lideras desde la belleza, entonces tu estilo ya no es un adorno, es claridad. Es una propuesta de valor bien formada. Y también sirve de motor emocional: eleva, inspira y da sentido a todos los que participan en ella.

Diría que la belleza opera como ideal regulativo -disculpas por la vena jurídica-: no es una meta fija sino un horizonte. Sabemos, por la experiencia propia y la de nuestra invitada, de todas las dificultades que supone levantar un proyecto; pero ese ideal que persigue la orienta hacia decisiones cuidadas y justificadas, algunas casi inevitables. El emprendimiento debe parecerse más al arte moderno, no siempre resulta ordenado y armónico, a veces es tensión y ruptura.

La emprendedora que lidera desde la belleza no se conforma con que las cosas funcionen: quiere que funcionen bien y nos hagan bien.

En el Banquete de Sumamos las invitadas no se sientan a dar una charla, vienen a mostrar – entre otras cosas- su manera de entender el liderazgo femenino, a veces sin saber lo que van a revelar. Algo como lo que debía suceder en la Grecia clásica, donde los comensales no se reunían por la comida sino para revelar lo que aman, lo que saben, lo que realmente les mueve.

Un faro, una granja, una lata de conservas. El tarot de Lucrecia, y su liderazgo de lo bello.