Publicada

Emprendedor en serie. Gallego de nacimiento, estudió Ingeniería Industrial en Málaga y después Física en King’s College London.

A los 20 años fundó Quantum Society, una organización que conectó a estudiantes de ciencias en España y Latinoamérica con referentes tecnológicos como NASA o Tesla.

A los 24 fundó Adcities con una visión clara: construir el "Google Ads" del mundo real, permitiendo a las marcas segmentar, activar y medir publicidad exterior con la contextualización y trazabilidad de los canales digitales. Respaldados por más de 4 millones de euros en financiación de venture capital, están construyendo una compañía global que ya tiene presencia en tres continentes.

Como hobby a destacar, toca el saxo junto a DJs de renombre sobre ritmos de house y techno.

Esta semana este vigués ha sido seleccionado en la lista Forbes 30 under 30 de 2026 con otros jóvenes como la artista Bad Gyal o la también gallega Alba Meijide, ingeniera en Inteligencia Artificial.

Explicado en una frase, ¿Qué hacéis en Adcities?

Adcities es una plataforma AdTech que permite a los anunciantes segmentar, activar y medir publicidad contextual en el mundo físico, ya sea en marquesinas, billboards, soportes en movimiento o cualquier otro emplazamiento del mundo real.

De esta forma, las marcas cuentan por fin con una alternativa trazable y flexible para seguir comunicándose de manera relevante en un momento en el que los LLMs están transformando el consumo de contenido y la televisión lineal continúa perdiendo audiencia. Lo conseguimos reivindicando el canal publicitario más antiguo de todos, pero dotándolo de una capa tecnológica sin precedentes.

¿Hay que irse fuera de Galicia para montar una startup como Adcities?

Sí, al menos en mi industria. Mi trabajo está centrado en marketing y ventas, y nuestros principales clientes son grandes empresas (B2B Enterprise). Por una cuestión de concentración de mercado, alrededor del 70% del negocio publicitario en España está en Madrid, así que para mí no había ninguna duda de que tenía que estar allí.

De hecho, conforme Adcities siga creciendo, probablemente me toque vivir también en otros países, entre ellos Estados Unidos, y en concreto Nueva York, que sigue siendo la cuna de la industria publicitaria a nivel mundial.

En cambio, mi socio, que lidera la parte de producto, junto con un equipo completamente offshore, tiene mucha más flexibilidad y podrá decidir si quiere vivir en Galicia, en Bali o prácticamente en cualquier lugar del mundo.

Llevas ya unos cuantos años con este proyecto ¿Qué señales te convencieron de que el problema era suficientemente grande como para dedicarle años de tu vida?

Por un lado, venía de trabajar en el mundo del fleet management, dentro del sector de las telecomunicaciones e IoT, así que ya era consciente del enorme potencial que tenía aplicar datos y machine learning al mundo físico.

Sin embargo, el verdadero punto de inflexión llegó cuando conocí a Jacobo. Él me trasladó varios insights sobre cómo la publicidad en el mundo físico estaba creciendo con fuerza en Estados Unidos, impulsada por tres grandes tendencias.

La primera era la saturación de los canales digitales tradicionales. La segunda, el creciente nivel de sofisticación de la publicidad exterior gracias a nuevas capacidades de segmentación, activación y medición. Y la tercera, que tarde o temprano los LLMs, como ChatGPT o Gemini, se conectarían de forma nativa a internet y transformarían completamente la manera en la que las personas descubren contenido y, por tanto, la forma en la que las marcas conectan con sus audiencias.

Eso es precisamente lo que está ocurriendo hoy. Estamos entrando en la llamada Zero-Click Era, un cambio de paradigma que está redefiniendo el mercado publicitario y del que canales como la Connected TV y el Out of Home, donde opera Adcities, están siendo algunos de los grandes beneficiados.

¿Cómo conseguiste vuestro primer cliente cuando todavía no teníais prácticamente producto?

Conseguir nuestro primer cliente fue algo divertido y un buen reto personal, ya que todos nos pedían casos de éxitos previos antes de avanzar. Es como el problema de la gallina y el huevo: ¡nadie quiere ser el primero!

Por un lado, teníamos que demostrar de forma muy clara qué KPIs íbamos a ser capaces de entregar al finalizar cada campaña. Era fundamental generar confianza en torno a la medición y los resultados.

Por otro lado, intentamos ser muy creativos en nuestra forma de vender. Utilizamos inteligencia artificial para generar imágenes que mostraban cómo se vería la campaña una vez desplegada. Al final, trabajamos en un negocio muy visual: la publicidad entra por los ojos, y ayudar al cliente a imaginar su marca integrada en el mundo real marcaba una gran diferencia.

Y, por supuesto, hubo mucho trabajo comercial. Tocamos muchísimas puertas. Ni mucho menos el primer cliente nos dijo que sí. Fue el resultado de insistir, aprender de cada reunión y seguir mejorando nuestra propuesta de valor hasta encontrar el encaje adecuado.

¿Cuál fue el mayor error y aprendizaje de los primeros doce meses?

Sin duda, el mayor aprendizaje fue la importancia de saber delegar en personas que son significativamente mejores que tú en su área.

