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Desde la Fundación Lingoreta trabajamos cada día con una única misión: mejorar el bienestar y la salud mental de las personas. Somos una institución sin ánimo de lucro que impulsa diferentes proyectos orientados al acompañamiento, la prevención y el desarrollo personal.

A través de iniciativas como Acompañar-T, donde ofrecemos becas sociosanitarias para personas que no pueden costearse terapia; ActivaMente, con talleres de memoria dirigidos a personas mayores; o Encamiñarse, una experiencia de autoliderazgo recorriendo el Camino de Santiago para redes empresariales, ejecutivos y profesionales... buscamos generar espacios reales de transformación."

Hoy damos un paso más. Iniciamos una nueva etapa con la apertura de un espacio dedicado a la salud mental en Treintayseis y Quincemil. Un lugar donde poner rostro y voz a las personas.

Porque todos tenemos una historia. Y cuando alguien comparte su proceso de superación, no solo sana una parte de sí mismo, sino que puede iluminar el camino de otros.

Soy Diana Lameiro, presidenta de la Fundación Lingoreta, y es un verdadero placer dar comienzo a este proyecto que nace con vocación de escucha, empatía y comunidad.

Para inaugurar este espacio contamos con una persona muy especial: Alicia Orriols, directora de la fundación, cuyo papel ha sido y es fundamental en este proyecto.

¿Quién eres y cómo te gustaría que te conozcan hoy?

Soy Alicia Orriols.Soy madre, periodista, autora de Mirar de frente y directora de la Fundación Lingoreta. Pero si tuviera que definirme en una sola frase diría que soy una persona que decidió dejar de esconder el dolor para transformarlo en conversación.

Durante mucho tiempo viví con una historia que no contaba.Hasta que entendí algo muy simple: cuando el sufrimiento se guarda en silencio, se multiplica. Cuando se comparte, empieza a transformarse. Hoy me gustaría que me conocieran como alguien que no habla de salud mental desde la teoría, sino desde la experiencia y desde la escucha de muchas otras historias.

¿En qué momento vital te encuentras actualmente?

Estoy en un momento de mucha conciencia. He pasado por etapas muy duras que me obligaron a replantearme muchas cosas: mi identidad, mis relaciones, mi forma de ver el mundo. Hoy me encuentro en un momento de propósito. El libro, la comunidad de Mirar de frente y proyectos como los que hacemos en Fundación Lingoreta tienen un objetivo muy claro:que la gente no tenga que atravesar el dolor en soledad como lo hacen millones de personas hoy.

Cuando piensas en tu bienestar emocional hoy, ¿qué palabra lo define?

Elegiría una palabra: equilibrio. No felicidad constante.No perfección. Equilibrio. Entender que la vida tiene luz y sombra y que la salud mental no es eliminar el dolor, sino aprender a convivir con él sin que te destruya.

"Durante mucho tiempo viví con una historia que no contaba.Hasta que entendí algo muy simple: cuando el sufrimiento se guarda en silencio, se multiplica"

¿Hubo una etapa especialmente desafiante que marcó tu vida?

Sí. Cuando tenía 21 años viví una experiencia de abuso de poder en el ámbito laboral que me rompió completamente por dentro. Aquello desencadenó una cadena de cosas: silencio, incomprensión, culpa, aislamiento… y finalmente una tentativa de suicidio. Tardé 22 años en contar esa historia. Porque hay cosas que el cuerpo recuerda mucho antes de que la mente pueda nombrarlas.

¿Recuerdas el momento en el que sentiste que algo no estaba bien?

Sí.No fue un día concreto.Fue más bien una sensación progresiva. La sensación de estar sola incluso rodeada de gente. La sensación de que lo que me había pasado no tenía espacio para ser contado. Y cuando una experiencia no se puede nombrar… empieza a convertirse en una prisión interior.

¿Cómo era un día cotidiano para ti en ese periodo?

Era como vivir en piloto automático. Por fuera funcionaba.Estudiaba, hablaba con la gente, hacía mi vida. Pero por dentro estaba completamente desconectada. Es lo que muchas personas describen como vivir dentro de un túnel. Un lugar donde todo parece tener una sola salida.

¿Qué emociones predominaban entonces?

Culpa. Vergüenza.Soledad.Y una sensación muy fuerte de injusticia. Porque muchas veces las víctimas no solo tienen que vivir el trauma…también tienen que vivir la incredulidad del entorno.

¿Cómo impactó esa situación en tu salud mental?

