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Hay personas que no encajan bien en una sola definición. A ella le pasa. Algunos la han visto sobre el escenario —incluso en contextos tan visibles como Benidorm Fest— y otros la conocen por liderar un proyecto empresarial con un impacto impresionante en la salud de muchas personas. No son dos personas. No hay dos vidas distintas, sino una misma forma de estar en el mundo.

En esta conversación con Ana Rade, CEO de Sermade y vocalista de K!NGDOM, habla sin adornos de cansancio y de descanso, de aprender a delegar, de escuchar la intuición tanto como los datos y de por qué emprender, para ella, también es una manera muy concreta de cuidar a las personas.

Cantando y Bailando. Dirigiendo una empresa que cuida la salud de un colectivo que no tiene grandes atenciones. Con los pies en el suelo pero apuntando muy alto.

¿Cómo es un día en la vida de alguien que lidera una empresa y también se sube a un escenario?

No hay un día tipo, y creo que es importante decirlo para no vender una imagen irreal. Hay semanas en las que encadeno reuniones estratégicas con ensayos, y otras en las que estoy completamente centrada en decisiones de negocio o en el equipo.

Lo que sí he aprendido, a base de errores, es que el descanso no es un lujo, es una herramienta de trabajo. Si estoy cansada, no soy eficiente. Y cuando lideras, tu cansancio lo paga mucha más gente que tú.

Por eso es vital construir equipos sólidos cuando tus proyectos son ambiciosos. Este es uno de los mayores retos en el emprendimiento, encontrar personas que crean en el proyecto, que aporten y remen en la misma dirección que tú.

¿Qué aprendizajes del emprendimiento llevas al mundo de la música… y viceversa?

El emprendimiento me ha dado visión a largo plazo. Entender que los resultados importantes no siempre son inmediatos, que hay procesos que se cuecen durante años y que la constancia pesa más que los picos de euforia. Eso, en la música, es clave para no frustrarse.

Y la música me ha enseñado algo que muchas empresas olvidan: la intuición también es una forma de inteligencia. En Sermade me permito pensar de forma menos rígida, más creativa. Muchas decisiones estratégicas nacen de ahí.

Una me estructura. La otra me libera. Y juntas funcionan mucho mejor de lo que la gente cree.

¿En algún momento pensaste que tenías que elegir entre emprender o cantar?

No, porque ambas cosas han estado siempre presentes en mi vida. En mi casa, el emprendimiento era parte de las conversaciones familiares desde que tengo uso de razón. Y la música… creo sinceramente que aprendí antes a cantar que a hablar.

Lo que sí he pensado muchas veces es: ¿realmente puedo sostener este ritmo? Ha habido etapas muy intensas en las que mi vida personal quedó en segundo plano y tuve que parar y reajustar.

Con el tiempo he entendido que no se trata de poder con todo, sino de no romperte por el camino. Organizarte, rodearte bien y tener equipos comprometidos. No elegir entre partes de mí, sino aprender a convivir con ellas.

¿Cómo nace la idea de crear Sermade y por qué apostar por un modelo móvil en salud dental?

Sermade nace de una realidad que nos pareció inaceptable. Detectamos que miles de personas mayores, con discapacidad, movilidad reducida, problemas cognitivos… estaban siendo sistemáticamente excluidas de la atención odontológica. No porque no la necesitaran, sino porque el sistema de atención odontológica convencional está muy limitado a la hora de dar respuesta a pacientes con necesidades especiales.

Estamos hablando de cifras enormes: más de dos millones de mayores de 80 años, más de 500.000 personas con realidades diferentes a la mayoría: problemas cognitivos, diversidad funcional, dependencia etc, viviendo en residencias...

Y cuando ves esto, te haces una pregunta muy incómoda: ¿Cómo puede alguien en España morirse con un dolor de muelas insoportable en pleno siglo XXI?

Decidimos ir hacia ellos. Crear un modelo de odontología adaptada, humana y especializada. Sermade es todo eso: llegar donde nadie llega.

¿Dirías que el sistema sanitario ha fallado a estas personas?

Creo que esta sociedad, en su afán de crecer, se queda sin dar respuesta a necesidades básicas de personas que tienen los mismos derechos que los demás y que quedan silenciadas porque muchas veces no pueden alzar la voz. Sermade existe porque hay una necesidad enorme que nadie estaba cubriendo. Y cuando ves esa necesidad, tienes dos opciones: mirar hacia otro lado o actuar.

Sermade cubre un vacío del sistema. ¿Te preocupa que normalicemos que sean las empresas las que tengan que hacerlo?

El ecosistema donde suelen surgir las grandes ideas es en el ámbito privado. Por suerte existen personas con ganas de buscar soluciones.

El emprendedor, por definición, es un insatisfecho inquieto, que siempre está buscando cómo mejorar su entorno. El problema no es que existan iniciativas que cubran vacíos, el problema es cuando esos vacíos se normalizan y nadie los cuestiona.

Creo que en el sector privado tenemos una responsabilidad clara: si puedes mejorar la vida de las personas con lo que sabes hacer, no hacerlo también es una decisión.

Innovar suele asociarse a tecnología y startups digitales. ¿Qué significa para ti innovar en un sector clásico como la salud?

Creo que a veces reducimos la innovación a lo tecnológico, ¿sabes? A lanzar algo nuevo, una app, una plataforma, cuando en realidad la innovación también puede estar en mirar de otra forma lo que ya existe.

En salud, muchas veces se confunde tradición con inmovilismo. Y eso es peligroso.

Si llevas años haciendo algo de una manera, corres el riesgo de dejar de preguntarte si sigue teniendo sentido. Innovar en sectores tradicionales es volver a hacer preguntas complicadas: ¿Para quién está pensado este modelo? ¿A quién deja fuera?

Ahí es donde realmente ocurre la innovación.

Sermade es una empresa familiar. ¿Qué tiene de especial emprender con tu familia y cómo se convive con el hecho de que el trabajo esté siempre presente?

Es maravilloso. No hay nada más bonito que trabajar con la gente que más quieres. Compartir un proyecto con tu familia te une de una forma muy profunda, porque no solo estás construyendo una empresa, estás construyendo algo que forma parte de vuestra historia común.

Eso no significa que sea fácil. El trabajo está siempre presente. Las conversaciones no se quedan en la oficina, aparecen en la comida, en el coche, en cualquier momento. Y hay que aprender a poner límites y a cuidar el vínculo para que el proyecto no se lo coma todo.

Pero también hay algo muy valioso: la confianza. En mi familia confían plenamente en mí, en mis decisiones y en mi manera de hacer. Y eso te da una libertad enorme para crear.

Aquí no hacemos las cosas porque "siempre se hayan hecho así". Hay mucho espacio para dejar fluir, para imaginar, para probar cosas nuevas y para crecer desde otro sitio. Ese equilibrio entre cariño, confianza y libertad creativa es lo que hace que este proyecto sea tan especial para mí.

¿Crees que las nuevas generaciones están llamadas a romper el molde de una sola carrera?

Totalmente. Ya lo estamos haciendo. Cada vez hay más personas que no encajan en una sola casilla, y eso no es un problema, es una ventaja.

Nos dijeron que no se podía tener todo. Yo no estoy de acuerdo. Lo difícil no es hacer muchas cosas, lo difícil es encontrar sentido en lo que haces. Cuando eso está claro, lo demás se ordena solo.