He llegado a una conclusión muy clara: cuando entrevisto a alguien, tengo que poder pensar inmediatamente “esta persona es mejor que yo en este trabajo”, independientemente de si se trata de ventas, liderazgo de un país, marketing, customer success o diseño. Idealmente, incluso un orden de magnitud mejor.

A partir de ahí entiendes de verdad el valor de la delegación. Es la única forma de escalar una compañía más allá de las capacidades individuales del fundador.

Creo que las empresas realmente grandes se construyen así: rodeándote de talento superior en cada área y permitiendo que el sistema crezca más allá de ti mismo.

¿Hubo algún momento en el que pensaste seriamente en abandonar? ¿Qué es lo que te da fuerzas para seguir cuando sientes que todo está en contra?

Sí, ha habido un par de momentos. Momentos en los que llegas a casa con miedo, con la sensación de que todo se está complicando y ya lo ves todo negro, aunque no sea algo real.

Pero con el tiempo te das cuenta de que nada realmente “se acaba” de un día para otro. Todo sigue.

Entonces, si en ese preciso momento eres capaz de recordar por qué empezaste, por qué esta empresa tiene sentido y por qué el problema real que estás intentando resolver tiene sentido, siempre conseguirás volver a levantarte al día siguiente y encararás la situación con mayor energía y determinación.

De hecho, casi siempre descubres que eso que te preocupaba no era tan grande como parecía en un principio. Y también entiendes que siempre existe una solución. Puede que no sea obvia, pero tu principal trabajo como founder es encontrarla, independientemente de cómo, cuándo o dónde.

Y aquí me parece muy importante una idea de Uri Levine, fundador de Waze: enamorarte del problema, no de la solución. Cuando interiorizas eso, es mucho más fácil seguir adelante en los momentos de mayor adversidad, y aprovecharlos para cargarte de valentía y convicción.

Un emprendedor pasa un porcentaje de su tiempo muy alto vendiendo ¿Dónde se aprende a vender?

Sinceramente, yo diría que un emprendedor pasa prácticamente el 100% de su tiempo vendiendo. Da igual si estás intentando contratar a alguien, renegociar con tus inversores, convencer a un compañero para que siga creyendo en el proyecto o cerrar una campaña con un cliente. En todos esos momentos estás vendiendo una idea.

Creo que vender es algo profundamente humano. En parte, hay un componente innato: tienes que creer de verdad que estás aportando valor a la otra persona. Si no lo haces, acabarás sintiéndote como un impostor o un hipócrita.

Pero también es una habilidad que se puede desarrollar. Existen técnicas, metodologías y herramientas que ayudan muchísimo. Uno de los libros que más me ha aportado en este sentido es Never Split the Difference de Chris Voss. Me ha ayudado a estructurar mejor negociaciones complejas y a gestionar conversaciones difíciles. Se lo recomendaría a cualquier emprendedor o a cualquier persona que se dedique a las ventas.

¿Qué buscas hoy en una persona para incorporar al equipo?

Sin duda, lo primero que busco es un excelente encaje cultural. Me gusta decir que contrato misioneros, no mercenarios. Es decir, personas que trabajan por algo más que un salario y que creen de verdad en la misión que estamos construyendo.

Al final, en el corto plazo, ambos pueden rendir de forma similar. Pero en el largo plazo es donde aparece la diferencia. Los misioneros son quienes mantienen el compromiso, elevan el nivel de excelencia y hacen siempre un esfuerzo adicional para que el proyecto salga adelante. Los mercenarios, en cambio, tienden a limitarse a cumplir con aquello que se les pide, sin ir un paso más allá.

Para construir una startup durante muchos años, ese tipo de compromiso marca toda la diferencia.

¿Qué ha sido más difícil: convencer al primer inversor o convencer al primer cliente?

Respuesta: En nuestro caso, fue mucho más complicado convencer al primer inversor. Nosotros no hicimos una ronda tradicional de friends, family and fools (FFF). Desde el principio apostamos por incorporar inversores institucionales para cubrir una parte muy importante de nuestra primera ronda pre-seed.

El reto es que, en España, levantar capital sin tener ingresos recurrentes todavía es especialmente difícil. Aunque tengas una visión sólida, un buen equipo y una oportunidad de mercado clara, la ausencia de revenue pesa mucho en las conversaciones con los inversores. Por eso, conseguir esa primera confianza institucional fue probablemente uno de los hitos más complejos de la compañía.

Acabas de ser reconocido como Forbes 30u30 ¿Qué significan para ti estos reconocimientos?

En realidad es Adcities quien ha sido premiada. Y es que creo firmemente que este es un logro de equipo y no tanto uno individual.

Creo que este tipo de reconocimientos sirven para premiar el trabajo bien hecho y generar cierta validación de cara al exterior al ser una organización de reconocido prestigio.

Más allá de eso, solo nos queda volver al trabajo para seguir elevando el nivel para nuestros clientes.

¿Qué es lo mejor y lo peor de emprender en España?

Creo que hay mucho potencial en este país que todavía sigue dormido. Por un lado, hay buen talento y a un coste salarial muy razonable. Por otro lado, levantar capital a partir de ciertas valoraciones es muchas veces todo un reto.

Lo mejor es saber que en este precioso país todavía hay un gran espacio para la mejora.