Me llevó a un lugar muy oscuro. Entré en un estado de desesperanza profunda donde sentía que no había salida. Y ahí aparece algo muy importante que intento explicar en el libro: la visión de túnel. Cuando una persona llega a ese punto, no quiere necesariamente morir.Lo que quiere es dejar de sufrir.

¿Te permitiste pedir ayuda o te costó dar ese paso?

Pedí ayuda muchas veces.Pero pedir ayuda no siempre significa que te escuchen. Eso es algo muy importante que tenemos que entender como sociedad. Muchas personas piden ayuda…pero no encuentran la escucha adecuada.

¿Qué papel jugaron las personas de tu entorno?

Hubo de todo.Hubo incomprensión.Hubo silencios.Pero también aparecieron lo que yo llamo personas brújula. Personas que llegan a tu vida en un momento determinado y te ayudan a encontrar dirección cuando tú ya no la ves. En mi caso hubo una persona clave que me ayudó a reconstruirme poco a poco.

¿Hubo un punto de inflexión?

Sí.Cuando comprendí que mi historia podía ayudar a otras personas. Ese momento cambia completamente la narrativa del dolor. Pasas de preguntarte:“¿Por qué me pasó esto?” a preguntarte“¿Qué puedo hacer con esto ahora?”

"El suicidio, el abuso, el trauma… son temas que socialmente evitamos. Pero lo que no se nombra no se puede transformar"

¿Cuál fue el primer paso para empezar a salir?

Hablar. Hablar sin filtros. Hablar sin eufemismos. El suicidio, el abuso, el trauma… son temas que socialmente evitamos. Pero lo que no se nombra no se puede transformar.

¿Qué fue lo más difícil del proceso?

Perdonarme. Durante mucho tiempo me culpé de cosas que no eran mías.Ese es uno de los grandes trabajos de la salud mental:devolver cada responsabilidad a su lugar.

¿Hubo algo o alguien que se convirtió en apoyo clave?

Sí.Las personas brújula. Y también la escritura. Escribir fue una forma de ordenar el caos interior. Mirar de frente nace literalmente de escribir desde las entrañas.

¿Cómo fue aprender a convivir con tus emociones?

Al principio luchaba contra ellas. Luego entendí algo fundamental: Las emociones no son el enemigo. Son mensajeras. Cuando aprendes a escucharlas sin miedo, empiezas a entenderte mejor.

¿Qué aprendizajes te dejó esa etapa?

Muchísimos.Pero hay uno que repito mucho: La vulnerabilidad no es debilidad.Es una forma profunda de valentía.También aprendí que nadie se salva solo.Todos necesitamos redes de apoyo.

¿Qué haces hoy para cuidar tu salud mental?

Tres cosas muy sencillas: Hablar.Pedir ayuda cuando la necesito.Rodearme de personas que suman. Y también intento recordar algo todos los días: La vida no es perfecta, pero merece ser vivida incluso con sus sombras.

¿Qué señales reconoces ahora que antes no veías?

El aislamiento. La pérdida de sentido. El cansancio emocional extremo. Muchas veces las personas no dicen “quiero morirme”.Dicen cosas como: “Estoy cansado.”“No puedo más.”“Todo pesa demasiado.” Ahí es donde tenemos que aprender a escuchar.

¿Qué significa hoy para ti “salud mental”?

Para mí salud mental es poder mirarte al espejo con honestidad. Aceptar tu historia. Y saber que incluso después de tocar fondo…se puede volver a empezar.

¿Por qué es importante hablar de salud mental sin miedo?

Porque el silencio mata. Lo sabemos por las cifras. Pero también lo sabemos por las historias. Cada vez que alguien cuenta su experiencia, abre una puerta para que otra persona diga: “Yo también.” Y ese momento puede salvar vidas.

¿Qué te hubiera gustado escuchar en tu momento más difícil?

Me hubiera gustado escuchar: “No estás loca.”“No estás sola.”“Lo que sientes tiene sentido.” A veces una sola frase puede cambiarlo todo.

¿Qué mensaje le darías a quien hoy esté pasando por algo similar?

Que no tome decisiones permanentes en momentos de dolor temporal. Que busque a su persona brújula. Que hable. Que no se encierre. Y que recuerde algo que digo mucho: Hay personas que han muerto muchas veces por dentro…y aun así han aprendido a vivir plenamente después. Yo soy una de ellas. Y si yo pude salir del túnel, otros también pueden hacerlo.